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¡¡¡AGUAS!!! LA PRESIÓN ESTÁ SUBIENDO

De unas semanas a la fecha algo está sucediendo, puesto que una serie de movimientos especulativos han colocado el precio del dólar muy por arriba de las espectativas. Dicen, los que de ello saben, que tales movimientos se deben al nerviosismo que está generando el posible cambio de política por parte del Tesoro norteamericano, el cual, en cualquier momento determinará el paulatino retiro de inyección de capital a los mercados, lo que de inmediato acarreará un movimiento al alza en las tasas de interés. Esto que, en efecto, puede ser una causa de la volatilidad que el mercado cambiario ha presentado, la verdad que no nos convence del todo. Mas bien pensamos que la señalada volatilidad va relacionada con la discusión que habrá de generarse en el Congreso en torno a la distribución y monto del presupuesto de egresos para el año fiscal de 2015. Ahí, en nuestra humilde opinión, es quizá posible encontrar la razón del movimiento al alza en el valor del dólar.

El presupuesto de egresos, hasta donde sabemos, viene acompañado de una serie de medidas muy poco ortodoxas, y que en cierto sentido revientan o dejan de lado la trayectoria seguida en sexenios pasados, relativa al manejo de los dineros.

Prácticamente, hasta donde podemos entender, la tendencia de mantener a capa y espada la machacona idea del famoso déficit cero, es de plano abandonada, acrecentandose el déficit sobre el producto interno bruto, lo que en lenguaje común se traduce en la tendencia a cimentar los proyectos de inversión sobre la adquisición de deuda.

Este cambio, por supuesto que pone los pelos de punta a cualquiera que haya vivido una parte importante de su vida profesional, como fue nuestro caso, durante las décadas de 1980 y 1990.

Quienes en aquellas décadas de triste memoria desarrollábamos nuestras actividades profesionales, bien conocimos, en carne propia, los desastrosos efectos del sobre endeudamiento en la administración pública, ya que muchísimos de nuestros proyectos y labores fueron truncados por un panorama económico espantoso de terribles devaluaciones.

Por supuesto que no deseamos que eso vuelva a repetirse, porque no queremos ver a nuestros hijos o nietos pasando por los tragos amargos y las desilusiones por las que nosotros transitamos. No se trata, pues, de un asunto de discusión teórica de la economía, se trata de algo sumamente práctico: ¡queremos garantías plenas de que la administración pública no caera en los excesos del pasado, endeudándose en pos de quimeras, de sueños guajiros!

Ya conocemos a lo que llevan los aceleres, las cuentas faciles, en pocas palabras, las estupideces de los políticos que se empeñan en tratar de ver todo color de rosa. Igual conocemos el actuar de los oportunistas que buscan sacarle partido a todo lo que pueden, aprovechando determinadas coyunturas.

Las cosas no están para andar nuevamente recreando mundos fantásticos, asi que hay que tener mucho, muchísimo cuidado en lo que hacen los señores del poder, muy dados a la costumbre de hacer lo que les viene en gana dejando que los efectos negativos de sus aceleres caigan ni mas ni menos que sobre las espaldas de las personas comunes.

¡Que se nos entienda bien, que no se nos malinterprete! No nos oponemos a la adquisición de deudas, siempre y cuando las mismas estén claramente presentadas y sobre todo muy bien determinado el uso de esos recursos, y por supuesto, que tales deudas, no rompan la lógica de lo posible, y por posible entendemos que sean manejables, que no pongan en riesgo los dineros y posibilidades de la nación.

Insistimos en esto porque, a guisa de ejemplo, no viene mal el recordar todo el escándalo y acelere que produjo el dasatinado anuncio en relación a la construcción de un nuevo aeropuerto para la ciudad de México.

Se presentaron maquetas, se hicieron programas promocionales, bueno, hasta se determinó un encargado del proyecto.

Ahora bien, el que haya un nuevo aeropuerto parece algo razonable, pero ... de golpe y porrazo se soltó el baile de los presupuestos, y los costos se fueron por las nubes. Incluso, el señor al que, quien sabe por qué motivos, se adelantó como director de esa obra, tiene fama de ser en exceso gastalón en sus proyectos, o sea que parece que es de esos arquitectos que al inicio calculan en 15 el costo, pero que al final resulta que el mismo se elevó a 200. Y de ser eso cierto, entonces, por supuesto, ese señor no debería, por ningún motivo, ser el encargado de la elaboración de tal proyecto, porque de seguro que nos llevaría al baile. Y preciso que nos llevaría al baile, porque ese aeropuerto se construiría con dinero público, esto es, con dinero de todos, por lo que si salen con sus bobadas de abismales diferencias entre el presupuesto de origen y el que resulte al final, pues los que tendremos que pagar la diferencia seremos nosotros, las personas comunes.

Ahora que quien sabe qué enjuagues se traigan con el susodicho presupuesto, y quien sabe que maldades o a lo mejor bondades, anden ideando nuestros representantes populares. Por supuesto que en algún momento deberemos de enterarnos, aunque por desgracia eso casi siempre sucede cuando ya nos dieron una revolcada de pronóstico reservado. Ni modo, asi están por el momento las cosas en México y no nos queda más que apechugar.

Sin embargo, no está de más el señalar que hay en el ambiente un sentimiento muy fuerte de recelo en relación con el actuar de la administración pública.

Hay en el aire algo que presagia tormenta. Como que la gente ya esta llegando a su tope, y además, cosas raras están sucediendo.

Aparte de lo del dólar hay otros indicativos que dan pábulo de que algo se está moviendo debajo del agua. Espero equivocarme pero ... ¿quién sabe?

En fin, es de esperar que las cosas transcurran por senderos benéficos para todos, abandonándose las tentaciones de los aceleres que a nada bueno conducen.

Cambiando de tema, precisaré lo que en esta ocasión colocó como novedades.

Un cuento corto de mi autoría, que escribirlo me llevó diez días dejándome bastante satisfecho ya que logré expresar lo que deseaba. Su título El tesoro de la Convención, lo dice todo.

Además, incluyó la presentación que realice como introducción a la proyección de la legendaria película mexicana del cine mudo La banda del automóvil gris, misma que aquí comparto aprovechando su existencia en el sitio You Tube.

Igualmente pongo a disposición de todo interesado, la edición virtual de la obra de Hernando Alvarado Tezozomoc, Crónica mexicana, cuya lectura viene muy a tono con los festejos relativos al denominado día de la raza.

Y, finalmente, coloco la ficha que en el año de 2010, mi ahora fallecida compañera Chantal y yo elaboramos sobre la Soberana Convención Revolucionaria, al cumplirse, precisamente en este mes de octubre, el centenario de su realización, esperando sea de utilidad para todas las personas interesadas en aquella noble alternativa que pretendió canalizar esfuerzos para conducir el proceso revolucionario mexicano por cauces de desarrollo comunitarios, buscando evitar, lo que fatalmente no pudo lograr, el derramamiento de sangre.

Asimismo, mantengo mi invitación a quien pueda estar interesado, para que consulte:

a) El semanario anarquista argentino La Antorcha, editado durante los años de 1921 a 1932. Haz click aquí si deseas consultar alguno de los trescientos ejemplares que lo conforman.

b) El periódico insurgente La abispa de Chilpancingo, editado por Carlos María Bustamante durante los años 1822 y 1823. Haz click aquí, si deseas consultar este periódico.

c) El periódico anarquista mexicano El Compita, editado durante los años 1981-1982. Haz click aquí si deseas consultar este vocero.

d) La edición virtual de La eneida de Virgilio. Haz click aquí si deseas leer, hojear o consultar esta obra.

1.- Mi escritos titulados:

a) De salarios, ahorros y peligros, haciendo click aquí.

b) ¡¡¡Este arroz ya se coció!!!, haciendo click aquí.

c) Un día después, haciendo click aquí.

d) En recuerdo de un amigo, haciendo click aquí.

e) El fandango de la Reforma Energética, haciendo click aquí.

2.- El conjunto de reflexiones que realice hace ya mas de un año sobre la Reforma Hacendaria, haciendo click aquí.

3.- El conjunto de reflexiones que sobre la Reforma Energética hice el pasado año, haciendo click aquí.

Octubre del 2014
Omar Cortés




EL TESORO DE LA CONVENCIÓN
Cuento corto de Omar Cortés





I

Aquella noche era particularmente fría, y Anastacia, por más que intentaba acurrucarse en torno de Jimeno, quien dormía como bendito, nada más no podía quitarse el frío que le impedía conciliar el sueño.

Sentía las patas entumecidas, y aunque se hacia bolita no lograba calentarse.

¿Y cómo hace mi Jimeno?- se preguntaba, viéndolo todo jetón y roncando.

A lo lejos el contínuo ladrar de dos perros no cesaba.

Y para acabarla de amolar, esos canijos perros que no se callan, pensó la Anastacia.

Si, de plano, lo que es esta noche la voy a pasar en vela.

Y resignada a su suerte, comenzó la Anastacia a sumirse en sus recuerdos ...

Por quién sabe qué motivos, su inquieta mente fue a topar con la figura de su abuelo, a quien todos apodaban el mienta madres.

Tan popular se había hecho con ese apodo, que ella ya no se acordaba de su nombre.

¿Y a todo esto, cómo carajos se llamaba el viejo?, con angustia se interrogaba.

Desde que tenía uso de razón, recordaba que para todos era el mienta madres. Toda su familia, todos sus conocidos le llamaban igual. El mienta madres, ese era su real nombre, porque el de pila ... pos ... sepa la bola ...

