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¿Y LUEGO ... QUÉ SIGUE?

Hoy por hoy priva la incertidumbre. El asunto de la inminente elevación de la tasa de interés en los Estados Unidos de Norteamérica, prácticamente trae de cabeza a las autoridades financieras mexicanas.

Recientemente, en una comparecencia del mero mero chipocludo del Banco de México, por habladas no quedó. Se dijo, se juró y se perjuró que estamos superblindados para lo que a los norteamericanos se les ocurra hacer, incluso llegó a manifestarse la puntada de la existencia de un arsenal compuesto por un titipuchal de dinero, aunque, por supuesto, ni por asomo se mencionó la posibilidad de que, si las cosas llegasen a ponerse difíciles, el tan mentado arsenal ni a pinole les sabria a los nefastos especuladores que se lo enguñirían de un bocado, y ni de broma podría detener las nefastísimas consecuencias que una acelerada salida de capitales produciría. Pero ... por supuesto que no se trata de pregonar inútiles masoquismos, sino, por el contrario, tranquilizar las ya de por sí atarantadas conciencias.

Nadie podrá negar la importancia de contar con el arsenal al que hizo referencia el encargado del Banco de México. Por supuesto que eso es muy positivo, pero ... tampoco hay que otorgarle el poder de protegernos cabalmente del terremoto financiero que se generaría si, por desgracia, llega a darse una estampida de capitales.

De que la situación está bastante compleja, ni duda cabe; al igual de que día con día se refuerza la idea de que una vez pasado el proceso electoral, nos va a llevar la puritita tiznada. Existe en el ambiente esa creencia, a la que todos nos estamos acostumbrando. Pareciese que nos estamos haciendo a la idea de que las cosas se pondrán color de hormiga cuando pasen la elecciones, y esto es muy negativo, porque a nada nos conduce, salvo a producirnos dolor nosotros mismos.

Es necesario que agarremos la onda y más que andarnos preocupando por la revolquiza que nos espera, pensemos y actuemos de manera positiva para tratar de evitarla. Aunque no haya una varita mágica capaz de indicarnos el camino a seguir, deberemos, como podamos, construir alternativas, y mientras más rápido trabajemos en tal sentido, mucho mejor será.

Tendremos, pues, que echar mano de nuestro ingenio y probar el cúmulo de posibilidades que ante nosotros se presenten, buscando actuar siempre dentro de un marco de tranquilidad y calma que nos permita clarificar opciones.

De nada nos va a servir el andar con aceleres, gritos y mentadas. Por más que nos desgañitemos buscando culpables a diestra y siniestra, poco nos servirá si no encontramos el hilo de Adriadna capaz de sacarnos del terrible laberinto de incomunicación en que estamos inmersos.

Asi pues, debemos de evitar choques y diferencias entre nosotros, que nos impidan el necesario acercamiento y sobre todo la suma y multiplicación de esfuerzos.

Es vital que tengamos muy en claro que las circunstancias actuales obligan a que nuestra prioridad sea sumar y multiplicar, y de ninguna manera dividir o restar, por lo que habremos de estar muy atentos para que el proceso electoral en marcha no produzca entre nosotros divisiones, malos entendidos o rispideces.

Asi pues, quien quiera hacer proselitismo, invitar al voto y participar en la campaña de algún candidato o partido, que lo haga; y quien prefiera mantenerse refractario a la participación electoral y busque pregonar sus ideas, que también lo haga. ¡¡¡Adelante en ambos casos!!! Pero, por favor, evitemos estériles polémicas e inútiles enfrentamientos. Ya bastante fregados estamos como para añadir a nuestra lamentable situación pleitos teóricos o sectarias rencillas. ¡¡¡Nada de eso!!! No perdamos los lazos de unión que entre nosotros existan. Tengamos en cuenta que mucho esta en juego como para hundirnos en tonterias de ese tipo.

Por lo tanto, nada de aceleres y mucho menos rollos tendientes a la violencia verbal o física. Mantener la calma, la ecuanimidad. Abrir nuestras mentes a la tolerancia es uno de los posibles caminos a seguir.

Entonces, ánimo, mucho ánimo, es lo que desde ya estamos requiriendo. Nada de derrotismos. Tranquilidad y confianza en nosotros mismos y en quienes nos rodean. Tal debe ser nuestra consigna.

Cambiando de tema, y en referencia a las novedades que ahora pongo a disposición de cualquier interesado, señalo que he colocado en la sección de la Hemeroteca Virtual Antorcha, los ejemplares que poseo de la publicación Reflexión Libertaria que entre los años 1992 y 1995 editamos mi ahora fallecida compañera Chantal y yo. Igualmente he puesto en los estantes de la Biblioteca Virtual Antorcha, mi particular versión de la interesantísima obra de teatro El enemigo del pueblo, del dramaturgo noruego Enrique Ibsen, puesto que en los momentos actuales considero que mucho puede aportarnos.

También estoy colocando la edición virtual del escrito del anarquista italiano Errico Malatesta, En tiempo de elecciones, que Chantal y yo colocamos en nuestra Biblioteca Virtual Antorcha allá por el año de 2004. Junto a ese escrito, coloco, también, la polémica desarrollada a fines del siglo XIX entre los anarquistas italianos Saverio Merlino y Errico Malatesta sobre el tema Elecciones y anarquismo. El objetivo que con ello busco no es otro que el intentar aportar material para la reflexión y el análisis, habida cuenta del proceso electoral que aquí en México está en marcha.

Continúo manteniendo mi invitación a cualquier interesado, para que consulte:

1) Mi escrito La propuesta, haciendo click aquí.

2) La presencia libertaria en la prensa mexicana. El caso del periódico quincenal Avante, haciendo click aquí.

3) Los evangelios comentados por Pierre Joseph Proudhon, haciendo click aquí.

4) Mi escrito La situación, haciendo click aquí.

5) Los periódicos correspondientes al suplemento del periódico anarquista argentino La Protesta del año 1923, haciendo click aquí.

6) Sagitario el instrumento periodístico de la continuidad, haciendo click aquí.

7) Los periódicos correspondientes al suplemento del periódico anarquista argentino La Protesta del año 1922, haciendo click aquí.

8) El cuento corto de mi autoria, Rosenda, haciendo click aquí.

9) El escrito autobiográfico, Confesiones, de Paul Verlaine, haciendo click aquí.

10) El ensayo Los derechos del hombre, escritos en dos partes por Thomas Paine, haciendo click aquí.

11) Mi escrito Aquelarre, haciendo click aquí.

12) El cuento corto de mi autoría, La llamada. Haz click aquí, si deseas leer este cuento.

13) La obra de Teodoro Hernández, La historia de la revolución debe hacerse. Haz click aquí, si deseas leer o consultar esta obra.

14) El escrito de mi autoría, Los asqueantes señores del poder y sus odiosas manipulaciones. Haz click aquí, si deseas leerlo.

15) El cuento, también de mi autoría, El tesoro de la Convención. Haz click, si deseas leer este cuento.

16) La presentación y la película La banda del automóvil gris. Haz click aquí, si deseas ver esta película.

17) La obra de Hernando Alvarado Tezozomoc, Crónica mexicana. Haz click aquí, si quieres leer o consultar esta obra.

18) Mi escrito ¡¡¡Aguas!!! La presión está subiendo. Haz click aquí, si deseas leer este artículo.

19) El semanario anarquista argentino La Antorcha, editado durante los años de 1921 a 1932. Haz click aquí si deseas consultar alguno de los trescientos ejemplares que lo conforman.

20) El periódico insurgente La abispa de Chilpancingo, editado por Carlos María Bustamante durante los años 1822 y 1823. Haz click aquí, si deseas consultar este periódico.

21) El periódico anarquista mexicano El Compita, editado durante los años 1981-1982. Haz click aquí si deseas consultar este vocero.

22) La edición virtual de La eneida de Virgilio. Haz click aquí si deseas leer, hojear o consultar esta obra.

23) De salarios, ahorros y peligros, haciendo click aquí.

24) ¡¡¡Este arroz ya se coció!!!, haciendo click aquí.

25) Un día después, haciendo click aquí.

26) En recuerdo de un amigo, haciendo click aquí.

27) El fandango de la Reforma Energética, haciendo click aquí.

28) El conjunto de reflexiones que realice hace ya mas de un año sobre la Reforma Hacendaria, haciendo click aquí.

29) El conjunto de reflexiones que sobre la Reforma Energética hice el pasado año, haciendo click aquí.

30) Mi escrito, El reto, haciendo click aquí.

31) Mi escrito, No es más que el principio, haciendo click aquí.

Mayo de 2015
Omar Cortés

CUANDO EL RECUERDO EVOCA LA MEMORIA.

LA REVISTA REFLEXIÓN LIBERTARIA Y SU LEMA SINCERIDAD, ESTUDIO Y TRABAJO



Señala un conocido dicho mexicano que recordar es volver a vivir, y ahora que he tomado la decisión de colocar en la Hemeroteca Virtual Antorcha, la digitalización de los ejemplares que aún conservo de la revista que edite, con la ayuda y colaboración de mi siempre amada e inolvidable compañera Chantal, hace ya veintitrés años, he puesto a trabajar mi memoria, intentando recrear todo aquel mundo de deseos, anhelos y esperanzas que en mi había dejado nuestra participación en aquel evento, desarrollado en el año de 1991, al que sus organizadores bautizaron con el nombre de Primer Encuentro Nacional de Anarquistas, y que, sin duda alguna, fue la base que me orilló a la publicación de Reflexión Libertaria.

La particularidad de aquella publicación lo fue no sólo lo rústico de su presentación, sino, sobre todo, su carencia de periodicidad e igualmente lo exageradamente corto de su tiraje. Realmente el objetivo principal, por no decir único, se centraba en buscar la manera de extrovertir el cúmulo de pensamientos e ideas que sentía se me atiborraban en la cabeza y que era necesario sacar, ventilar, plasmarlas en papel para dar espacio al coco para que siguiera produciendo rollos, y asi evitar algún corto-circuito que pudiera producirme un desvielamiento cerebral. Y, pues como en el ambiente libertario de aquellos años no se contaba con algún vocero por medio del cual canalizar inquietudes y neurosis, no tuve más remedio que aventarme al ruedo y editar Reflexión Libertaria. Ahora bien, como tampoco era mi situación de bonanza económica, desde un inicio tuve muy claro que el costo de la publicación no podía, de ninguna manera, rebasar más allá del 4% de mis ingresos, cualquier tentativa que superase esa cantidad estaba plenamente seguro que me conduciría al naufragio. Así que forzosamente debía ajustarme a mi realidad y no andar con vaciladas de las que en poco tiempo terminaría arrepintiéndome. Conversé todo esto con mi ahora fallecida compañera Chantal, encontrando en ella, como siempre, el apoyo que buscaba.

Y así, en el mes de marzo de aquel ya lejano 1992, aparecía el primer número de Reflexión Libertaria, expresando:

En México, quienes nos identificamos con el ideario libertario, no contamos con publicaciones que teniendo una periodicidad dentro de intervalos cortos de tiempo, nos permita contar con un espacio para vertir la información que consideramos deba ser difundida.

¿Qué puede hacer un individuo libertario ante esta realidad?

Cuenta con tres posibilidades: A) Marcharse a otro campo ideológico en donde sí cuente con esa posibilidad; B) Resignarse estóicamente esperando condiciones favorables; y, C) Crear su propio espacio, como pueda, para difundir lo que considere valga la pena de serlo.

Yo he optado por la tercera opción. Es por esta razón que edito, sin hacerme ilusiones y ateniéndome a mis posibilidades, la presente publicación.

Reflexión Libertaria es producto de mi necesidad por difundir cierta información.

Resulta obvio que el tiraje de Reflexión Libertaria será muy reducido, al igual de que carecerá de periodicidad. Pero, lo importante es que ... ¡aquí está!

El tiraje de Reflexión Libertaria osciló entre los cien y doscientos ejemplares -únicamente en dos números se rebazó el tope porque, por especialísimas razones, hubo oportunidad de hacer un segundo tiraje-, la repartía de manera gratuita en diferentes lugares, e incluso, pude darme el gusto de distribuirla en diferentes ciudades, al aprovechar nuestra participación, como Ediciones Antorcha, en ferias celebradas en distintas poblaciones de la república mexicana.

Impresiones, recuerdos, polémicas y algunas tesis y opiniones sobre diversos temas vertí en sus páginas. Ciertamente no me importaba tanto el efecto que pudiera o no tener, sino simple y sencillamente el poder manifestar lo que pensaba y sentía.

Desde un principio tuve muy en claro que Refexión Libertaria dejaría de aparecer cuando ya no tuviera esa apremiante necesidad de buscar plasmar mis inquietudes en sus páginas, o bien, fuese sustituida por otro medio, por otra herramienta o instrumento de comunicación. Pero, sin importarme cuándo pudiera ocurrir eso, yo continué sin apartarme ni un milímetro de lo que desde un inicio me habia fijado: bajo ningún argumento ni pretexto, el rebasar, en el gasto de esa publicación, el 4% de mis ingresos, consciente plenamente de que si así actuaba, la vialidad económica de Reflexión Libertaria, estaría garantizada, y no tendría que preocuparme de nada. Por fortuna, contaba con mi compañera para que ella me lo recordase, cosa que, dicho sea de paso, frecuentemente hizo.

En un inicio jamás supuse que su publicación se iba a prolongar durante casi cuatro años. En sus páginas se guardan, para bien o para mal, algunas de las cosas que sucedieron durante ese tiempo y que se reflejaron al interior del movimiento libertario de la ciudad de México. Es por tanto posible encontrar reseñas, comentarios y polémicas de nuestros trabajos y nuestras diferencias con otros grupos e individuos inmersos en el seno del movimiento libertario defeño.

Entre los trabajos comunes desempeñados junto con otros compañeros, destaca, sin lugar a dudas, el que realizamos en la elaboración de seis paneles que fueron utilizados en una exposición titulada El anarquismo: sus raíces, misma que se presentó en el Museo Universitario del Chopo dentro de las actividades de las llamadas Jornadas por una Cultura alternativa, en el mes de abril de 1992, y cuyo texto íntegro, publiqué en en N° 11 de Reflexión Libertaria, correspondiente al mes de mayo de 1993.

De nuestras diferencias y polémicas con compañeros, no hay duda de que lo publicado en el N° 4 de Reflexión Libertaria, correspondiente al mes de octubre de 1992, referente a ciertas diferencias con los compañeros editores del vocero Amor y rabia, constituyó un clarísimo ejemplo.

Otra de las polémicas que por aquellos años mantuvimos, fue la desarrollada con los compañeros Fidel Miró y Luz María, la cual quedo prácticamente reseñada en el N° 6 de Reflexión Libertaria, correspondiente al mes de noviembre de 1992.



Los escritos en memoria de los compañeros idos guardan, sin duda, su importancia. Tres pequeños homenajes buscando guardar el recuerdo de lo compañeros Florencio Torres Muñoz, José Muñoz Cota y Manuel Sánchez Sosa, colocados, respectivamente en los Números 1, 11 y 15 de Reflexión Libertaria.

También, mis particulares opiniones sobre ciertos temas y figuras emblemáticas del movimiento libertario mexicano, escritas, precisamente con el objeto de expresar opiniones muy propias y que, sin duda, llegaban a chocar, en algunos casos de manera estrepitosa, con lo que podría denominarse visión oficial libertaria, esto es, la adoptada casi de manera mecánica en esos medios.

Ensayos como Monólogo entre el discurso incendiario y la monótona cotidianidad, publicado en el N° 5 de Reflexión Libertaria, se constituye en un clarísimo ejemplo.

Igual importancia tienen varios escritos sobre temas diversos, entre los que podrían destacarse, Aproximaciones a la teoría política de la violencia, en el que abordé el tema del neo-nazismo, publicado en el N° 9; El anarquismo bronco, el de armas tomar, sobre el tristemente célebre asunto de los actos violentos de la banda de Sanchez Añón, publicado en el N° 8; La casa sin puertas, sobre la Federación Anarquista de México, publicado en el N° 13 y el que más adelante Chantal y yo colocamos en los estantes de nuestra Biblioteca Virtual Antorcha. El inicio, una visión del proceso de lucha por la independencia en México, publicado en el N° 16 y que años más tarde lo incluiriamos, Chantal y yo, en una de nuestros libros en Ediciones Antorcha. La conformación, publicado en el N° 17 sobre la consumación de la independencia política de México, escrito que al igual que El inicio, lo incluiriamos en un libro nuestro. El nonagésimo tercer aniversario de una leyenda, en el que de manera breve se aborda la historia de Regeneración, publicado en el N° 19 y que después lo editariamos como folleto en Ediciones Antorcha bajo el título La Leyenda. Un escrito sobre la matanza generada el 2 de enero de 1946 en la ciudad de León, Guanajuato, que titule La noche que los ángeles lloraron, fue publicado en el N° 20 de Reflexión Libertaria, siendo colocado, tiempo más tarde, en los estantes de nuestra Biblioteca Virtual Antorcha.

También asuntos del momento fueron abordados en la publicación, siendo un ejemplo de ello el escrito La crisis del libro. Un mal crónico de nuestro tiempo, el cual publiqué en el N° 14. Otro ejemplo de esto lo encontramos en el escrito de Chantal y mio titulado De tratados e incumplimientos, publicado en el N° 18, en el que abordábamos nuestras impresiones sobre el llamado Tratado de Libre Comercio y, paralelo a ello, exponiamos el interés que sobre ese tema llego a existir en el seno del movimiento libertario de la ciudad de México.

Hace exactamente un año con ocho meses y trece días, escribíamos allá en el mes de noviembre de 1993, en la Asamblea convocada por la 2a. Comisión de la Red Libertaria de México, surgida del proceso iniciado con los preparativos y celebración del Primer Encuentro Nacional de Anarquistas, y cuya finalidad era la de preparar las condiciones idóneas para la celebración de un segundo encuentro, se mencionó el tema del tan cacareado Tratado de Libre Comercio, concluyéndose que el mismo sería analizado oor la Mesa de Trabajo N° 1 en el evento que jamás se realizó y que iba a ser el 2° Encuentro de Libertarios y Anarquistas.

En el Boletín N° 3 de la Red Libertaria de México, en la reseña de la Asamblea del 9 de febrero de 1992, pro segundo encuentro, leemos:

Tercer punto: En la elaboración del temario, los compañeros que participaron, propusieron temas muy variados. Finalmente la Asamblea optó porque la Comisión estructurara las Mesas de Trabajo en base a las proposiciones. Así, mientras la Asamblea entró en receso tomado café, te y refrescos, la Comisión clasificó, reunió y planteó las cinco mesas siguientes:

Mesa 1: Política del gobierno salinista.

1.1.- Tratado de Libre Comercio.

Meses antes de ese acuerdo, en la reunión celebrada el 30 de noviembre de 1991 por la Primera red o Comisión de Coordinación Libertaria nombrada el día 16 de septiembre de ese año dentro de los trabajos del Primer Encuentro Nacional de Anarquistas, se abordó, también, el tema relativo al Tratado de Libre Comercio, mediante la expedición y lectura de un documento en el cual se exponía el temor de que las iniciativas de reformas al artículo 27 constitucional, enviadas por el Poder Ejecutivo federal al H. Congreso de la Unión, estuviesen relacionadas directamente con el llamado Tratado de Libre Comercio y constituyeran un indispensable requisito para lograr la aquiescencia de los gobiernos de Canadá y los Estados Unidos.

Tenemos entonces, existiendo datos avalados con pruebas, que el tema del Tratado de Libre Comercio constituyó una preocupación para los medios anarquistas y/o libertarios de la ciudad de México y la denominada zona connurbada perteneciente al Estado de México. Por desgracia, aquella intentona de agrupamiento naufragó en una patética dispersión en la que lamentablemente estuvieron presentes la gangrena de los pleitos, los malos entendidos que todo destruyen, que nada crean.

El intento de consolidar un espacio común en el que se sumaran fuerzas y esfuerzos, simple y sencillamente no camino.