Y le recordó, le recordó perfectamente. En su mente vió su rostro, ese rostro completamente arrugado, sus cejas y bigotes blancos, y sus ojos, sus ojos, los que siempre le impresionaron, sus ojos verdes que le otorgaban como que cierto abolengo al pinche viejo.

Su andar pesado, arrastrando los años, y ese respirar tan suyo, a través de grandes suspiros.

Viéndolo, el mienta madres no hacia honor a su apodo, parecía más bien un viejo perro ovejero que un vejete cabrón grosero.

Bueno, y a todo esto, ¿por qué de pronto se me vino a la mente el mienta madres? se preguntó la Anastacia. Y sin querer queriendo, siguió en sus divagaciones.

De su abuelo guardaba pocos recuerdos, y quizá el más impactante fue cuando murió su abuela, su linda abuela la Manuela.

Ella estaba bien chiquita, tendría como siete años, pero la muerte de su abuela impactó a la casa entera, y fue entonces que se percató de la existencia del mienta madres, el que hasta aquel momento había pasado desapercibido en su vida.

El mienta madres se ganaba la vida de ropavejero, pasándose casi todos los días fuera de casa pregonando, a grito pelón, la venta o compra de sus tiliches, pero cuando falleció la Manuela, al mienta madres comenzó a valerle un carajo su negocito y como que se ensimismo, encerrándose en su mundo.

Fue entonces que la Anastacia empezó a prestarle atención. En muchas ocasiones lo encontró llorando como niño, y en una de esas, cuando ella ya tenía como doce años, se dió aquel mágico encuentro que quién sabe por qué, había ya olvidado.

Como si hubiese ocurrido el día anterior, la Anastacia recordó, con pelos y señas, aquel encuentro.

Se vió en el cuarto de su abuelo, quien se encontraba sentado en la cama, sollozando y moqueando. Se quedó parada, azorada, pelando los ojos, mientras el mienta madres detenía sus sollozos, y dando una gran sorbada, se tragaba de un jalón los mocos para interrogarla:

¿Y tú, niña, qué haces aquí? ¿Se te perdió algo?

Ella parada, paralizada, no sabia si salir corriendo o responderle.

Después de unos minutos, por fin se atrevió a romper el silencio.

No ... pos ... es que le oi gemir y ... pos ... pensé que ... pos ... que algo le ocurría ...

El viejo la miró con sus ojos llorosos y le respondió:

No, niña, no me pasa nada, de pronto así me pongo, sobre todo cuando me acuerdo de su abuela ..., y ahí fue como que se le quebró la voz, pero, esforzándose, rápido se repuso.

A la Anastacia aquello le dió una tristeza espantosa y con sus doce años a cuestas, intentó reconfortar al viejo, pasándole su mano sobre la cabeza y limpiándole, con la otra, las lágrimas de su rostro.

El mienta madres la miró agradecido y esbozo una sonrisa.

¿Cómo pude haber olvidado aquel momento? pensó para sí la Anastacia.

Y después de aquello, todo cambio entre ella y su abuelo, quien pasó de ser el tipo indiferente, a un familiar con el que le gustaba platicar.

Y poco a poco, a través de los meses, fue develándose ante ella quien había sido el famoso mienta madres.

Coronel del Cuerpo de Caballería, bajo las órdenes del general Benjamín Argumedo, el mienta madres fue un elemento leal al gobierno de la Soberana Convención Revolucionaria, al que se ufanaba de haber servido, considerando que su disolución constituyó el fin y la derrota misma de la revolución.

Si, mi niña, no exageró, pero cuando nos partieron la madre, después de que tuvimos que salir de Toluca, toditita la revolución se la llevó el carajo.

Los mani-rotos cabrones, a las órdenes del vejete culero barbas de chivo, del tunco ese hijo de puta y el pinche lentes de ciego del Ejército de Oriente, le pusieron en la madre a nuestro sueño, a nuestros ideales ... toditito se lo llevo la chingada ...

... De la revolución sólo quedaron fechas pa´festejar, pretextos pa´la peda y la hueva ... pero lo mero principal ... los ideales ... las reivindicaciones sociales ... la justicia ... todo quedó reducido a la palabrería y las tranzas de una bola de cabrones oportunistas ...

... Nos pusieron en la madre ... ni hablar ... eso nos pasó por pendejos y creidos ... ahora ... pos no hay otra que esperar otra bola ... y a ver si se nos hace ...

Oyéndole hablar, la Anastacia entendió de dónde le venía el apodito. Muy dificil, si no es que imposible le era a aquel viejillo ligar dos frases sin soltar una leperada.



II

A partir de entonces, sus visitas a su abuelo fueron cada vez más continuas y placenteras. Al viejo le agradaba mucho contarle sus experiencias revolucionarias, y así la Anastacia fue enterándose de cosas que jamás imaginó que un antepasado suyo hubiese enfrentado.

Puntualmente el mienta madres fue explicándole en que habia consistido todo el asunto de la Soberana Convención Revolucionaria, de las grandes esperanzas que generó su formación entre los humildes, y de la descarada traición que a la misma hicieron los señores Carranza y Obregón.

Con lágrimas en los ojos en varias ocasiones le relató los momentos de alto dramatismo que se vivieron en Aguascalientes, ya que él había tenido la oportunidad de presenciar aquello.

Sí, mi niña, yo mismo los vi, a mi general Francisco Villa y al traidorzuelo de Obregón, cuando se hizo aquel show de la firma de la bandera, quien lo propuso fue el Alvaro y quien se dio de inmediato cuenta de la maniobra fue el Licenciado Soto y Gama ... ¡Que huevos de cabrón! Si hubiera visto mi niña la manera tan valiente que les salió al paso ... De hecho los mando al carajo ... Pero ... ¡vaya huevos del Licenciado! Fueron muchos los que, tarados y pendejos como eran ni cuenta se daban del cuatro que les estaba poniendo el cabroncito de Obregón. ¿Y me creerá si le digo que a punto estuvieron de cocer a balazos al Licenciado? Si, mi niña, el ambiente se puso de la puritita chingada, yo esperaba que de un momento a otro se soltara la balacera ... y el Licenciado, tan bragado, le valió madres y siguió con su perorata ... ¡Ay mi niña, si usted lo hubiera visto!

La Anastacia se emocionaba escuchando al viejo, a tal grado que le trasportaba a aquellos tiempos, a la época en la que según su abuelo todavia era dada la esperanza. Y en su juvenil mente imaginaba a los revolucionarios escoltando a Francisco Villa, y al teatro aquel, escenario de la Convención en Aguascalientes, repleto de señores sombrerudos y bigotones armados hasta los dientes. El barullo, los discursos, los aplausos y las rechiflas ... todo, todo, lograba recrearlo en su mente, y prácticamente se sumergia en aquellos trozos de historia que su abuelo con lentitud escupia.

Hubo dias en que su abuelo, poniéndose muy serio, le daba por interpretar el pensamiento de aquellos líderes populares. Y asi, de Villa decía que era un cabrón iletrado e impulsivo pero de un corazón bien grandote, y a contraparte a Obregón de hipócrita y convenenciero no lo bajaba.

Ese pinche catrincito del Obregón era un zorro el hijo de puta. Muy formalito y seriecito, el cabrón sabia camuflearse a la perfección y aparentar lo que quisiera. Y pa´cabarla de amolar, entre tanto pendejo iletrado como habiamos ahi, pues como que nos llevaba al baile cada que se le pegaba su chingada gana. El pinche Obregón aparentaba ser el huele pedos del viejo barbas de chivo, y asi lo consideraban los del equipo de mi general Villa, pero también esos cabrones la erraban, porque en realidad el cabrón de Obregón no era huele pedos de nadie, sino que todo lo que hacia no tenía más finalidad que a si mismo. Porque de que era inteligente, lo era ... la verdad, mi niña, ese cabrón era muy inteligente ...



III

De lo que la Anastacia pudo entender, todo el rollo de la famosa Convención, se debió a una bronca que hubo entre los señores Carranza y Villa, los que se habían enojado agarrándose hasta del chongo por cuestiones militares y políticas, relacionadas pa´ver quien era el mero mero mandón. Como ambos tenían su gente y pos como que eran ejércitos, pues el choque entre ellos fue cosa muy seria, asi que después de muchos dimes y diretes acabaron pactando algo asi como una tregua llegando a la conclusión que una vez que ganaran, se establecería una Convención de los ganadores pa´arreglar las cuestiones políticas que pos como que estaban muy en veremos ...

Si, mi niña, le repetía con insistencia el mienta madres, la peor pendejada que pudieron haber cometido fue esa de lo de la Convención militar. Porque mire, mi niña, realmente aquella propuesta lo que buscaba tapar era que aparte de los Constitucionalistas había otras fuerzas también opuestas al cabrón de Huerta, pero que traían otro boleto.

No mas pa´comenzar fíjese usted en Zapata y su ejército. El general Zapata no estaba unido al Constitucionalismo, el traía su lucha aparte, ¿y quién iba a poder negar la partida de madre que se dieron los zapatistas en su lucha contra el Huerta?

Otro caso lo era el Partido Liberal Mexicano de don Ricardo Flores Magón, el que venía luchando desde muchísimo antes que el viejo cabrón de Carranza se colgara escapularios de revolucionario.

Muchos Constitucionalistas no tragaban ni a Zapata ni a Magón, y preferian menospreciarlos. ¡Fíjese no´mas que pendejada! ¡Dejar fuera de esa Convención a gente de esa categoría moral y de esa enjundia y caracter revolucionario, no´mas pa´aparentar que en México los únicos chicharrones que tronaban eran los del Ejercito Constitucionalista!