Así, la lectura, específicamente de ese N° 18, guarda su importancia de cara a los tiempos actuales.

Fue precisamente en tiempos en que editaba Reflexión Libertaria, que en México acontecieron sucesos que impactarían al mundo. Concretamente el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, devendría en una experiencia que materialmente cimbró los cimientos del sistema político mexicano, y sobre aquel acontecimiento, en el N° 21, correspondiente al mes de febrero de 1994, publique un breve escrito que intitulé El lugar del señor del negro humo. Desgraciadamente, lo ocurrido en Chiapas, en vez de haber logrado que los movimientos progresistas alcanzaran la necesaria cohesión y coherencia para implementar los cambios que la República requería, condujeron a muchas acciones de increible infantilismo, cuando no de aberrante sectarismo. Aquel noble movimiento terminaría entrampado en las contradicciones de los movimientos progresistas no solo de México, sino de otras partes del mundo. Muy bien recuerdo cómo se generaron estúpidas luchas entre activistas -léase, grillos-, de Europa, Estados Unidos y México, quienes buscaban, a toda costa, jalar agua para sus respectivos molinos. Aquello fue la apoteosis de la sin razón, y por supuesto, ante aquel triste panorama, los señores del dinero comprendieron muy bien que todavía les quedaba harta cuerda para seguir en sus enjuagues.

A lo acaecido en Chiapas, seguirían una serie de eventos que ensombrecerían aún más el panorama. El asesinato del candidato del partido en el poder, generaria un miedo espantoso entre amplias capas de la población. Parecia que el país entero se deshacia. Vino después lo que a la historia ha pasado como el error de diciembre, que generó una pavorosa crisis económica que parecía la puntilla para la población de México. En cosa de días el panorama económico se convirtió en un verdadero desgarriate. La pérdida de valor del peso fue pavorosa, entrándose en un enorme ciclo inflacionario que parecía incontenible.

Ante aquella situación, el planteamiento económico original que había servido de base para la publicación de Reflexión Libertaria, voló por los aires, ya que con el 4% de mis ingresos resultaba imposible la edición de tan módica publicación. La razón de ello fue que la fuerza con que se desató la inflación subió en mucho el costo de producción y, paralelamente, mis ingresos, reflejo fiel de mi actividad como editor y librero pues, contrariamente, se derrumbaron, lo que me condujo a la necesidad de suspender la publicación de Reflexión Libertaria hasta que no se lograse nuevamente un sano equilibrio entre gasto e ingreso.

No obstante lo apremiante de la situación, Reflexión Libertaria no desaparecería sino hasta tiempo más tarde.



Desgraciadamente no he encontrado ninguno de los ejemplares de los números 22 y 23, cuya lectura serviría muy bien para entender este periodo de transición de una época a otra, ya que para el mes de marzo de 1995 nacía una nueva época de Reflexión Libertaria, producto de la adquisición de un nuevo equipo de cómputo, lo que nos permitió mejorar notoriamente la presentación de la publicación, y aunque su costo se había elevado, por fortuna mis ingresos habían tenido una ligera mejoria que me permitía, nuevamente, la edición de la revista apegado al proyecto original.

Para las segunda y tercera etapas, ciertamente no fue a el 4% de mis ingresos lo que utilizaba, sino el 7%, cantidad que, aunque mayor, aun permitiame darme ese lujo sin grandes problemas.

Iniciando esta nueva época de Reflexión Libertaria -escribíamos allá, en el mes de marzo de 1995-, en este mes de marzo, quisimos rendir un humilde homenaje a unos momentos claves, que de una u otra manera, expresaron la voluntad de los/las oprimidos/as -sea cual sea su ubicación geográfica y sea cual fuese su ideología- para sacudirse del yugo que los/las mantenían alejados/as de las tomas de decisiones que les atañen y les afectan en su vida como individuos y como entes sociales. Y aunque muchas veces, este empeño en afirmarse frente a sus opresores no permeó a todas las capas de una sociedad dada, debemos admitir que sin estas estrellas que siguen brillando en el firmamente de las injusticias, pocas esperanzas podríamos abrigar en este fin de siglo para sólo -aunque sea de soslayo- imaginar un territorio habitado por diversas sociedades que se acepten y se respeten de manera mutua, independientemente de sus propios y dispares desarrollos. Pues, la diferencia no debe ser excluyente.

(...)

El futuro no parece llevar muchas esperanzas en sus entrañas para las inmensas mayorías (aquellos que no pertenecemos a los grupos oligárquicos del mundo capitalista), en todos los países del mundo.

Asi, el concepto original de Reflexión Libertaria sería por completo rebasado en esa segunda época. La publicación tendia a convertirse más en una revista, en toda la extensión de la palabra, abandonando el originario concepto del medio de expresión individual. Y cuando en abril de 1995, con el N° 25, iniciamos otra etapa, la tercera, con un cambio de formato e incluso de visión de la publicación, la primera época de Reflexión Libertaria quedaría, por completo, enterrada.

En el número 27, correspondiente al mes de junio de 1995, puntualmente escribíamos:

Preocupados como nos encontramos ante el inicio de los efectos de una inédita crisis económica, resulta hasta cierto punto comprensible el que dediquemos nuestros esfuerzos y pensamientos a tratar de solucionar, de manera individual, el cúmulo de problemas que nos aquejan. Erróneamente pensamos que tales problemas son únicamente nuestros y tan sólo nos preocupamos porque a nosotros nos vaya bien, y si a nuestro amigo, familiar o vecino se lo lleva patas de cabra, pues ... lástima. Al actuar así, inconscientemente generamos una interminable y bastante tonta guerra de odios y rencores entre nosotros mismos, poniendo, además, en entredicho las utilidades y ventajas de vivir en sociedad y constituyendo nuestro actuar el más claro mentis acerca de la innata sociabilidad de la especie humana, a la vez que un pésimo ejemplo para nuestros hijos. Además, y conviene sobre ello estar claros, ese tipo de mezquinas actitudes son incapaces e inefectivas para superar una crisis de la envergadura de la que hoy, querámoslo o no, todos enfrentamos.

(...)

Por supuesto que a nadie nos gusta reconocer que somos, simple y sencillamente, uno más entre el montón, de aquí el que busquemos recrear en nuestras mentes un cúmulo de fantasías y fanfarronadas mediante las cuales aparentamos diferenciarnos de la bola. Pensamos que la humildad, la sinceridad y la honradez consigo mismo son virtudes de santos, héroes o personajes ilustres, a quienes se les admira, separándoles del común de los mortales, precisamente porque se aventuraron a reconocer lo que nosotros nos empeñamos en no aceptar: que no somos más que lo mismo que nuestros familiares, amigos y conocidos; y el concepto que de ellos tengamos, como espejo reflejará el concepto que de nosotros mismos tenemos.

(...)

Si hoy la sitiación es difícil, quizá mañana sea asfixiante; no dejemos para el mañana lo que hoy mismo podemos esforzarnos por llevar a la práctica: cambiar nuestro enfoque sobre la problemática actual.

Si bien, en esa tercera época de Reflexión Libertaria la necesidad de aumentar el monto de inversión de acuerdo a los ingresos mensuales fue una apremiante necesidad, paralelo a ello, comenzamos, a partir del número 24, ya no tan sólo a hacerla circular gratuitamente de mano en mano, sino que empezamos a ofrecerla en librerias, junto con nuestros libros, lo que representó un cambio drástico en lo referente a su distribución, puesto que ya no todo el tiraje se distribuía de manera gratuita, sino que un porcentaje se vendía en librerías. En un principio -número 24-, tan sólo distribuimos un 30% del tiraje en librerias, pero ya para los números 27 y 28, el porcentaje había subido a un 70%, lo que implicaba que no obstante el haber aumentado a 7% el porcentaje de nuestros ingresos para la edición de Reflexión Libertaria, también recibiamos dinero de su venta. Incluso, los ejemplares de los números 27 y 28 que me sirvieron de base para su digitalización, son ejemplares de los que nos regresaban de las librerias.

Sin embargo, y no obstante el cúmulo de esfuerzos que hicimos para continuar con la publicación de Reflexión Libertaria, la severidad de la crisis económica, que por aquel año de 1995 golpeaba a la República, terminó por doblegarnos, volviendo imposible el mantener con vida la publicación. Fueron aquellos, auténticos tiempos locos, un lastre para todo y para todos. Sin temor de exagerar bien podemos decir que fue aquella monstruosa crisis económica la que terminó destruyendo Reflexión Libertaria.

En el último número que editamos, el 28, correspondiente al mes de julio de 1995, escribíamos:

Es natural y comprensible que, en estos momentos difíciles, cuando la realidad de la crisis que padecemos, se muestra con la rudeza e inflexibilidad que provocan sufrimientos y penas sin descripción posible, exista desilusión, desaliento y una rabia contenida que emerge de repente, súbita y fatídicamente.

Pero debemos, si queremos recuperar nuestro secuestrado futuro, sobreponernos a la adversidad y, comunicándonos los unos con los otros, compartir nuestros horizontes y abrir nuestro corazón y nuestra mente para captar, con la mejor precisión posible, todas las ideas, todas las opiniones, todas las alternativas que a nuestro derredor escuchemos, veamos o sintamos.

Este puede ser un camino que nos conduzca a buen puerto, cambiando nuestras mezquindades antropófagas de ver al vecino, al amigo, al pariente y al compañero de labores, ya no como objetos de los que podemos aprovecharnos, viendo y midiendo qué substraerles o cómo utilizarles, sino por el contrario, comprendiendo que si todos vamos en el mismo barco, y éste se hunde, todos pereceremos. Estamos a tiempo de iniciar ese necesario cambio silencioso, profundamente subversivo e imperceptible, que nos haga valorar la vida de otro modo.

Intentémoslo, no nos tardemos demasiado, a lo mejor, después, pueda ser ya tarde.

Para la presente edición cibernética he colocado, como ya lo he hecho en otras ocasiones, el índice de los ejemplares aquí puestos a disposición de cualquier interesado, añadiendo el contenido de cada uno con el objeto de facilitar su consulta.

Mayo de 2015
Omar Cortés










¡REFLEXIÓN LIBERTARIA

SINCERIDAD, ESTUDIO Y TRABAJO


PRIMERA ÉPOCA 1992


N° 1

Marzo de 1992

Contenido

  • Presentación.
  • Acerca del lema.
  • Contenido.
  • Sobre el fallecimiento de Florencio Torres Muñoz - Omar Cortes.
  • Nuestro Congreso Internacional Anarquista. Informe del prof. Florencio Torres Muñoz sobre su participación como delegado de la Federación Anarquista de México, al Congreso Internacional celebrado en Carrara, Italia en septiembre de 1968.
  • La Federación Anarquista de México en actividad - Florencio Torres Muñoz.
  • Sobre el mayo del 68 - Daniel Cohn Bendit.
  • Gavroche y el mayo del 68 - Jean Marc Raynaud.
  • De disputas y expulsiones.
  • La hija del 68.

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N° 2

Marzo de 1992

Contenido

  • Recuerdos del Primer Encuentro Nacional de Anarquistas

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N° 3

Octubre de 1992

Contenido

  • Una particular interpretación del 12 de octubre.
  • Ni contrato social ni contrato natural - Philippe Pelletier.

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N° 4

Octubre 1992

Contenido

  • Presentación.
  • Estamos tocando fondo.
  • Respuesta.
  • La nueva terminología: anarconacionalismo - Ana Laura Hernández y Gustavo Rodríguez.
  • Invitación al Primer Encuentro Nacional de Anarquistas.

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N° 5

Noviembre de 1992

Contenido

  • Monólogo entre el dicurso incendiario y la monótona cotidianidad.

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N° 6

Noviembre de 1992

Contenido

  • Presentación.
  • El aviso noticioso.
  • Un llamamiento - Grupo internacional.
  • Circular e informe de actividades desarrolladas - Luz y Fidel.

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N° 7

Noviembre de 1992

Contenido

  • Presentación.
  • Grecia: rebelión contra fascismo.
  • Carta abierta.
  • Carta abierta - Chantal.

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N° 8

Diciembre de 1992

Contenido

  • Presentación.
  • En recuerdo de Práxedis G. Guerrero.
  • El anarquismo bronco, el de armas tomar.
  • La primera asamblea de la Red o Comisión de coordinación libertaria de México. Requiem para una esperanza.
  • La internacional sindicalista libertaria.

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N° 9

Enero de 1993

Contenido

  • Presentación.
  • Aproximaciones a la teoría política de la demencia. Concierto a una voz.
  • Aquella encuesta general.

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N° 10

Marzo de 1993

Contenido

  • Presentación.
  • Entre plebiscitos te veas o en el eterno encanto de la demagogia vivas.
  • Perdiendo la cabeza.
  • El final de una esperanza.
  • A un año del inicio de Reflexión Libertaria.
  • Relación de lo publicado en Reflexión Libertaria.

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N° 11

Mayo de 1993

Contenido

  • Presentación.
  • El anarquismo: sus raíces. Crónica de una exposición - Chantal López y Omar Cortés.
  • Adios amigo. En recuerdo de José Muñoz Cota.

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N° 12

Mayo de 1993

Contenido

  • Presentación.
  • La inconsecuencia como norma.
  • Crónica de una participación anunciada.
  • Nuestra canasta de demandas básicas.
  • A un año del inicio de las Crónicas Libertarias.
  • Los libertarios y el primero de mayo.

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N° 13

Junio de 1993

Contenido

  • Presentación.
  • La casa sin puertas. Sobre la Federación Anarquista de México.

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N° 14

Julio de 1993

Contenido

  • Presentación.
  • La crisis del libro. Un mal crónico de nuestro tiempo.

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N° 15

Agosto de 1993
Este número tiene una página rota

Contenido

  • Presentación.
  • Cuando la lágrima es mucho más que llanto. Requiem por un ideal.
  • Se llamaba Manuel. En memoria de Manuel Sánchez Sosa.
  • Páginas del recuerdo.
  • Presencia del anarquismo en el México de 1993.

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N° 16

Septiembre de 1993

Contenido

  • El inicio. Sobre el proceso de la lucha por la independencia en México.

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N° 17

Octubre de 1993

Contenido

  • La conformación. Sobre la estructuración de México en cuanto país independiente.
  • La Constitución federal de los Estados Unidos Mexicanos, expedida en el mes de octubre de 1824.

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N° 18

Noviembre de 1993

Contenido

  • Presentación.
  • De tratados e incumplimientos. Un acercamiento al análisis del Tratado de Libre Comercio - Chantal y Omar.

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N° 19

Diciembre de 1993

Contenido

  • El nonagésimo tercer aniversario de una leyenda. Sobre la gesta heróica del vocero Regeneración.

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N° 20

Enero de 1994

Contenido

  • La noche en que los ángeles lloraron. Sobre los acontecimientos del 2 de enero de 1946 en la ciudad de León, Guanajuato.

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N° 21

Febrero de 1994

Contenido

  • El lugar del señor del negro humo. Sobre el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

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N° 22

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N° 23

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SEGUNDA ÉPOCA 1995


N° 24

Marzo de 1995.

Contenido

  • Editorial.
  • 18 de marzo de 1871. La Comuna de París - Omar Cortés
  • La obra de la Comuna - De, Bron, Jean. Traducción del francés por Chantal López
  • La Soberana Convención Revolucionaria y Benito Juárez.
  • 21 de marzo de 1921. Ley de institución de la Escuela Racionalista.
  • 7 de marzo de 1922. Programa de preparación social para los maestros.
  • 18 de marzo de 1938. La expropiación petrolera.

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TERCERA ÉPOCA 1995


N° 25

Abril de 1995

Contenido

  • Editorial.
  • El Hijo del Trabajo - Pedro Siller.
  • Parte oficial del Ejército Libertador del Sur y Centro de la República Mexicana relativo al asesinato del general Emiliano Zapata.
  • La cosecha - Omar Cortés.
  • Manifiesto del C. Alvaro Obregón.
  • 1935-1936 - El enfrentamiento entre el expresidente Plutarco Elías Calles y el presidente en funciones Lázaro Cárdenas del Río.

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N° 26

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N° 27

Junio de 1995

Contenido

  • Editorial
  • El tiempo de la siega - Omar Cortés.
  • El diálogo en el Constituyente de 1842 - Jesús Reyes Heroles.
  • Tratado Lamont-De la Huerta.
  • Cartas de junio - George Jackson.
  • La huella del halcón - Omar Cortés.
  • Primero fue la risa - Miguel Giménez Igualada.

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N° 28

Julio de 1995

Contenido

  • Editorial
  • Declaración de independencia de los Estados Unidos de Norteamérica.
  • La toma de la Bastilla - Pedro Kropotkin.
  • España, la lucha de un pueblo - Abel Paz.
  • De la gran transacción al gran rompimiento - Omar Cortés.
  • Constitución para el gobierno provisional de los Estados Confederados de América - Traducción del inglés, Chantal López.
  • Acta de rendición de Francisco Villa.
  • En el nombre de Dios - Omar Cortés.
  • La muerte de Malatesta - Rodolfo González Pacheco.

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EL ENEMIGO DEL PUEBLO

Henrik Johan Ibsen

PRESENTACIÓN



Hasta la fecha no estoy convencido si el título correcto es El enemigo del pueblo, o Un enemigo del pueblo. Mi duda proviene de que las ediciones que de esta obra se han realizado en español, invariablemente colocan como título, Un enemigo del pueblo, y no he visto ninguna con el título El enemigo del pueblo, sin embargo, después de haberla leido con atención, me decido por titularla El enemigo del pueblo, consciente de que a lo mejor estoy cometiendo una barbaridad, pero sinceramente pienso que este título se adecua mucho mas a la realidad y mensaje de la obra.

Su autor, el dramaturgo noruego Henrik Johan Ibsen (1828-1906), fue, en su momento, constantemente criticado, y en no pocas ocasiones, colocado en la picota de la incomprensión. Dícese, justamente, que este drama, escrito en 1882, constituyó su particular respuesta a las críticas y censuras que su anterior drama, Espectros, escrita un año antes, en 1881, había recibido, puesto que incluso fue prohibida por considerársele inmoral. Ante semejante barbaridad, Ibsen optó por escribir su Enemigo del pueblo.

Para sus biógrafos, Henrik hubo de enfrentar desde su niñez una serie de problemas muy especiales, generados por la precaria situación económica de la familia, situación que le condujo a la conformación de un carácter introvertido que le acompañaría durante toda su juventud. Finalmente, estudiaría medicina, aunque nunca terminaría sus estudios, dedicándose, en cambio, al arte dramático. Llegó a utilizar el pseudónimo, de Brynjolf Bjarme, y en septiembre de 1851 estrenaría, en Cristiania -antiguo nombre de la capital noruega de Oslo-, su primer drama titulado La tumba del guerrero.

Dedicado, de lleno, a su labor como dramaturgo, hízose cargo de varias compañías teatrales, montando varias obras.

En 1858, contraería matrimonio con Susannah Thoresen y a finales de ese año, nacería su hijo Sigurd.

Por aquella época su situación económica entraría en crisis, puesto que la compañía teatral en donde laboraba, prácticamente revienta, y es entonces que decide marcharse de Noruega, trasladándose a Italia y comenzando, con ello, un prolongadísimo autoexilio que se extendería por más de veintiseis años, ya que no regresaría a Noruega sino hasta 1891.

Con Ibsen se da una paradoja, puesto que no obstante el ser considerado como uno de los mayores representantes de la literatura noruega en su genero dramático, sucedió que buena parte de su obra terminaría escribiéndola fuera de Noruega.

Los estudiosos y conocedores de su obra tienden a dividirla en tres etapas. La primera, denominada como etapa romántica, en la que Henrick recoge la tradición y el folklore noruegos, siendo las obras más representativas de esa etapa, Brand, escrita en 1866 y Peer Gynt, escrita en 1868.

Una segunda etapa sería la llamada realismo socio-crítico, en la que Ibsen demostrará su interés por la temática social y su debate. Las obras representativas de esta etapa serían Casa de muñecas, escrita en 1879, Espectros, escrita en 1881 y, precisamente, la obra que ahora pongo a disposición de cualquier interesado, El enemigo del pueblo, escrita, como ya lo he señalado, en 1882.