Y resoplando con los ojos bien pelones, el mienta madres hizo una pausa para tomar aire y en seguida continuó su perorata.

Igual que Zapata y que Magón, habia otros revolucionarios que pos no se alineaban con los constitucionalistas, pero que igual se partían la madre contra las huestes de Huerta. Y eso lo sabian tanto el chivustiano como el cabrón de Villa, pero igual se hacian pendejos. A mi general Zapata luego no lo tragaban los cabrones porque se habia peleado con el señor Madero ... pero ... pos ¿cómo no iba a acabar peleado si el Sr. Madero no mas no entendia ni madres de la revolución social? Quizá de la revolución política si, pero de la social no entendia un carajo. ¡Fíjese usted, a quién se le hubiera podido ocurrir la insensata propuesta que le hizo a mi general Zapata de ofrecerle una hacienda! Como si mi general Zapata hubiese estado peleando por esas pendejadas. No, lo que pasaba era que el Sr. Madero pos como que era adinerado, no entendía que hubiera gente que peleara por otro tipo de objetivos que los rollos monetarios.

Y al Sr. Magón no lo querían por su radicalismo, porque don Ricardo era revolucionario de a deveras, no nomas de dientes pa´fuera. El quería el bien pa´los jodidos. Odiaba a los cabrones manirotos oportunistas.

Por eso le digo que la pendejada esa de la Convención militar no mas entre cuates, fue un error que se pagó con mucha sangre.

Acuérdese lo que ya le dije, mi niña, cuando se tomó la ciudad de México, y el borrachales hijo de su mala madre del tal Huerta optó por irse al carajo, se acordó la disolución del Ejercito Federal, pero no sin antes ofrecer a sus mandos que se pasaran del lado de la revolución reconociéndoles sus grados militares. ¡Imagínese, mi niña! Pos fueron un montón los que aceptaron, y pos como que se hizo un pinche revolvedero de la puritita chingada ... Y luego salieron con su pendejada de la Convención militar entre cuates, pos como que le echaron la soga al cuello a la revolución.

Pero todo aquello fue un ardid político del cabron del chivustiano, porque ese fue el que ideó todo.

De nuevo, el mienta madres hizo una pausa, tomo aire, y siguio en su monólogo.

Total que aquella Convención iniciada en la ciudad de México fue un teatro para que el viejo cabrón barbas de chivo, escenificara todo su show. Pero pos los verdaderos revolucionarios, como que se dieron cuenta de que aquella reunión militar estaba bien coja, porque faltaban un titipuchal de revolucionarios y sobraban una bola de cabrones oportunistas.

Ni los generales Villa y Zapata estaban presentes en aquella Convención, y aunque a muchos pos no mas no les cuadraban, tampoco se atrevían a negar que igual se habian partido la madre para mandar al carajo a Huerta. Asi que entre los verdaderos revolucionarios pos como que el teatrito del chivustiano no más no funcionaba.

Lo que el pinche viejo no quería era dejar el poder, estaba aferrado como pinche piojo chupe y chupe la savia del pueblo.

¡Imagínese, mi niña, hasta donde llegó su teatralidad que se aventó la puntada dizque de renunciar a su poder cediéndoselo a la Convención! No, si el pinche viejo era todo un grillote.

Bien sabía que tenía a sus chalanes enquistados en aquella asamblea, y sus chalanes se encargarían de cambiar los vientos y hacer entrar en razón a los babosos generalotes que se tragaban sus cuentos. Dos que tres discursitos bien pronunciados bastarían para darle vuelta a la susodicha renuncia y pedir el regreso del viejo cabrón.

¿Pos pa´que otra cosa cree usted que estaba el Cabrera y compañía? El licenciadito ese era otro grillote de altos vuelos.

Y la Anastacia dejaba que su abuelo, el mienta madres, se hundiera en auténticos monólogos interminables.

Y le dejaba hablar, hablar y hablar, mientras ella, felíz de poder compartir con él esos momentos, guardaba silencio fingiendo que prestaba una gran atención, aunque en realidad le venía valiendo madres todas las pendejadas que decía el viejo.



IV

La vida de la Anastacia se habia enriquecido una vez que generose esa comunicación mágica con el mienta madres. Su transición de la ninez a la adolecencia habia tenido en aquella relación con su abuelo su punto de partida. Desde que Anastacia se compenetró con el mienta madres, su mundo infantil comenzó a deshacerse emergiendo, con toda su fuerza, el poder de su juventud. El mienta madres convirtiose, muy a su pesar, en auténtico guía, en faro conductor. Por supuesto que al viejo eso no sólo no le interesaba, sino que ni cuenta se daba del enorme papel que para con la Anastacia estaba teniendo. El, felíz de contar con alguien que le escuchara, se daba por bien servido, y es que desde la muerte de su compañera, la Manuela, prácticamente no hablaba con nadie, vivía ensimismado en sus recuerdos, en sus lindos y felices recuerdos que con quien había sido por muchísimos años su compañera, su sostén, su apoyo, habia tenido. La muerte de la Manuela representó un golpe tal que de hecho le condujo a una especie de muerte vegetativa, porque él, tan afanoso y frenéticamente obsesivo en el logró de sus objetivos, cayó en el desgano, el valemadrismo. Vivía porque no había tenido el valor para quitarse la vida cuando debió de hacerlo. Su estancia en este mundo la concebía como la lógica punición por su cobardía ... estaba pagando su culpa por no haber actuado como debió haberlo hecho. El viejo, antes de que se estableciera esa química con la Anastacia, era menos que un cero a la izquierda; un bulto, una cosa que estaba ahí porque no había otro lugar en donde estar ...

Pero ahora, teniendo a la Anastacia, la cosa habia cambiado completamente, puesto que de nuevo tenía con quien hablar, a quien comunicarle sus vivencias, sus inquietudes, sus frustraciones ... Otra vez volvía a sentirse vivo. Y como antaño, cuando conversaba con la Manuela, el mienta madres era capaz de volver a experimentar momentos felices, a saborearlos, a gozarlos.

Era plenamente consciente de que Anastacia, debido a su edad, muy probablemente no sólo no entendiera a cabalidad todos los rollos que le aventaba, sino que incluso le valieran un comino, pero ... eso no le importaba, él no veía a Anastacia como su alumna o su seguidora, sino como una amiga, un ser humano que le prestaba atención, que le brindaba compañía, y sobre todo, que le tomaba en cuenta. ¡Eso, eso era lo importante!



V

Ay mi niña, le decía con angustia el mienta madres a Anastacia, todas las marranadas del Chivustiano se fueron al carajo cuando en la Convención de la Ciudad de México, los ahí presentes acordaron trasladarse a Aguascalientes e invitar a los mandos de la División del Norte comandada por mi general Francisco Villa, para que se les unieran. Ahi mero fue cuando el viejo cabrón de Carranza se dio cuenta de que la cosa no la tenía tan controlada como pensaba, y ahi fue tambien cuando el zorro del tunco de La Trinidad, el señor Obregón, enseño el cobre. Las cosas se complicaban mi niña, se complicaban rete harto ...

Por supuesto que Anastacia no entendió ni jota de las preocupaciones que su abuelo buscaba trasmitirle. Y es que para ella poco importaba que se hubieran o no complicado, porque estaba muy clara de que al viejo le encantaba andarle contando un montón de pendejadas quién sabe por qué; pero ella continuaba fascinada ante la presencia del mienta madres. El tono de su voz, sus exhabruptos, todo eso como que la arrullaba, la adormecía trasportándola a un mundo de fabula, en el que se sentia muy bien.

¡Y ya en Aguscalientes, las cosas se le salieron de control al Carranza! mi niña, dijo dramatizando y alzando la voz el mienta madres.

El pinche Chivustiano de seguro sintió como que le metían un fierro por el culo cuando vio como todo se desbarajustaba. El colmo fue cuando ya estando mi general Villa y los altos mandos de la División del Norte en Aguascalientes, pos que deciden invitar a mi general Zapata y los mandos del Ejercito Libertador del Sur y Centro de la República. ¡Ahi sí que al viejo barbas de chivo hasta diarrea le ha de haber dado! Todo indicaba que la cosa iba en serio, que realmente los mandos de las fuerzas revolucionarias estaban tomando al pie de la letra el demogógico ofrecimiento que el Chivustiano les habia hecho en la ciudad de México, de presentar su renuncia al poder. Pero ... no, mi niña, en todo aquel hervidero de pasiones había un grillerio que ni le cuento. En Aguascalientes la Convención era una olla de grillos ... la grilla en todo su apogeo ... la politiqueria desatada ... las pasiones desbordaban todo razonamiento. Habia quienes complotaban para agandallarse todo lo que pudieran; otros no mas andaban buscando como ponerles en la madre a sus opositores; otros más, sedientos de venganza, buscaban cómo hacerle pa´cobrarse agravios pasados ... total que aquello era un maremagnum. Concensaba todo aquel desbarajuste el ansia de la mayoría por liberarse de la tutela del Chivustiano y los titánicos esfuerzos que sus seguidores, abiertos o camufleados, hacian para evitar el desaguisado.

Total, mi niña, a fin de cuentas al Chivustiano terminaron mandándolo al carajo, y el viejo mañoso, nada pendejo, decidió pelarse pa´Veracruz, lugar en el que finalmente se atrincheró esperando mejores momentos ... total, si la cosa no le salía pos ... agarraba un barco y se pelaba de México ...