Habría una tercera etapa denominada simbolista, en la que Henrick haría reinar a la metáfora, siendo las obras representativas de este periodo o etapa, El pato silvestre, escrita en 1884; La dama del mar, correspondiente al año de 1888; Hedda Gabler, de 1890 y, El maestro constructor escrita en 1892.

En relación a la obra que aquí comento, realmente constituyó un auténtico hit en su época, puesto que en poco tiempo llegó a atraerse la atención del público amante del teatro, el cual no tardó mucho en divulgar su mensaje a los cuatro vientos.

De la influencia que en los medios culturales, sociales y políticos tuvo El enemigo del pueblo, bástenos señalar lo ocurrido durante la sesión nocturna celebrada en la sexta sesión del Congreso Anarquista de Amsterdam el 27 de agosto de 1907.

Precisamente cuando en el Congreso discutíase el asunto de la organización, se desarrollo una polémica entre las corrientes individualista y comunista, en la cual, Errico Malatesta, el famoso anarquista italiano partidario de la corriente anarquista-comunista, intervino, señalando:

¡Se vocifera, con Ibsen, que el hombre más poderoso del mundo, es aquel que está más sólo! ¡Es un contrasentido enorme! El Dr. Stockman, en la boca de quien Ibsen puso esta máxima, no era, ni siquiera un aislado en toda la fuerza del término; vivía en una sociedad constituída, y no en la isla de Robinson. El hombre sólo está en la imposibilidad de llevar a cabo la más mínima tarea útil, productiva; y si alguien necesita de un amo por encima de él, es efectivamente el hombre que vive aislado. Lo que libera al individuo, lo que le permite desarrollar todas sus facultades, no es la soledad, es la asociación (Véase, haciendo click aquí, Congreso Anarquista de Amsterdam, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Primera edición cibernética, mayo de 2006. Captura, traducción del francés y diseño, Chantal López y Omar Cortés).

Realmente lo que en su obra plantea Ibsen, muy lejos se encuentra de una tesis solipsista o del individualismo radical stirneriano, sino que más bien constituye una visión estética, según la cual, la soledad vendría siendo el punto de partida de la fuerza espiritual. El filtro de las impurezas lo constituiría el grado de soledad que el individuo pudiese soportar. Por supuesto que el personaje central de El enemigo del pueblo, el doctor Stockmann, de ninguna manera puede ser considerado como un empedernido individualista, ya que la relación que guarda, durante toda la obra, con su grupo primario de referencia, esto es, con su núcleo familiar, es de excelencia. El, el doctor Stockmann, jamás enfrenta sólo la problemática en la que se ve enredado, sino que siempre es apoyado por su familia. El sostén que le brindan su compañera y sus hijos lo coloca a años luz del eremitismo que parece justificar al final de la misma obra. Definitivamente, el doctor Stockmann todo es menos un ermitaño.

Tenemos entonces que, quizá, la mejor manera de enfocar esa afirmación que Ibsen coloca en labios de su personaje principal, el Doctor Stockmann, es tomarla como un exabrupto del genial dramaturgo.

Con todo y exabrupto, resultó un hecho que la influencia de sus palabras en El enemigo del pueblo, fue bastante significativa, ya que es de suponer que Ibsen jamás pensó en que ese exabrupto suyo fuese, no sólo repetido en un evento político de los más importantes de aquellos años, a nivel internacional, como lo fue el Congreso Internacional Anarquista de Amsterdam, sino que incluso sirviese de apoyo en una de las discusiones del referido evento, y que haya sido, ni más ni menos, el archifamoso anarquista italiano Errico Malatesta, quien lo haya utilizado en sus argumentaciones.

Por supuesto que la obra El enemigo del pueblo contiene una serie de críticas y juicios que dificilmente llegarán algún día a perder su fuerza intrínseca.

En el México actual, por ejemplo, la temática expuesta por Ibsen en El enemigo del pueblo, parece repetirse, de manera constante, a lo largo y ancho de la República, constituyendo un ejercicio relativamente sencillo, el ubicar cualquiera de sus pasajes con algún acontecimiento cotidiano.

Corresponderá, sin duda, a quien lea u hojee esta obra, el jugar comparando su temática con alguna experiencia presente o pasada. Cada quien habrá de hacer sus propios ejercicios reflexivos en torno al planteamiento central abordado por Ibsen.

Antes de finalizar esta presentación, advierto que de hecho la versión que de la obra incluyo aquí, es una versión propia. Me he permitido, igualmente, añadir el video colocado en el sitio You Tube, relativo a la representación de esta obra para que, quien esté interesado, cuente, además del texto de este drama, con la representación del mismo.

Mayo de 2015
Omar Cortés




INDICE DE LA OBRA EL ENEMIGO DEL PUEBLO DE HENRIK JOHAN IBSEN

- PERSONAJES.

- PRIMER ACTO.

- SEGUNDO ACTO.

- TERCER ACTO.

- CUARTO ACTO.

- QUINTO ACTO.

APÉNDICE

Representación de la obra El enemigo del pueblo

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Errico Malatesta


En tiempo de elecciones

Primera edición cibernética, marzo del 2004

Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés


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Presentación

El escrito que aquí publicamos, En tiempos de elecciones, de Errico Malatesta, es uno de sus más conocidos ensayos a nivel mundial.

Quizá, en los tiempos actuales, a muchos les parecerán francamente exageradas las afirmaciones en él vertidas, puesto que mucha agua ha corrido bajo el molino desde la época en que Malatesta lo escribió. Sin embargo, los conceptos que explayan los dos personajes (Carlos y Luis), a través de quienes Errico transmite sus pensamientos, son de una actualidad asombrosa.

En efecto, hoy, por lo menos en la República Mexicana, cientos de miles, si no es que millones de personas, expresan ideas muy similares a las que Malatesta estampó hace ya mucho tiempo.

La postura de la corriente anarquista proclive al abstencionismo, es claramente expresada por Malatesta. Sobre esto cabe aclarar que, pésele a quien le pese, el anarquismo no se agota en lo que nosotros denominamos el dogma del abstencionismo, puesto que existen otras corrientes, plenamente insertas en el cauce libertario, que no comulgan con el abstencionismo elevado a la categoría de artículo de fe.

Poner el abstencionismo como elemento sine qua non distintivo del anarquista, es propio, lo repetimos, de una corriente específica en el seno del movimiento libertario, y no de todas las corrientes.

Queríamos hacer hincapié en ello con el objeto de poder transmitir lo plurifacético del movimiento anarquista, rasgo éste del que, a nuestro parecer, emerge su inmensa riqueza. Pues el objetivo no es descalificar sino reflexionar.

Chantal López y Omar Cortés






Luis.- ¡Buen vino es éste, amigo!

Carlos.- Psch, no es malo ... pero sí es caro.

Luis.- ¿Caro? ¡Seguramente! Con tanto impuesto y con tantas contribuciones como se pagan al gobierno y al municipio, el litro viene a costar el doble de lo debido. ¡Y si fuese tan solo el vino! El pan, la carne, la casa todo cuesta un ojo de la cara; y si el trabajo falta no se puede pagar ni aún lo más necesario. En fin, que no hay modo de poder vivir.

Sin embargo todo el mal viene de nosotros mismos. Si nosotros quisiéramos, todo se podría remediar. Precisamente, ahora es la ocasión para poner manos a la obra.

Carlos.- ¿Sí? Veamos, veamos cómo.

Luis.- Es una cosa muy sencilla. ¿Eres elector?

Carlos.- Sí lo soy; pero como si no lo fuera, porque no he de votar.

Luis.- He ahí el mal. ¡Y después nos lamentamos! ¿No comprendes que tú mismo eres tu propio asesino y el de tu familia? Tú eres uno de tantos que por su indolencia y su rebajamiento merecen la miseria en que yacen. Y todavia es poco. Tú ...

Carlos.- Bueno, bueno, no te sobresaltes. A mí me gusta razonar y no quiero más que ser convencido. ¿Pero qué conseguiría si fuese a votar?

Luis.- ¡Cómo! ¿Qué necesidad hay de razonar tanto? ¿Quiénes hacen las leyes? ¿No son los diputados y los ministros? Así pues, si eligiéramos buenos diputados y buenos concejales, habría buenos ministros y buenos municipios y, en consecuencia, serían mejores las leyes, se rebajarían las contríbuciones, se suprimirían impuestos tan odiosos como el de consumo, sería protegido el trabajo y, por ende, la miseria en que vivimos no sería tan espantosa.

Carlos.- ¡Buenos diputados, buenos ministros y buenos concejales! ¡Bonito canto de sirena! Se necesita estar sordo y ciego para no comprender que todos son lo mismo. Como tú, hablan todos los que tienen necesidad de ser elegidos. Todos buenos, todos democráticos; nos pasan la mano por el lomo, llaman a nuestras compañeras para saludarlas, a nuestros niños para besarlos; nos prometen ferrocarriles, puentes, agua potable, trabajo, pan a buen precio, protección del Estado ... todo lo que se quiera. Y después, si te he visto no me acuerdo. Una vez elegidos, adiós promesas. Nuestras compañeras y nuestros hijos pueden morirse de hambre; nuestro país puede verse asolado por las fiebres y toda clase de calamidades; el trabajo se paraliza y pan falta para la mayor parte, y el hambre, la miseria, hacen estragos por doquier. ¡Pero qué! El diputado no se ocupa para nada de nuestros desastres. Para estas cosas está la policía. Para otro año se reanudará la burla. Por el momento, pasada la fiesta, engañado el santo. ¿Y sabes? El partido político, el color político, nada importa; todos. todos son iguales. La única diferencia es que los unos se nos presentan cínicamente como son, mientras que los otros nos llevan con su charla adonde quieren, haciéndose pagar banquetes y otras zarandajas.

Luis.- Perfectamente; mas. ¿por qué elegir a los burgueses? ¿No sabes que los burgueses viven del trabajo de los demás? ¿Y cómo quieres que piensen en hacer el bien del pueblo? Si el pueblo fuera libre, se habria concluido la cucaña política para esos caballeros del bien vivir. Verdad es que si quisieran trabajar estarían aún mejor, pero esto no lo entienden; no piensan más que en sacar cuanto pueden la sangre del pobre pueblo.