En Aguascalientes se acordó la destitución del barbas de chivo, nombrándose como jefe del Poder Ejecutivo a mi general Eulalio Gutiérrez, y dejando vestido y alborotado al ingenuote baboso del Villarreal que andaba como guajolote todo contentote, suponiendo, el ingenuo, que seria nombrado presidente de la República ... ¡Pobre general Villarreal, tan inteligente y a la vez tan pendejo!

Y ¡zácatelas mi niña! pos que no se dejan venir pa´la ciudad de México los convencionistas. Si, asi fue, una vez designado mi general Eulalio como presidente, pos se ordenó la movilización de las fuerzas revolucionarias para la capital. Y pos que se dejan venir pa´México. La cosa, mi niña, presagiaba tormenta ...



VI

Un movimiento brusco de Jimeno, acompañado de tremendo ronquido, espantó a Anastacia.

¡Válgame Dios! exclamó alarmada. Después, esbozo una sonrisa y pensó: ¡Ah que mi Jimeno, siempre con sus impertinencias!

Costole trabajo volver a sumirse en sus recuerdos, pero finalmente lo logró.

De nuevo estaba frente a su abuelo, aunque ya no en su recamara sino en el comedor de la casa. El viejo saboreaba una espumosa taza de chocolate y ella prácticamente ruñía un delicioso churro.

Y entre sorbo y sorbo, el mienta madres inició uno de sus tantísimos monólogos, centrándose, en aquella ocasión, en la actuación de los convencionistas una vez instalados en la ciudad de México.

¡Ay mi niña!, si hubiera usted visto ... Parecía que todo iba sobre ruedas. Las anexiones al gobierno convencionista realmente eran mayoritarias. De todas partes de la República comenzaron a llegar telegramas de un montón de generales, felicitando, apoyando y uniéndose a la alternativa convencionista. Don Eulalio estaba que no cabia de gozo. ¡Imagínese, parecía que todo aquel argüende generado por el señor Carranza, se habia superado precisamente con su separación del cargo! Por lo menos así parecía, aunque ...

Y el mienta madres detuvo en seco su monólogo. Y mirándola fíjamente con aquellos ojos suyos tan verdes y expresivos, dejó escapar un involuntario lamento al que siguió un conato de tos.

Anastacia se espantó pensando que algo le iba a pasar al viejo, y alarmada de inmediato le ofrecio un vaso de agua.

El mienta madres no se hizo del rogar, y tomando el vaso apuro su contenido.

Acto seguido, garraspateo limpiándose la garganta y ya apaciguada la tos, reinició su charla.

¡Las acciones impulsivas y los desplantes de mi general Villa dieron al traste con todo! Esa fue la puritita verdad. Duele quizá el decirlo y mucho más el reconocerlo, pero fueron las locas y descabelladas actitudes de mi general Villa lo que jodio todo. El muy cabrón se pasó de rosca y pos ahi que se la pasa dándole órdenes a don Eulalio, el que pos ya ni sabia si era de dia o de noche, porque así lo traia el llamado Centauro del Norte ... No, eso si que ni que ... El cabroncito de mi general Villa llegó a sentirse la mama de los pollitos. Y con sus pendejadas pos les dio rete harta cuerda a sus enemigos, quienes, asustados, pos corrieron a buscar esconderse bajo las faldas del Chivustiano. ¡Y ahí tiene usted que lo que hasta entonces habían sido anexiones y felicitaciones, no tardaron en convertirse en repulsas y defecciones. Pos si, como no, si el cabrón de mi general se pasó de raya.

Por otro lado estaba mi general Zapata, el que, dicho sea con toda imparcialidad y justicia, pos tampoco canto mal las rancheras.

Cuando se juntaron mis generales Villa y Zapata, allá, a finales del catorce, en Xochimilco, cuentan los que estuvieron en aquella junta que todo se les fue en planes militares de cómo ponerle en su madre al Chivustiano y sus achichincles, parecía que el par de cabroncitos ni cuenta se daba de lo que realmente estaba pasando, y de lo que habia que instrumentar para seguir, viento en popa en pos de los ideales de la revolución. Para ellos todo era echar balazos y ponerle en la madre al oponente. Y no crea usted, mi niña, que los de la bola no mas estábamos como pendejos pa´ver que ocurrencias se le venían a sus cabezas. ¡No! ¡Nada de eso! Lo que pasaba es que ni chance teniamos de opinar, y además todos andábamos con un miedo de la chingada porque entre los seguidores de mi general Villa y de mi general Zapata llegaron a darse dos que tres agarrones que ni le cuento. Las venganzas y cabronadas estaban a la orden del día. Y como todos andaban armados, pos ya se imaginara usted, mi niña, los desmadres que armaban.

El mienta madres hizo una pausa, tomo su taza de chocolate y dándole un gran sorbo, la saboreo realmente con gusto.

Anastacia estuvo a punto de soltar la carcajada ante la actitud del viejo, el cual cambiaba sus facciones de acuerdo a como se adentraba en su narración.

Parecía un merolico en la plaza, pensó para si la Anastacia, esbozando una pícara sonrisa que no pasaria desapercibida por su abuelo, el que respondiole cerrándole un ojo y soltando una sonora carcajada, para continuar, de inmediato, con su interminable peroración.

Si, mire, mi niña, el asunto era que tanto mi general Villa como mi general Zapata andaban, de plano, en la pendeja. Cuando en Aguascalientes se propuso formar una comisión pa´que fuera a invitar a mi general Zapata pa´que se uniera a la Convención, no crea usted que fue asunto sencillo. ¡No! ¡Qué va! Si los del Ejército Libertador del Sur sabian hacerse rogar los muy cabrones. Siguieron una pendejada que no soltaron hasta salirse con la suya. Tanto el Licenciado Soto y Gama como el periodista Paulino Martínez, estaban tercos en que si no rendía vasallaje la Convención a su chingao Plan de Ayala, pos no mas nones cabrones. Asi como se lo digo mi niña. Estuvieron chinga que chinga, dale que dale con su pendejada del Plan de Ayala. Total que los convencionistas con el fin de no desairar a los del Ejército Libertador del Sur y adjuntarlos a la Convención, cedieron en relación con el pinche planecillo ese, mandando al carajo al Plan de Guadalupe y jurando fidelidad a las pendejadas del Plan de Ayala. ¡Asi de jodida estuvo la cosa, mi niña! ¡Cómo si hubieran sido más importantes las pendejadas que se decían en ese documento, frente al proceso que se estaba generando con la formación de la Convención! Muchos asi lo pensábamos pero ... pos la verdad no nos atrevíamos a decirlo en voz alta por miedo a que los cabrones sureños nos partieran la madre. Y es que, mi niña, no va usted a creérmelo, pero eran tercos como mulas los pelados.

Y de pronto, como si le hubiera faltado cuerda, el mienta madres se quedó callado. Con la mirada perdida ...

Como que se le fue la onda, pensó Anastacia, dando gracias al cielo por aquella inexplicable interrupción que salvabala de seguir aguantando las impertinencias del vejete.

Ni tarda ni perezosa, aprovecho la tan magnífica coyuntura para, levantándose, dar un beso en la frente del mienta madres, retirándose rápidamente del comedor.



VII

Por aquellos días, la Anastacia habia comenzado a salir con Jimeno, al que conoció en una fiesta de su tia Gertrudis. Mayor que ella por cuatro años, Jimeno era un muchacho muy buena onda. Serio, cortés y sobre todo afable y muy divertido. La Anastacia como que sentía grillos en la panza cada que estaba a su lado. Ante él tenía unas sensaciones que le eran muy dificil de describir, y una vez que la invitó a bailar, el tan solo sentir su cuerpo cerca como que le ponía la carne de gallina.

Definitivamente el Jimeno atraia a su orbita a la Anastacia, y ella se dejaba arrastrar.

El día que el Jimeno la invitó al cine, la Anastacia no cabia de gozo. Andaba toda alborotada, presumiendo que ya iba a ir al cine con su novio, porque asi fue como de buenas a primeras a la Anastacia se le ocurrió andar ventaneando al Jimeno como su novio. Por supuesto que eso la hacia ser el centro de atención de sus amigas y de toda la clase en su escuela. No cualquiera podia andar pavoneándose de tener, a sus trece años, un novio como el Jimeno, un muchacho adolecente en toda forma.

Pero aquella idita al cine muy lejos estuvo de ser la cita ideal que imagino Anastacia, ya que las cosas tomaron un rumbo que ella no había previsto. El Jimeno como que se pasó de raya y anduvo de un agarrón insoportable. Todo fue cosa que se apagaran las luces y que comienza el forcejeo. Por un lado el Jimeno intentando a toda costa meterle mano en donde podia, y del otro la Anastacia presentando una, al principio, feroz resistencia, evitando a toda costa los intentos de tocamientos realizados por Jimeno. Finalmente el muchacho se salió con la suya y le puso una manoseada a la Anastacia de pronóstico reservado. Y ella, por completo resignada, termino dejandose meter mano en donde el Jimeno queria.

De la película, ninguno de los dos la vio, pues todo se les fue en sus forcejeos, y ya casi al final la Anastacia hubo de soportar la lengua del Jimeno en su boca, cuando éste, aprovechando un descuido, le dió un besote que la dejó anonadada.

El cambio de actitud de Anastacia fue enorme a partir de aquella cinéfila cita. Como que toda ella cambio, inclusive físicamente. Sus caderas se ensancharon y sus senos se robustecieron de manera notoria. Ella se percataba de sus cambios físicos al percibir las miradas de los chicos, y ella misma comenzó a fijarse más en ellos. Total que la Anastacia empezó a tener un caudal de admiradores nada despreciable. A las fiestas y a los bailes ya no sólo el Jimeno la invitaba, sino que había otros galanes que andaban igual tras sus huesos, y ella, muy recatadita pero bien que se dejaba querer, llegando incluso a jugar de manera temeraria con los sentimientos del pobre del Jimeno. Coqueteaba con Raul y Fernando e incluso delante del mismo Jimeno.

Raúl le atraía mucho más que Fernando, sobre todo por su físico. Era un muchacho tan sólo un año mayor que ella, pero físicamente parecía llevarle como ocho. Su musculatura, totalmente desarrollada, hacia que la Anastacia de hecho se derritiera en su presencia.

Una vez también el Raúl la invitó al cine, y la Anastacia por supuesto que acepto, pero a escondidas, sin que ninguna de sus amigas o conocidas se diera cuenta, y eso porque temía que el Jimeno se enterara y la armara de tos. Raúl, muchacho experimentado en eso de las chicas, bien que se dió cuenta de todo, por lo que, para facilitarle las cosas a Anastacia le propuso una película que pasaban en un cine bastante alejado de las zonas que la Anastacia frecuentaba, y ella, encantada, aceptó.

Aquella idita al cine fue muy diferente a la que en un pasado reciente habia tenido con Jimeno, porque en esta ocasión tanto ella como Raúl sabían a lo que iban, y para nada rehuian las consecuencias. En aquella ocasión no hubo forcejeo, ni lucha, ni nada parecido. Ahí si que a lo que te truje Chencha, y desde que se apagó la luz comenzaron los fajes, tocamientos, chupetones y todo lo sexualmente imaginable, por ambas partes. El Raúl y la Anastacia se servían el postre con la cuchara del mole dándole vuelo a los besos y lamidas. Fue ahí, en aquella cita que la Anastacia pudo comprobar cuál era la diferencia fisica fundamental entre un hombre y una mujer, al haber experimentado, por primera vez en su vida, el tocamiento de un pene. Como yegua desbocada, la Anastacia le dió vuelo a la hilacha sirviéndose a sus anchas con el pene del Raúl, que estrujaba y jalaba con frenesí.

El pobre muchacho, no obstante toda su experiencia, materialmente jadeaba buscando evitar el desaguisado de una violenta eyaculación. Luchó como desesperado, pero finalmente hubo de rendirse ante los malabares de Anastacia quien, sin tener conciencia de ello, provocó la temida eyaculación del Raúl, siendo la primera sorprendida de sus manoseos. La pobre ingenua muchacha no acababa de entender qué demonios era aquel líquido blancusco y viscoso que su objeto sexual, el Raúl, le había desparramado en plena mano, embarrándole su brazo e incluso su vestido. Con asco y repugnancia soltó el pene de Raúl emitiendo un ahogado grito de repudio.

Aquella traumática experiencia dejó sacada de onda a la Anastacia por algunos meses.

A Raúl no volvió a verlo después de aquello, y él, ni el intento hizo de tratar de buscarla.

Nadie de sus amistades y conocidos supo algo de aquello, y ella tuvo la prudencia de guardarlo con llave en el arcón de sus recuerdos.



VIII

Sentado cómodamente en la sala, el mienta madres estaba felíz ante la visita de Anastacia, a quien hacia ya semanas no habia visto.

La muchacha, en mucho debido a sus obligaciones escolares, habia dejado de acudir a sus citas con el mienta madres, al que ya tan sólo veía de manera ocasional. Eso habia conducido a su abuelo a volver al ensimismamiento, a sentirse nuevamente solo, y ella bien sabia que eso estaba mal, por lo que aquella tarde se había hecho la promesa de pasarla con el viejo.

El mienta madres, estaba listo para continuar con sus monólogos ante su nieta. En esa ocasión buscaba trasmitirle sus recuerdos sobre lo que ocurrió con la Convención a la huida de don Eulalio Gutiérrez.

¡Ay mi niña! expresó de manera lastimosa el mienta madres, ¡Si hubiera estado usted ahí! La verdad que fue bien triste lo que ocurrió. Mi general Villa, por completo desquiciado con sus pendejadas, pos como que se le ocurrió ponerle arresto domiciliario a don Eulalio. ¡Imagínese! ¡Dónde se ha visto que un subordinado se imponga a un presidente! Pos el cabrón de mi general Villa asi actuó. Y no hubo nadie que le pusiera un alto, que le aconsejara, que le dijera el costo de la pendejada que estaba haciendo. ¡No! Movido por sus pinches impulsos locos, se le metió en la cabeza que don Eulalio lo estaba traicionando, y eso porque el cabrón del Chivustiano, al darse cuenta de las tropelias del Villa, pos busco atraerse a don Eulalio con el consabido: Ya vez, te lo dije ... Y el pobre del don Eulalio que realmente se habia creido que era el presidente de la Convención pos por supuesto que le hizo caso al barbas de chivo, y el Villa, que era un zorro en esto de los complots, pos andaba todo inquieto, y de ahi fue que tomó la determinación de meterle arresto domiciliario a don Eulalio, el que, de manera desesperada, prefirio pelarse con un grupo de sus seguidores, abandonando la ciudad de México y proclamando que con su salida de la ciudad, el gobierno por él representado se trasladaba a otra ciudad.

Lo triste de todo aquello es que no hubo nadie que tomara en serio las palabras y los dichos de don Eulalio. ¡Asi de jodida estaba la cosa! Su salida de la ciudad de México fue por todos vista como una simple huida a la furia del Centauro del Norte. De ratero, traidor y cabrón no bajaron los villistas al pobre de don Eulalio. A quien llegaron a señalar como un pinche achichincle del Chivustiano y el Obregón. Total, que ya habiendose hecho del poder, los villistas nombraron a uno de los suyos como presidente, tocandole la designacion a mi general Roque González Garza. Individuo muy recto y decente, eso que ni que, pero que sobre su cargo cargaba el antecedente del descarado dedaso, o sea que no habia sido elegido por la Revolución en pleno, sino solo por una parte de ella representada por la División del Norte.

Con tal actitud, mi general Villa desbarató todo lo construido en cuanto a acercamientos y puentes de entendimiento, poniendo las cosas al borde de la guerra civil. ¡Qué digo al borde! ¡Aventándola de plano al precipicio de la matanza entre hermanos!

A partir de ahí, la situación no tenía más salida que la guerra. La única alternativa que quedó después de aquella temeraria imprudencia, fue la de ponerle en la madre a los ejércitos fieles a don Venustiano, los cuales aumentaron su membresía rápidamente.

Mi general Villa convirtiose en el centro de los odios y en el villano de la película. Villa acabó siendo, para infinidad de revolucionarios, un soberano cabrón cuya única finalidad era la de controlar la revolución sin ninguna oposición.

El mienta madres detuvo su peroración, y aclarando su garganta, pidió a su nieta le llevara un vaso de agua.

Anastacia, se apresuró a satisfacer la orden de su abuelo, trasportándose a la cocina.

De regresó, noto a su abuelo sumamente cansado ... a tal grado que le produjo temor su estado.

¿Qué le pasa, abuelo? le preguntó tímidamente.

No sé, mi niña, respodió el viejo. De un tiempo para aca, como que se me baja la bateria. A veces me siento muy debilitado. Ha de ser cosa de los años mi niña. Y diciendo esto como que se le cerraron los ojos y soltó un enorme bostezo.

Anastacia comprendió que lo más prudente era dejar descansar al viejo, por lo que, arropándolo con una frasada que encontró ahí, le dió un beso en la frente y se despidió prometiéndole volver a verlo en muy poco tiempo.



IX

Anastacia, sentada, boquiabierta; y el mienta madres, parado frente a la tarja de la cocina, escenificaban una particular conversación.

Anastacia, que desde hacia algunas semanas no veía al mienta madres, llegó relativamente temprano, puesto que al no haber tenido la clase de geografía, acudió con su abuelo una hora antes de lo previsto, encontrándole en la cocina lavando los trastes de la comida.

El viejo hallábase felíz de la visita de Anastacia, puesto que realmente la extrañaba. Asi que de inmediato, sin que mediara preámbulo, inició uno de sus acostumbrados monólogos en torno a la Soberana Convención Revolucionaria, precisándole a su nieta que en esa ocasión le contaria las gravísimas consecuencias que las impulsivas y locas actitudes de Francisco Villa atrajeron para con aquel interesantísimo proceso.

Desgraciadamente las pendejadas y aceleres de mi general Villa dieron al traste con todo lo que se habia logrado. Cuando Eulalio Gutiérrez se vió obligado a salir huyendo de la ciudad de México, las defecciones a la Convención llegaron a montones. Decenas, y decenas y decenas de generales ordenaron a sus representantes que se retiraran de la Convención, y estos, al ser subordinados, pos tenian que obedecer las órdenes de sus superiores. Y asi fue como la Convención que estaba en pleno ejercicio discutiendo la estructura social, política, cultural y económica que debía de emerger como producto de la revolución mexicana, casi se desbarata, quedando tan sólo albergando la representación norteña, esto es, el grueso del ejército de la División del Norte, y la sureña, o sea la amplia gama que formaba el Ejército Libertador del Sur y Centro de la República Mexicana, además de algunos otros generales. porque el grueso de la representación convencionista, defeccionó a raíz de las pendejadas de mi general Villa.

Ante la situación desatada por las locuras de Villa, todo quedó listo para la guerra civil. Cuatro grandes cuerpos de armas iban a participar en aquella guerra. La División del Norte, comandada por Villa; el Ejercito Libertador del Sur y Centro de la República, comandado por Zapata: el Ejército de Oriente, comandado por Pablo González, y, el Ejército de Occidente, comandado por Obregón. Los dos primeros representando a la Soberana Convención Revolucionaria; y los dos últimos, al bando constitucionalista.