Carlos.- ¡Oh! Ahora sí que empiezas a hablar bien. Solamente los burgueses o los que quieren ser diputados para llegar a ser burgueses, se ocupan de los burgueses.

Luis.- Pues bien, evitemos esto. Nombremos diputados a los amigos probados, consecuentes, diputados populares, y así estaremos seguros de no ser engañados.

Carlos.- ¡Eh. alto! No hay tantos de esos amigos probados. Pero ya que eres curioso nombremos, nombremos esos diputados ¡como si tú y yo pudiéramos nombrar a quien mejor nos pareciera!

Luis.- ¿Tú y yo? No se trata únicamente de nosotros dos. Es cierto, ciertísimo, que nosotros dos nada podemos hacer; pero si cualquiera de nosotros se esforzase por convertir a los demás, y éstos procedieran como nosotros, pronto contaríamos con la mayoría de los electores y podríamos elegir el diputado que mejor nos pareciera. Y si lo que nosotros hiciéramos aquí lo hicieran en los demás colegios electorales, llegaríamos a tener de nuestra parte la mayoría del parlamento y entonces ...

Carlos.- Y entonces vuelta a la cucaña política para los que fueran al parlamento ... ¿no es verdad?

Luis.- Pero...

Carlos.- ¿Pero me tomas como cosa de juego? ¡Qué mal vas! No parece sino que ya cuentas con la mayoría y todo lo arreglas a tu antojo.

La mayoría, amigo, la tienen los que mandan, la tienen siempre los ricos. Ahí tienes un pobre diablo, un labrador con su mujer enferma y cinco hijos chiquitillos; anda y persuádele de que debe sufrir los rigores de la miseria, de que debe consentir en verse en medio de la vía pública como un perro vagabundo, no sólo él sino también los suyos, por el placer de dar el voto a quien no sea del gusto del burgués. Anda y convence a todos los que el burgués puede hacer morir de hambre cuando le plazca.

Desengáñate: el pobre nunca es libre; y por tanto no sabría por quien votar. Y si supiera y pudiera, aún tendría necesidad de votar a sus señores. Así tendrían éstos lo que desean, y buenas noches.

Lo mismo en el campo que en la ciudad, el trabajador es esclavo del que manda o del que más tiene. En nuestros villorrios, en nuestras aldeas, en los más reducidos lugares, el cacique es dueño y señor de todos los electores. Un simple alcalde de barrio tiene más poder en una aldea que un banquero en la ciudad. La sola presencia de un representante de la tiranía, se lleva por delante a todos los electores habidos y por haber.

Por desgracia, nuestros compañeros del campo se ven obligados a votar por quien manda el cacique, o el alcalde, o el que les presta a un interés usurario algún dinero.

En las poblaciones grandes o pequeñas, el obrero industrial está totalmente supeditado al fabricante, al maestro; y cuando no al médico, o al abogado, al notario, al casero, hasta al tendero de aceite y vinagre. Ve y diles que voten, y contestarán que desgraciadamente han de votar, quieran o no, por quien les manden.

¡Pobre del que se atreve a tener opiniones propias!

Luis.- Sin duda la cosa no es fácil. Se necesita trabajar, propagar para hacer comprender al pueblo cuáles son sus derechos y animarle a afrontar la ira de los burgueses. Necesitamos unirnos, organizarnos para impedir a los burgueses que coarten la libertad de los trabajadores, arrojándoles a la calle cuando no siguen sus consejos.

Carlos.- ¿Y todo esto para votar por don Fulano o don Mengano? ¡Qué simple eres! Sí, todo lo que dices debemos hacerlo, pero de un modo distinto: debemos hacerlo para que el pueblo comprenda que cuanto hay en el mundo es suyo y se le roba; y que por tanto tiene el derecho, y si se quiere hasta la fuerza, de arrebatarlo, y de arrebatarlo o recuperarlo por sí mismo, sin esperar gracias de nadie.

Luis.- Pero, en fin, ¿cómo hacerlo? Alguno ha de dirigir al pueblo, organizar las fuerzas sociales, administrar justicia y garantizar la seguridad pública.

Carlos.- No, no. Nada de eso.

Luis.- ¿Y cómo entonces? ¡El pueblo es tan ignorante!

Carlos.- ¿Ignorante? El pueblo lo es, en verdad, porque si no lo fuera, pronto enviaría a paseo toda la jerigonza gubernamental. Pero yo creo que tus propios intereses te lo harán pronto comprender. Si dejáramos al pueblo obrar por su cuenta, arreglaría sus cosas mejor que todos los ganapanes que, con el pretexto de gobernarlo, lo explotan y tratan como a una bestia.

Es curioso lo que te ocurre con esta historieta de la ignorancia popular. Cuando se trata de dejar al pueblo que haga lo mejor que le parezca, dices que no tiene capacidad ninguna; cuando, por el contrario, se trata de hacerle nombrar diputados, entonces se le reconoce ya una cierta capacidad ... y si nombra alguno de los nuestros, entonces se le atribuye una sapiencia estupenda ...

¿No es cien veces más fácil administrar cada uno por sí mismo lo que le pertenezca, que encontrar uno que sea capaz de hacerlo por otro? No sólo, en este último caso, se necesita conocer cómo había de hacerse todo para juzgar la idea del que se escogiese, sino también saber discernir la sinceridad, el talento y las demás cualidades del que solicitare nuestros votos. ¿Y si el diputado quisiera servir sinceramente nuestros intereses, no debería preguntar por nuestra opinión, indagar nuestros deseos, acatar nuestras decisiones? Y entonces, ¿por qué dar a nadie el derecho de obrar a su antojo y de engañarnos y traicionarnos si bien lo juzga?

Luis.- Pero como los hombres no pueden hacerlo todo por sí mismos, como no sirven para todo, de aquí la necesidad de que alguno cuide de la cosa pública y arregle los asuntos de la política.

Carlos.- Yo no sé qué es lo que tú entiendes por política. Si entiendes que es el arte de engañar al pueblo y robarle haciéndole gritar lo menos posible, persuádete de que haríamos nosotros mismos otra cosa. Si por política entiendes el interés general, y el modo de hacerlo todo de acuerdo con la mayor ventaja para cada uno, entonces es una cosa de la que debemos ocuparnos y entender todos, como todos, por ejemplo, sabemos acudir a la mesa de un café sin incomodarnos los unos con los otros, divirtiéndonos sin molestia para nadie. ¡Qué diantre! No parece sino que hasta para sonarnos habríamos de necesitar un especialista y darle por añadidura el derecho de arrancarnos la nariz, si no nos sonábamos a su gusto.

Por lo demás, se comprende que el zapato debe hacerlo el zapatero y la casa el albañil. Pero nadie sueña en dar al zapatero y al albañil el derecho de gobernarse, administrarse ... Pero volvamos al asunto.

¿Qué han hecho a favor del pueblo los que han ido y van al parlamento y al municipio para hacer el bien general? ¿Y, aún los mismos socialistas, se han mostrado mejores que los demás? Nada, lo que te he dicho, todos son iguales.

Luis.- ¿También la emprendes con los socialistas? ¿Qué quieres que hagamos, si verdaderamente no podemos hacer nada? Somos pocos, y aunque en algún municipio tengamos mayoría, estamos completamente sitiados por las leyes y la influencia de la burguesía que nos ata de pies y manos.

Carlos.- ¿Y por qué vais entonces a votar? ¿Por qué insistís, si no podéis hacer nada? Será porque los elegidos podrán hacer algo para sí mismos, en su provecho propio.

Luis.- Dispensa un momento: ¿Eres anarquista?

Carlos.- ¿Qué te importa lo que soy? Escucha lo que digo, que si ves que mis argumentos son buenos, apruébalos, si no, combátelos y trata de convencerme. Sí, soy anarquista, ¿y qué?

Luis.- ¡Oh, nada! Yo tengo mucho gusto en discutir contigo. También yo soy socialista, pero no anarquista, porque me parece que tus ideas son demasiado avanzadas. Mas, comprendo que en muchas cosas tienes razón. Si hubiera sabido que eras anarquista, no te hubiera dicho que por medio de las elecciones y del parlamento puede obtenerse el bien deseado, porque mientras seamos pobres, serán siempre los ricos los que confeccionen las leyes, y las harán siempre en provecho propio.

Carlos.- ¡Pero tú eres, entonces, un embaucador! ¡Cómo! ¿Sabes la verdad y predicas la mentira? Cuando no sabías que yo era anarquista, decías que eligiendo buenos diputados y buenos concejales se convertiría la Tierra en un verdadero paraíso; ahora que ya sabes lo que soy y que no puede engañárseme en un dos por tres, dices que con el parlamentarismo nada se puede conseguir. ¿Por qué entonces, quebrarme la cabeza con la propaganda de las elecciones? ¿O es que te pagan para engañar a los infelices trabajadores? Sin embargo, yo sé que eres un buen obrero, que eres de los que viven a fuerza de mucho esfuerzo. ¿Por qué, entonces, engañas a tus compañeros haciéndoles que favorezcan los intereses de cualquier renegado, que con la excusa del socialismo lo que busca es darse tono de señor, de gran señor, de gran burgués?

Luis.- No, no, amigo mío. No me juzgues tan mal. Si yo procuro que lo obreros voten, es en interés de la propaganda solamente. ¿No comprendes cuántas ventajas tiene para nosotros el que haya alguno de los nuestros en el parlamento? Puede hacer la propaganda mejor que cualquier otro, porque viaja como le parece y sin que la policía le estorbe mucho; además, cuando habla en la Cámara, todo el mundo se ocupa de las ideas socialistas y las discute. ¿No es eso propaganda? ¿No vamos ganando siempre algo?

Carlos.- ¡Y para propagar te conviertes en agente electoral! ¡Bella propaganda la tuya! Anda, ve y dile a las gentes que todo han de esperarlo del parlamento, que la revolución no conduce a nada, que el obrero no tiene otra cosa que hacer más que depositar un pedazo de papel en la urna y esperar con la boca abierta a que caiga el maná del cielo. ¡Bonita, magnífica, sublime propaganda!