En medio de aquella lucha fratricida, la Soberana Convención desarrollaba sus sesiones de trabajo en la ciudad de México, instaurando un regimen parlamentario, mientras que el señor Carranza despachaba, como titular del Ejecutivo, desde la ciudad de Veracruz, reafirmando un regimen presidencialista.

En aquellas fechas llegó a considerarse el traslado de la Soberana Convención a tierras chihuahuenses, ya que a decir de algunos mandos militares, en aquella zona se podria proteger mejor la labor de la Convención, sin embargo tal idea fue deshechada porque aparte de los terribles inconvenientes que representaba el realizar un viaje tan largo, tácitamente se dejaría fuera de la Convención a los sureños, quienes de ninguna manera iban a trasladarse a region tan lejana.

Asi las cosas, la suerte de la Convención estaba echada: habría de aguantar a pie firme las intentonas desestabilizadoras de los constitucionalistas, puesto que muy lejana se veía la posibilidad de que los ejércitos de la Convención lograsen tomar el puerto de Veracruz, única posibilidad real que tenían para poder desbaratar al constitucionalismo. Era mucho más probable que los constitucionalistas tomaran la ciudad de México a que los convencionistas tomasen la de Veracruz.

Si, mi niña, no obstante que un tiempo hubo en que las fuerzas leales a la Convención prácticamente abarcaban a la República en su conjunto, las locuras y aceleres de mi general Villa cambiaron radicalmente aquel panorama.

Mantener la ciudad de México no era cosa sencilla, antes al contrario, representaba, militarmente hablando, un terrible problema, ya que inmovilizaba y distraía importantes núcleos de tropa, cuya presencia en otras zonas y regiones era mucho más importante. No olvide, mi niña, que al ser la ciudad de México, la capital de la República, pos el cuerpo diplomático de todos los países con los que México tenía relaciones se encontraba ahí, y pos habia que protegerlos, además de que la población de la ciudad pos era de las más grandes de México y había que ofrecerles vigilancia, alimentos, servicios. No, si eso de haberse quedado en la ciudad de México representó todo un problemón.

Las sesiones de la Convención se desarrollaban puntualmente, habiéndose formado dos bandos que por lo general discutían entre ellos. Por un lado los norteños, y por el otro los sureños. Las posiciones ideológicas estaban francamente enfrentadas, lo que fácilmente puede usted ver si encuentra algun acta de las sesiones que hubo. Lo que es norteños y sureños se daban hasta por debajo de la lengua a través de extensísimos discursos. ¡De que rollaban, rollaban! Pero mientras unos rollaban y grillaban, otros se la pasaban en campaña partiéndose la madre con los del bando contrario. Total que la Convención fatalmente se dividio entre el elemento propiamente militar y el elemento político.

Los mandos que entraban en campaña militar, pos ni en cuenta tenían el montón de pendejadas que se discutía en las sesiones convencionistas; y a la inversa sucedía igual: los que discutían con pasión y entrega la estructura política. social, económica y cultural que debiera establecerse en México, pos ni en cuenta tomaban a los cabrones que a balazo limpio se la rajaban en los campos de batalla. ¡Eso fue una tragedia mi niña, una auténtica tragedia!

Finalmente lo que se temía que pasara, pos pasó ... y los convencionistas hubieron de abandonar la ciudad de México retirándose a Cuernavaca para seguir, allá, con sus sesiones. Y en el terreno miltar los ejércitos de la Convención fueron, de a poquito a poquito perdiendo terreno, tanto por las pendejadas tácticas de los sureños, asi como por su particular manera de pelear.

Mire, mi niña, un dato muy triste fue cuando el tunco de La Trinidad tomó Puebla. Las fuerzas del Ejército Libertador del Sur y Centro de la República, que la custodiaban, ascendían a más de cinco mil elementos; a contraparte, el tunco de La Trinidad, el general Obregón, tan sólo tenía un poco más de quinientos ... y ¿qué fue lo que ocurrió? Pos que los más de cinco mil salieron como almas que se lleva el diablo, corriendo como desesperados con la cola entre las patas, al enterarse del arribo de lo quinientos obregonistas. ¿Cómo fue posible aquello si numéricamente eran muchísimos mas? La respuesta es sencilla. Las fuerzas de mi general Zapata estaban conformadas como por una especie de confederación de comunidades, pero los miembros de cada comunidad tan sólo tenían consciencia de sus pares, esto es, sólo se fiaban de los miembros de la misma comunidad, ya que a los otros los veian como extraños. Asi que cuando los obregonistas, que si tenían una conciencia conjunta de cuerpo militar, llegaron con sus quinientos elementos, los zapatistas vieron que ellos eran muchísimo menos porque tan sólo tomaban en cuenta sus propios vecinos y no a los de las otras comunidades. La falta de una concepción corporativa de ejército era lo que los hacia sentirse inferiores en número. Pero aquello que pasó en Puebla verdaderamente fue patético, ya que descontroló por completo a las fuerzas convencionistas y elevo al séptimo cielo a los constitucionalistas. Fue una derrota espantosa, no por la pérdida de elementos o material de guerra; ni siquiera por la pérdida de la plaza de Puebla, sino por lo que representó y evidenció.

Asi las cosas, todo indicaba que tarde o temprano, en el terreno exclusivamente militar, terminaría perdiéndose.

Visiblemente cansado, el mienta madres detuvo su perorata y, como ya venía siendo en él costumbre, se quedó callado mirando al vacío.

Anastacia comprendió que había llegado la hora de retirarse, por lo que acercándose al abuelo, diole un beso en la mejilla y le dejó en la cocina ...



X

Aquella tarde, cuando Anastacia llegó de visita con su abuelo, lo encontró algo fatigado.

¿Qué le pasa, abuelo? Le preguntó intrigada.

La mera verdad no sé, mi niña, pero desde hace días como que no me he sentido bien. Apenas me levanto y ya estoy cansado. Yo creo, mi niña, que lo que me pasa es que ya estoy viviendo horas extras ...

¡No diga eso! Intervino tajante Anastacia, mientras un escalofrio recorría su cuerpo.

Anastacia no podía hacerse tonta. Era más que evidente que el mienta madres no estaba bien, y que, muy probablemente ello estuviera relacionado a su avanzada edad.

Perdone, abuelo, díjole Anastacia, pero ... pos ¿cuantos años tiene?

El mienta madres respondíó con una apagada carcajada, precisando:

Pos la mera verdad, mi niña, ya perdí la cuenta. ¡Imagínese! Que yo me acuerde he de andar como por los noventa y tres, si no es que mas ...

La Anastacia peló los ojos y viéndolo de arriba a abajo, puso una cara de interrogación que hizo reir al vejete.

Bueno, bueno, mi niña, ya estuvo bien de andar curioseando con las intimidades de uno, ¿qué le parece si mejor volvemos a lo nuestro?

Sin pronunciar palabra, Anastacia asintio con un movimiento de cabeza.

Ta´bueno, pues ... ¿Qué le parece si ahora le cuento lo que sucedió cuando la Convención se trasladó pa´Cuernavaca?

Pos ta´bien, respondio Anastacia tomando asiento junto a su abuelo.

El viejillo pareció reanimarse, y felíz se dejó caer en el sofá para, tomando aire, iniciar su charla.

Pos si, mi niña, militarmente la Convención era un desastre. La comunicación entre los diversos cuerpos armados era muy pero muy deficiente, y de ahí que los movimientos tácticos pos francamente no existían. Cada general movía sus fuerzas a la buena de Dios. A veces le atinaban poniéndoles unas tremendas tundas a los constitucionalistas, pero la mayoría le erraban, y eso propiciaba que aunque fuera poco a poquito, pos los ejércitos de los constitucionalistas se atrincheraban bien colocándose donde debían. Desgraciadamente las fuerzas militares convencionistas eran un auténtico desastre, porque además de que cada chango andaba colgado de su mecate y de que no´mas no habia la comunicación debida entre ellos, cada general se planteaba sus objetivos, o sea que la carencia de un plan común era harto evidente. El general Villa traia su rollo, y el general Zapata el suyo, además de que los generales intermedios pos a veces se enteraban de lo que querían sus altos mandos, pero la mayoría de las veces no. Y asi, mi niña, pos ¿cómo querían ponerles en la madre a los constitucionalistas? La verdad que estaba de la puritita chingada.

Las sesiones de la Convención, allá en Cuernavaca, fueron de lo más lucidas y productivas que pueda usted imaginarse. El rollerío fue inmenso. Discursos iban y venían, e incluso los sureños aprovecharon el momento pa´mandar al carajo al General Roque González Garza y nombrar, como presidente de la Convención, al Licenciado Francisco Lagos Cházaro, personaje de ellos, de su mera confianza. Asi que los sureños, pos como que se hicieron por completo de la Convención, aunque en el terreno militar las cosas estaban pa´llorar.

Todo indicaba que la situación, militarmente hablando, estaba más que madura pa´que en breve se desataran combates cruciales, en los que el que perdiera se lo iba acabar llevando la chingada. Y las cosas no parecían inclinarse a favor de los ejércitos convencionistas. Ante eso, muchos generales tanto de Zapata como de Villa pos como que sin querer queriendo iban viendo la manera de entrar en contacto con los constitucionalistas pa´ir arreglando detalles en caso de rendición. Fueron pasos bien temerarios los que dieron esos generales, ya que sentaron las bases pa´que cundiera, además del desánimo, la desconfianza, en el seno convencionista. Y pos ni mi general Zapata, ni tampoco mi general Villa se tentaron el corazón pa´mandar fusilar a los que consideraban traidores.

Ese fue otro grandísimo problema, porque, mire usted, mi niña, por ejemplo, mi general Zapata se reventó ni más ni menos que al general Otilio Montaño, a quien sin miramientos mandó fusilar por considerar que el Otilio andaba en pláticas con los obregonistas, pactando rendiciones. La cosa siempre quedó en duda porque no se pudo probar a ciencia cierta si de lo que acusaron a Montaño era verdadero pero, no mas vea a que grado llegaron las cosas ... Montaño habia sido un elemento importantísimo en el desarrollo de los sureños, y la verdad que no se merecía el haber acabado ante un pelotón de fusilamiento de sus propios hermanos. Pero pos a ese grado habían llegado las cosas.

A otro que se reventó fue a mi general Francisco Pacheco, ni más ni menos que el mismísimo Ministro de Guerra de la Convención. La acusación fue que pos andaba en pláticas de rendición con el general Pablo González, y acabó mandándolo fusilar. ¡Imagínese nada mas qué cosas!

Por su parte, mi general Villa, ¡nada más mandó despachar a Tomás urbina! ¡Imagínese usted! Urbina, el que había sido su uña y carne. Inseparables desde un inicio. ¿Quién iba a imaginar que terminaría como terminó? No, mi niña. Si la situación realmente se habia vuelto un relajo.

Luego vino el desmadre de las batallas de Celaya, La Trinidad y León, donde el cabrón de Obregón acabo poniéndole en toda su madre a Villa, y pos de ahí pa´l real a la Convención se la cargo la chingada.

Nosotros, mi niña, recibimos la orden de movilización en Toluca. Debiamos de abandonar la plaza y escoltar al presidente Francisco Lagos Cházaro, en una retirada táctica, pa´evitar que los del Ejército de Oriente, encabezado por el de los lentes de ciego, el General Pablo González, pos apresara al gobierno convencionista y nos pusiera en toditita nuestra madre. Asi que, dirigidos por mi general Benjamín Argumedo, nos movilizamos de inmediato. Nuestro destino era Ixtlahuaca, pero ahí nos estaban esperando los cabrones constitucionalistas y de plano nos sorprendieron dándonos una buena partida de madre, pero no acabándonos ...

Nos repusimos y logramos pelarnos pa´la huasteca, donde nos internamos y ... pos ahí la llevábamos, aunque traiamos a los Constitucionalistas pisándonos los talones. Nuestro objetivo era pelarnos pa´l norte agrupándonos con las fuerzas en retirada de mi general Villa, pero en Zacatecas nos alcanzaron los cabrones constitucionalistas y en un lugar llamado La Gruñidora nos pusieron una partida de madre que ni le cuento ... Ahi si que cada quien corrió por su vida. El Lic. Lagos Cházaro se peló acompañado por un pequeñito grupo de compas, y yo me segui con mi general Argumedo dirigiéndonos pa´Durango, zona que mi general conocía como la palma de su mano y en la que de plano los constitucionalistas no iban a poder agarrarlo ...

¡Y así fue, mi niña! Nos les pelamos a los cabrones constitucionalistas, quienes ni el intento hicieron de seguirnos cuando nos metimos en los desiertos duranguenses.

Después la cosa se puso bien fea. Hubo una serie de actos asquerosos, pos gente de nosotros mismos, vio la manera de traicionar a mi general Argumedo, y pa´no hacerle más largo el argüende, acabaron traicionándolo ocasionando que lo detuvieran y se lo reventaran fusilándolo ...

De pronto, el mienta madres se puso a sollozar, para terminar llorando como bebe.

Anastacia, alarmada, levantóse de su asiento y de inmediato tomó a su abuelo entre sus brazos buscando reconfortarlo.

¡No pasa nada, abuelo, no pasa nada! ¡Cálmese, cálmese! Le decía en tono imperativo buscando sacarlo de ese estado de postración en que había caído.

El mienta madres chillaba a pulmón abierto, moqueando y tosiendo. Era tal su estado, que Anastacia llegó a temer por la vida de su abuelo. Pero, para su tranquilidad, después de algunos momentos de estar chillando, poco a poco el mienta madres fue tranquilizándose, hasta quedarse totalmente dormido.

La Anastacia lo colocó en el sofá arropándolo, pero sin atreverse a marcharse, quedose velando su sueño ...



XI

Cuando el mienta madres despertó, se encontró a Anastacia dormida junto a él. La muchacha no había querido dejarlo solo.

Con lentos movimientos, el mienta madres, sigiloso, se levantó teniendo cuidado de no despertar a Anastacia, la cual dormia profundamente.

Con su respiración cansada, el mienta madres se quedó contemplando a su nieta, mientras esbozaba una sonrisa y de sus ojos escurrian un par de lágrimas.

¡Qué linda chiquilla tengo como nieta, verdad de Dios! murmuró para sí, al tiempo que se encaminaba a la cocina.

Puso a calentar agua y busco las bolsitas de te. Acostumbraba tomar un te de hierbabuena por las tardes, porque le hacia sentirse bien. De hecho preparó dos tazas, no olvidando a su invitada.

La tarde se desvanecia y la noche irrumpía cuando Anastacia se despertó.

¡Ay canijos! ¿Pos qué hora será? Balbuceó al tiempo que se incorporaba.

El mienta madres terminaba los preparativos de la ceremonia del te, colocando las bolsitas en las tazas y virtiendo agua hirviendo.

¿Qué tal durmió mi bella durmiente? le dijo a Anastacia a la vez que sonreia.

La muchacha buscaba arreglarse el pelo a la vez que se desarrugaba el vestido.

¡Huy abuelo! Creo que ahora si que se me hizo muy tarde.

No, qué va, espérese y tómese conmigo un tesito, va a ver que le caerá muy bien, respondiole el mienta madres.

No, abuelo, creo que mejor me voy. Mi mamá va a estar preocupada.

No tiene porque estarlo, le respondió el mienta madres. Ella sabia que usted vendria pa´ca, ¿no?

Pos si, respondió Anastacia. Pero de todas maneras ... pos ya es muy tarde ...

No, no, no ... andele, tómese su tesito y luego se va. ¿Qué le parece?

Ta´bueno abuelo, respondió la Anastacia.

Y el viejillo, felíz de la vida, se sentó frente a ella colocando las tazas de te y la azucarera, para empezar, nuevamente, con su sempiterno rollerio ...

Mire, mi niña, ya pa´terminar tan sólo le comentaré algo que a nadie, absolutamente a nadie le he dicho desde aquellos años ...

Anastacia lo miraba fíjamente, sin tener la menor idea de lo que iba a comunicarle el vejete.

Cuando salimos de Toluca, empezó el mienta madres, se corrió el chisme de que el Licenciado Lagos Cházaro, cargaba con él, el tesoro de la Convención, hablándose de algo asi como ciento veinticinco mil pesos oro. El chisme corrió como reguero de pólvora entre todo el destacamento que lo custodiábamos. Incluso se decía que mi general Benjamin Argumedo era el encargado directo de salvaguardar aquel dinerito.

Pos quién sabe si aquello seria o no cierto, pero en toda la travesía no hubo nadie de nosotros que se percatara directamente de la existencia de aquel supuesto tesoro. Ni cuando nos tundieron en Ixtlahuaca, ni tampoco cuando nos corretearon por la huesteca, menos aun cuando nos dieron hasta por debajo de la lengua en La Gruñidora. Nadie, absolutamente nadie, vio nunca ese supuesto tesorito.

Después de lo de La Gruñidora, en donde cada quien corrió pa´donde pudo, se regó el chisme de que quien se había quedado con el oro, no había sido otro que mi general Benjamín Argumedo ... Pero le juro mi niña, que yo jamás vi nada de ese oro ... Y pos yo fui de los pocos que jalamos con mi general Argumedo internandonos en los desiertos duranguenses.

Todo ese chisme del oro de la Convención no fue mas que un pinche rumor pendejo ... El único tesoro de la Convención que realmente existió estuvo siempre bien guardado en nuestros corazones mi niña, en los corazones de los que como yo, siempre hemos creido que la única alternativa real que hubo en aquellos tiempos revolucionarios no fue otra que la tentativa convencionista.

Mire, mi niña, en este corazón de viejo carcamán es donde realmente esta el famoso tesoro de la Convención, al igual que lo estuvo en el de muchos que como yo dimos todo por tratar de mantener aquella esperanza ...

Perdimos, mi niña, perdimos ... de eso no hay duda, pero en nuestros corazones todavía late algo de aquella esperanza, de aquella euforia, de aquella noble alternativa ... A mi no tarda en cargarme la huesuda. En poco tiempo voy a chupar Faros, mi niña, pero usted, cuando eso pase, no´mas acuérdese de que el tesoro de la Convención lo van a enterrar conmigo, ¡porque ese tesoro esta aquí! dijo poniéndose la mano en el pecho ...

El lejano canto de un gallo sacó a Anastacia de su profunda meditación, distrayéndola y advirtiéndole que pronto amanecería. Jimeno, continuaba dormido como bendito, y ella, que habia pasado toda la noche en vela enredada en sus recuerdos de las conversaciones con su abuelo, esbozo una sonrisa de felicidad.

Pensándolo bien, se dijo, hoy mismo le llevare flores al abuelo, creo que hacerle una visita me vendrá bien.