Luis.- Tienes razón, pero ¡qué hacer! ¿Cómo decir a los trabajadores que no se puede esperar nada del parlamento, que los diputados para nada sirven, y propagarles luego que deben votar? Dirían que los tomamos como juguetes.

Carlos.- Bien sé que se necesita algo para decidir a la gente a que vote y elija diputados. Y no sólo se necesita hacer algo, sino también prometer mucho que no se ha de poder cumplir; se necesita hacer la corte a los señores, ser benévolo con el gobierno, encender una vela a San Miguel y otra al diablo, y burlarse de todos. Si no, no se es elegido. ¿Y a qué me vienes a hablar de propaganda, si todo lo que hacéis es contrario completamente a ella?

Luis.- No digo que no tengas razón; mas, en fin, convén conmigo que es siempre ventaja tener alguno de los nuestros que pueda levantar la voz en la Cámara, y defender las ideas de emancipación del proletariado.

Carlos.- ¿Una ventaja? Para ellos y aún para alguno de sus amigos, no digo que no. Mas para la masa general del pueblo, de ningún modo. ¡Si por lo menos no fuese esto ya evidente hasta la saciedad! Allá va un año tras otro en que hemos sido bastante necios para mandar al parlamento diputados socialistas. Los hay en la Cámara francesa, los hay en la italiana, los hay en la alemana, en la española y en la argentina, en número bastante crecido y ¿qué hemos obtenido? Que los unos se hagan monárquicos, los otros se alíen con los republicanos, y nadie se ocupe de los intereses populares. ¡Pobres obreros republicanos! Creen hacer un gran bien y no reparan en que son miserablemente engañados. Volviendo a nuestro primer asunto, esto es, a lo que hemos obtenido con el nombramiento de diputados socialistas, resulta que éstos eran perseguidos y tratados como malhechores cuando decían la verdad, y hoy son muy estimados de los grandes señores, y el ministro y el consejero les tienden la mano. Y si son condenados es por cuestiones puramente burguesas que nada tienen que ver con la causa del obrero y, por tanto, no tienen excusa. Todos son perros de una misma raza, o como suele decirse, los mismos perros con distintos collares, que acaban siempre por ponerse de acuerdo para roer el hueso popular, para acabar con la sangre del pueblo. ¡No tengas cuidado, que semejantes personajes expongan sus pechos en un movimiento revolucionario!

Luis.- Eres demasiado severo. Los hombres son hombres y, necesariamente, hay que disculpar sus debilidades. Por lo demás, ¿qué se puede decir si los que hemos nombrado hasta ahora, no han sabido cumplir con su deber, o no han tenido valor suficiente para cumplirlo? ¿Quién dijo que elijamos siempre los mismos? Nombremos, pues, otros mejores.

Carlos.- ¡Ya! Y así el partido socialista vendrá a convertirse en una fábrica de embaucadores. ¿Crees tú que no hemos tenido ya bastantes traidores? ¿O es que hay que colocar a los demás en situación de que lo sean? En fin, ¿crees o no crees que el que al molino va, en la harina se le conoce? El que se mezcla con los burgueses, le toma gusto a vivir sin trabajar. Cuanta más gente pase por el poder, tanta más se corromperá. Aunque pasase alguno que tuviera bastante buen temple para no corromperse, sería lo mismo, porque amando la causa popular, no podría oponerse a la propaganda con la esperanza de ser útil más tarde.

Yo creo firmemente en la sinceridad del que, diciéndose socialista, corre todos los riesgos, se expone a perder su jornal, a ser perseguido y encarcelado. En cambio, me inspiran poca confianza los que hacen del socialismo un oficio, que nada hacen que pueda comprometerles, que buscan la popularidad huyendo del peligro, esto es, que saben nadar y guardar la ropa, como suele decirse gráficamente. Me parece que son como los curas, que predican para su santo negocio.

Luis.- Traspasas el límite de lo racional, amigo mío, porque entre los que has insultado, están los que han trabajado y sufrido por la causa común, están los que tienen un pasado ...

Carlos.- No vengas ahora a romperme la cabeza con el pasado. El mismo Crispi ha sido en otros tiempos revolucionario, ha expuesto la piel y ha sufrido como tantos otros. ¿Vamos por esto a respetarlo ahora que se ha convertido en un reaccionario, en un tiranuelo de los más repugnantes?

Esos individuos de quienes hablas son los mismos que deshonran y mancillan su propio pasado, y en nombre de ese mismo pasado podemos condenarlos porque han renegado de él. En todas partes hay ejemplos de lo que digo: la mayor parte de los prohombres republicanos de la republicana Francia han sido más o menos revolucionarios en otros tiempos, y hoy son unos doctrinarios de la peor estofa. Hay en el partido conservador inglés quien ha llegado en otras épocas hasta a aceptar el programa de la Internacional. En España, no sólo Castelar y Salmerón, sino también Sagasta y Cánovas, entre muchos republicanos y monárquicos, fueron, quien más quien menos, revolucionarios decididos, y hoy todos se avienen con las ideas y procedimientos más retrógrados, explotando al pueblo desde el poder unos, engañándole desde la oposición otros.

Luis.- Bueno, hombre, no sé como he de convencerte. Vaya enhoramala el parlamentarismo, pero has de convenir que en cuanto al municipio ya es otra cosa. Aquí es más fácil obtener mayoría y hacer el bien del pueblo.

Carlos.- ¡Pero si tú mismo has dicho que los concejales están atados de pies y manos y que al fin y a la postre, tanto en la Cámara como en el municipio, son siempre los ricos los que mandan! Por lo demás, ya hemos visto bastantes ejemplos. En la vecina ciudad lo mismo que en cualquiera, han ido los socialistas al ayuntamiento y, ¿sabes lo que han hecho? Habían prometido suprimir el impuesto de consumos y facilitar los medios para que los niños pudieran ir cómodamente a la escuela desde el pueblo a la ciudad, y nada han hecho. Y después, cuando el pueblo murmura, aquellos señores socialistas hablan en sus mismos periódicos del eterno descontento, como pudieran hacerlo los mismos representantes de la autoridad y de la burguesía. Además, cuando van al municipio, no tienen dónde caerse muertos, y luego se procuran buenas colocaciones para sí y sus parientes, de modo que puedan vivir sin trabajar, y luego dicen que quieren hacer el bien del pueblo.

Luis.- ¡Pero esas son calumnias!

Carlos.- Admitamos que hay algo de calumnioso, ¿y lo que yo he visto con mis propios ojos? Dicen que cuando el río suena agua lleva, y en esta ocasión no puede ser más cierto; lo cual perjudica en gran modo al partido socialista. El socialismo, que debiera ser la esperanza y el consuelo del pueblo, de la clase trabajadora, se hace objeto de sus maldiciones cuando se halla en el poder, en el parlamento o en el municipio. ¿Aún dirás que ésta es propaganda propiamente dicha?

Luis.- ¡No seas así! Si no estás satisfecho de los que nos representan, nombremos otros; la culpa la tienen siempre los electores, porque son los burgueses los que nombran a los que quieren.

Carlos.- ¡Y dale! ¿Hablo con una piedra o con quién hablo? Si, señor, la culpa la tienen los electores y los no electores, porque debieran prescindir de los parlamentos y de los municipios, como cosa completamente inútil para el bien del pueblo. Farsa por farsa, debemos quedarnos sin ninguna. El parlamento, las diputaciones y los municipios, son farsas que nos cuestan muy caras y que para nada sirven. Y tú, que no ignoras que aquellos de los nuestros que van al parlamento, a la diputación o al municipio, conviértanse o no en embaucadores, nada pueden hacer por la clase trabajadora, salvo echarle tierra en los ojos para mayor tranquilidad de los señores; tú debes esforzarte para destruír esa estúpida fe en el sufragío.

La causa fundamental de la miseria y de todos los males sociales es la propiedad individual (a causa de la cual el hombre no puede producir sino aceptando las condiciones que le imponga el que monopoliza la tierra y los instrumentos de trabajo) y el gobierno, el cual defiende a los explotadores y explota por su propia cuenta.

Y los burgueses, antes que dejen que se ponga la mano sobre estas dos instituciones: la propiedad y el gobierno, las defenderán a todo trance. Engañan, mistifican y pervierten todo, y cuando esto no basta, a la prisión, al destierro y hasta al cadalso apelan contra nosotros. ¡Si quieres mejor elección!

Nosotros queremos la revolución; una revolución completa que no deje la menor memoria de la infamia actual. Se necesita declararlo todo, tierra e instrumentos de trabajo, propiedad común; se necesita, es preciso que todos tengamos pan, casa y vestidos; es indispensable que los campesinos supriman al burgués y cultiven la tierra por su propia cuenta y la de sus compañeros de trabajo; que el obrero industrial prescinda también del burgués que le explota, y organice la producción en beneficio general; y, además, es muy necesario no volverse a acordar del gobierno, no dar poder a nadie y hacer cada uno todas las cosas por sí mismo. Cada cual se entenderá dentro de un municipio o pueblo con sus compañeros de oficio y con todos los que tengan necesidad de entenderse en los pueblos más cercanos. Los municipios se entenderán unos con otros; las comarcas con las comarcas, las regiones con las regiones también. Los de un mismo oficio en diferentes localidades se entenderán entre sí, y así se llegará al acuerdo general, y se llegará ciertamente porque en ello va el interés de todos. Entonces, no nos veremos como el perro y el gato, no estaremos en guerra permanente, no pereceremos en manos de una concurrencia infame. Las máquinas ya no serán de utilidad exclusiva de los burgueses ni servirán para dejar sin trabajo y sin pan a la mayor parte de los nuestros, de los que producen y están siempre condenados a la esclavitud y a la miseria; pero servirán en cambio, para hacer el trabajo menos pesado, más útil y más ventajoso para todos. No habrá ya tierras incultas, ni sucederá que el que las cultive no produzca más que la décima parte de lo que debe producir, porque se aplicarán todos los medios ya conocidos para aumentar y mejorar la producción de la tierra y de la industria, de tal modo que el hombre podrá satisfacer siempre sus necesidades espléndidamente.

Luis.- Todo lo que dices es muy bello y verlo quisiera. Yo también encuentro muy buenas vuestras aspiraciones, pero ¿cómo realizarlas? Ya sé que el único medio es la revolución, y que por muchas vueltas que se le dé, por la revolución se acabará. Mas, como por el momento la revolución no podemos hacerla, hacemos en tanto lo que podemos y no pudiendo hacer otra cosa mejor, agitamos la opinión por medio de las elecciones. Así nos movemos siempre, y siempre se hace propaganda.

Carlos.- ¡Cómo! ¿Hablas ahora de propaganda? ¿No sabes qué clase de propaganda has hecho con las elecciones? Vosotros habéis dejado a un lado el programa socialista y os mezcláis con todos esos charlatanes demócratas, que no se ocupan más que de conquistar el poder y hacer luego lo que han hecho todos sus compañeros en democracia, ocuparse ante todo de sí mismos. Vosotros habéis introducido la división y la guerra personal entre los socialistas. Vosotros habéis abandonado la propaganda de los principios por la propaganda a favor de Zutano o de Mengano.

Ya no habláis de revolución, y aunque habléis no pensáis, ni por asomo, en hacerla, en provocarla; y esto es natural, porque el camino del parlamento no es el de las barricadas. Habéis corrompido a un cierto número de compañeros que sin la tentación a que los sometisteis hubieran permanecido honrados. Habéis fomentado ciertas ilusiones que hicieron olvidar la revolución, y cuando se desvanecieron, nos hicieron desconfiar de todo y de todos. Habéis desacreditado al socialismo entre las masas que empezaron a considerarse como un partido de gobierno, y han sospechado de vosotros y os han despreciado, como hace siempre el pueblo con todos los que llegan o pretenden llegar al poder.

Luis.- Dime, entonces, ¿qué es lo que debemos hacer? ¿Qué hacéis vosotros? ¿Por qué en vez de hacernos la guerra no tratáis de hacernos mejores?

Carlos.- Yo no te he dicho que nosotros hayamos hecho y hagamos todo lo que se puede y debe hacer. Aún de esto mismo tenéis vosotros mucha culpa, porque con vuestras mistificaciones y deserciones habéis paralizado por muchos años nuestra acción, y nos habéis obligado a emplear grandes esfuerzos para combatir vuestra tendencia, que si hubiera prevalecido, no hubiera quedado del socialismo más que el nombre. Pero esto creemos que no se repetirá. Por una parte, nosotros hemos aprendido mucho y estamos en situación de aprovechar la experiencia obtenida y corregir los errores del pasado. Por otra, entre vosotros mismos la gente empieza a ver con malos ojos las malditas elecciones. La experiencia es de tantos años y vuestros representantes se han significado tan poco, que hoy todos los que aman sinceramente la causa y tienen espíritu revolucionario, tienen forzosamente que abrir los ojos.

Luis.- Y bien, haced la revolución, y estad seguros que nosotros nos encontraremos a vuestro lado, cuando hagáis las barricadas. ¿Nos tomáis acaso por cobardes?

Carlos.- Es una cosa muy cómoda, ¿no es verdad? ¡Haced la revolución, y luego, cuando esté hecha, nos veremos! Pero si vosotros sois revolucionarios, ¿por qué no ayudáis a prepararla?

Luis.- Escucha: por mi parte, te aseguro que si viera un medio práctico para poder ser útil a la revolución, enviaría al diablo elecciones y candidatos, porque, a decir verdad, comienzo a tener yo también la cabeza llena de política, y confieso también que lo que me has dicho hoy me ha hecho un poco de impresión; no te puedo decir que no tengas razón.

Carlos.- ¿No sabes lo que se puede hacer? ¡Pero si yo te digo que la práctica de la lucha electoral hace perder hasta el criterio de la buena propaganda socialista y revolucionaria! Y, sin embargo, basta saber lo que se quiere y quererlo firmemente para encontrar mil cosas útiles para hacer. Ante todo, propaguemos los verdaderos principios socialistas, y en lugar de contar mentiras y dar falsas esperanzas a los electores y a los no electores, incitemos en esas mentes el espíritu de rebelión y el desprecio al parlamentarismo. Hagamos de modo que los trabajadores no voten, y que las elecciones se las hagan ellos, gobierno y capitalistas, en medio de la indiferencia y del desprecio del pueblo; porque cuando se ha destruido la fe en las urnas, nace lógicamente la necesidad de hacer la revolución. Vayamos a los grupos y a las reuniones electorales, pero para desbaratar los planes y las mentiras de los candidatos, y para explicar siempre los principios socialistas-anárquicos, es decir, la necesidad de quitar el gobierno y desposeer a los propietarios. Entremos en todos los sindicatos obreros, hagamos otros nuevos, y siempre para hacer la propaganda y hablar de todo aquello que debemos hacer para emanciparnos. Pongámonos en la primera fila en las huelgas, provoquémoslas siempre para ahondar el abismo entre patronos y obreros y empujemos siempre las cosas cuanto más adelante mejor. Hagamos comprender a todos aquellos que mueren de hambre y de frío, que todas las mercancías que llenan los almacenes les pertenecen a ellos, porque ellos fueron los únicos constructores, e incitémosles y ayudémosles para que las tomen. Cuando suceda alguna rebelión espontánea, como varias veces ha acontecido, corramos a mezclarnos y busquemos de hacer consistente el movimiento exponiéndonos a los peligros y luchando juntos con el pueblo. Luego, en la práctica, surgen las ideas, se presentan las ocasiones. Organicemos, por ejemplo, un movimiento para no pagar los alquileres; persuadamos a los trabajadores del campo de que se lleven las cosechas para sus casas, y si podemos, ayudémoslos a llevárselas y a luchar contra dueños y guardias que no quieran permitirlo. Organicemos movimientos para obligar a los municipios a que hagan aquellas cosas grandes o chicas que el pueblo desee urgentemente, como, por ejemplo, quitar los impuestos que gravan todos los artículos de primera necesidad. Quedémonos siempre en medio de la masa popular y acostumbrémosla a tomarse aquellas libertades que con las buenas formas legales nunca le serían concedidas.

En resumen: cada cual haga lo que pueda según el lugar y el ambiente en que se encuentra, tomando como punto de partida los deseos prácticos del pueblo, y excitándole siempre nuevos deseos. Y en medio de toda esta actividad, vayamos eligiendo aquellos elementos que poco a poco van comprendiendo y aceptando con entusiasmo nuestras ideas; juntémonos en pacto mutuo, y preparemos así las fuerzas para una acción decisiva y general.

Ved, dentro de poco, por ejemplo, viene el asunto del Primero de Mayo. En todo el mundo los obreros se preparan a efectuar una grandiosa manifestación para ese día, no trabajando. Hay muchos que lo hacen simplemente para obtener la jornada de ocho horas de trabajo, pero hay también aquellos que no se conforman con esto. Y piensan quitarse de encima, de una manera radical, todas esas sanguijuelas que con el nombre de capitalistas o patronos, chupan la sangre a los trabajadores. Y bien, nosotros debemos aceptar este práctico terreno de acción que nos ofrecen las masas mismas. Trabajemos entonces desde ahora e incansablemente, para que el próximo Primero de Mayo nadie trabaje y nadie vuelva a hacerlo sino como trabajador libre, asociado a compañeros libres y en talleres de propiedad de todos. Y cuando venga ese Primero de Mayo, salgamos a la calle con la muchedumbre y hagamos aquello que la disposición del pueblo nos aconseje. No será quizás la revolución, porque los gobiemos están muy prevenidos y el pueblo aún no sabe luchar; pero, ¡quién sabe! ... si pudiéramos dar al movimiento una gran extensión, los gobiernos se verían impotentes para reprimirlo. De cualquier modo, el pueblo tendrá ocasión de ver y sentir su fuerza, y una vez que se haya dado cuenta de su fuerza y la haya visto desplegada, no tardará en servirse de ella.

Luis.- ¡Muy bien; me gusta! ¡Al diablo las elecciones y pongámonos manos a la obra! Venga esa mano. ¡Viva la anarquía y la revolución social!

Carlos.- ¡Viva!





Carátula de la edición virtual de Elecciones y anarquismo de Saverio Merlino y Errico MalatestaPresentación de Chantal López y Omar CortésBiblioteca Virtual Antorcha

Indice

Presentación, por Chantal López y Omar Cortes.

Anarquistas y socialistas frente a la lucha electoral, por Saverio Merlino.

Los anarquistas contra el parlamento, por Errico Malatesta.

Anarquistas y socialistas en las elecciones políticas, por Saverio Merlino.

Los anarquistas y las elecciones, por Saverio Merlino.

Las candidaturas-protesta, por Errico Malatesta.

Anarquía y parlamentarismo, por Errico Malatesta.

Mayorías y minorías, por Errico Malatesta.

Sobre la línea del anarquismo, por Errico Malatesta.

De una cuestión de táctica a una cuestión de principios, por Saverio Merlino.

Sociedad autoritaria y socieda anárquica, por Errico Malatesta.

Pocas palabras para cerrar una polémica, por Saverio Merlino.

Concepción integral de la anarquía, por Errico Malatesta.

Incompatibilidad, por Errico Malatesta.

No confundamos, por Errico Malatesta.

Colectivismo, comunismo, democracia socialista y anarquía, por Errico Malatesta.

Por la conciliación, por Saverio Merlino.

Imposibilidad de un acuerdo, por Errico Malatesta.

Declaración en pro del socialismo libertario, por Saverio Merlino.

El peligro, por Saverio Merlino.

El espectro de la reacción, por Errico malatesta.

Entre dos fuegos, por Saverio Merlino.

Todavía el parlamentarismo, por Errico Malatesta.

Uso y abuso de la fuerza, por Saverio Merlino.

Anarquía ... ¿Contra qué?, por Errico Malatesta.

Contraste personal, por Saverio Merlino.

Clarificaciones sobre la polémica, por Errico Malatesta.

Conclusión, por Errico Malatesta.

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