A los tres meses y una semana de aquella su última reunión, el mienta madres fue encontrado muerto en su cama. La huesuda como él acostumbraba llamarla, le habia sorprendido mientras dormía. Murió apaciblemente, sin sobresaltos, dejándole a su nieta un titipuchal de papeles y periódicos viejos, en los que, incluso, el mismo aparecía en las fotos, montado en su caballo y con dos cartucheras cruzándole el pecho. De aquellas fotos, Anastacia habia escogido una en la que, a su decir, el mienta madres se veía re´guapo, mandándola enmarcar y colocándola en la sala de su casa.

Con la mirada perdida, Anastacia escuchaba claramente la voz de su abuelo exclamando: el tesoro de la Convención esta aquí, en nuestros corazones, acuérdese bien de esto mi niña ...

Octubre de 2014
Omar Cortés

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LA BANDA DEL
AUTOMÓVIL GRIS


En el devenir de los grupos deliquenciales existentes en la ciudad de México, la en otra hora famosa Banda del Automovil Gris, inmortalizada gracias a la elaboración de la cinta cinematográfica, guarda una importancia particular.

Habiendo tenido como marco de referencia de sus fechorias los años de 1914 y 1915, contituyó un grupo delictivo que enfrentó y fue perseguido por dos gobiernos: el gobierno de la Soberana Convención Revolucionaria y el gobierno Constitucionalista.

Aprovechándose de la situación caótica que durante aquellos años privó en la ciudad de México, la Banda del Automóvil Gris implantó el terror entre las gentes pudientes de aquel entonces, acaparando los titulares de la prensa y creando zozobra entre la gente de bien residente en las colonias de alcurnia de la ciudad capital.

Camufleándose como miembros de las fuerzas armadas -ya fuese del ejército convencionista o constitucionalista-, su modus operandi seguía un cartabon bien definido: presentábanse a los domicilios que finalmente atracaban con órdenes precisas de llevar a efecto un cateo, arguyendo que en el domicilio en cuestión escondíanse armas, víveres e incluso a contrarrevolucionarios. Los documentos que para el efecto exhibian a los propietarios o poseedores del inmueble, eran auténticos, puesto que los mismos los obtenían por medio de sobornos a las mismas autoridades, e incluso llego a comprobarse la coparticipación de algunos mandos medios policiacos y/o militares en aquel enjuague.

Dificil, muy dificil es llegar a entender en qué grado causaron terror en una ciudad hartamente castigada por los acontecimientos devenientes del proceso revolucionario, que desde 1913, cuando generose el llamado cuartelazo de La Ciudadela, prácticamente no había tenido descanso en cuanto a sustos y violencias se refiere. No sé, porque no cuento con elementos para ello, cómo se desarrollaba la vida de los sectores más o menos acomodados que residian en la ciudad de México. No tengo la menor idea de cómo enfrentaban esa cotidianidad que no ha de haber sido muy agradable que digamos, sobre todo si tomamos en cuenta lo acaecido en aquellos años de 1914 y 1915, con el arribo, primero, de las avanzadas constitucionalistas, la firma de los Tratados de Teoloyucan y las consecuencias del licenciamiento del ejército federal; posteriormente, el abandono de la ciudad de México por el considerado Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, y el arribo de las fuerzas convencionistas. La llegada de las fuerzas de Francisco Villa y Emiliano Zapata, han de haberles puesto los pelos de punta a los sectores más o menos favorecidos, residentes en la ciudad de México, y que no habian tenido la oportunidad de huir, o simplemente de largarse de la ciudad.

¿Y qué decir del rollerio de Soto y Gama en las sesiones convencionistas, atacando duramente a la ciudad de México como cuna de la reacción y no se de cuantas cosas mas?

En aquella cotidianidad, ¿cómo podia sobrevivir la gente bien? ¿Cómo la pasaba? Me imagino que nada bien. Que en muchos casos ha de haber sido más que una pesadilla.

Pues bien, fue en aquel entorno, que el grupo delinquencial de la Banda del Automóvil Gris inició sus correrias.

Ladrones y bandas de ladrones simpre las ha habido, pero este gang tuvo como referente el nombrecito con el que se le bautizó, mismo que les creo una aureola digamos proclive al imaginario popular, y al haber logrado sortear las persecusiones de convencionistas y constitucionalistas, llegaron a coronarse con un místico laurel de notoriedad que le encumbró en el imaginario colectivo de la ciudad del México de aquel entonces.

Las actividades de contrabando, falsificación de moneda y acopio de armas, bienes y materiales, constituían, por aquellos años de 1914-1915, los delitos más comunes y, también, los más fieramente perseguidos, no asi los de robo; y si la Banda del Automóvil Gris se atrajo el encono policiaco tanto de las administraciones convencionista como constitucionalista, ello se debio a su modus operandi, particularmente a su camuflaje como miembros de las fuerzas armadas, lo que fue considerado como un inadmisible reto.

Las zonas o colonias en las que llevaban a cabo sus raterias, obviamente eran donde residían las gentes bien, y era en aquellos barrios en donde cundia el pánico; además eran barrios en los que con frecuencia se realizaban cateos porque los controles y venganzas políticas entre las facciones revolucionarias no dejaban pasar oportunidad de traer bien checaditos a quienes sospechaban aliados o posibles aliados de sus enemigos, asi que los integrantes de la Banda del Automovil Gris contaban con condiciones mas que propicias para realizar sus actividades.

No sé, porque por desgracia no he podido acceder a información de primera mano, cuantos atracos realizaron, pero, sin duda, fueron muchas decenas, logrando auténticos levantamientos de todo lo que de valor hallábase en los domicilios atracados. Ha de tenerse en cuenta de que tiempos aquellos eran en los que el papel moneda no tenía valor alguno, por lo que lo valioso eran los objetos, y máxime si éstos contenían algún metal como plata u oro. Asi, el cargar con vallijas, candelabros, anillos, aretes, collares, vasos, copas, ropa, etc., era lo importante. Los billetes bien podian quedárselos puesto que, lo repito, ningún valor les otorgaban.

No sé, porque tampoco cuento con información al respecto, si en sus atracos los miembros de la Banda del Automovil Gris cometieron asesinatos, quizá si, pero definitivamente si ello sucedió fue algo accidental, puesto que en su modus operandi no se contemplaba la eliminación física de las víctimas del robo.

Conformada por elementos españoles y mexicanos, la Banda del Automóvil Gris la componían: Higinio Granda, de nacionalidad española y quien fungía como jefe de la misma; Francisco Oviedo, el que venia siendo el sub-jefe del gang; los igualmente hispanos, Angel García Chao y Angel Fernández, asi como los mexicanos Luis Hernández, Manuel León, Santiago Risco, José García, Luis Loza, José Fernández, Bernardo Quintero y Rafael Mercadante. Importante es aclarar que otros elementos participaron de manera ocasional en algunos de los atracos de la banda, sin embargo, los anotados pueden ser considerados como sus elementos base.

Otra característica muy propia de la Banda del Automóvil Gris, lo fue su predisposición para atracar casas en las que residían mujeres viudas, donde tan sólo encontraban una débil resistencia por parte del personal doméstico.

Muchos de los atracos realizados nunca fueron denunciados por temor a las represalias, ya que las personas víctimas de los robos a ciencia cierta no sabían si habían sido víctimas de un asalto por parte de facinerosos o si, por el contrario, quienes les habían robado en efecto eran representantes de la autoridad. Como no eran tiempos aquellos de andar haciendo conjeturas, muchas de las familias atracadas prefirieron guardar silencio a meterse en problemas.

Finalmente, tocole al Jefe de Policía nombrado por el Constitucionalista Ejército de Oriente, al coronel Luis Amieva, coronar con éxito una investigación abierta tiempo atrás cuando la ciudad de México se encontraba bajo el resguardo de las fuerzas convencionistas, logrando la detención de varios de los miembros de la banda, quienes serían juzgados y muchos de ellos condenados a muerte.

La sentencia capital llevose a cabo el día 2 de diciembre de 1915 en los campos de la Escuela de Tiro.

Lo anterior en relación con la historia misma de este famoso gang delictivo, ahora, en lo referente a la película que aquí pongo a disposición de cualquier interesado, lo primero que he de señalar es que la misma se encuentra en el servidor You Tube, de donde la he tomado para compartirla aquí, en la Videoteca Virtual Antorcha, para que todo interesado pueda pasar momentos muy agradables de esparcimiento.

Considerada como una de la primeras películas mexicanas del cine mudo, la Banda del Automóvil Gris, fue originalmente filmada, durante el año de 1919, en cuanto serie de doce capítulos, producida por Azteca Films y Rosas y Cia, siendo dirigida por Enrique Rosas, Joaquin Coss y Juan Canals de Homs, la producción corrió a cargo de Enrique Rosas, el guión correspondió a José Manuel Ramos, la fotografía al mismo Enrique Rosas y la edición, supervisada por Enrique Rosas, la realizó Miguel Vigueras, habiendo sido estrenada con gran éxito el 11 de diciembre de 1919.

Para el año de 1933, ya habiendo fallecido el señor Rosas, se decide la edición en una sola película de los episodios originales, agregándosele música y sonido general.

En 1955, tómase la determinación de remasterizar la película, elevando notoriamente su calidad.

El reparto de la Banda del Automóvil Gris, fue el siguiente:

  • Higinio Granda ... Juan Canals de Homs.
  • Don Vicente González ... Joaquin Coss.
  • Detective Inspector Cabrera ... Juan Manuel Cabrera.
  • Francisco Oviedo ... Angel Esquivel.
  • Angel García Chao ... Manuel de los Rios.
  • Rafael Mercadante ... Sr. Miguel Angel Ferris.
  • Luis Hernández ... Valentín Asperó.
  • Rubio Navarrete ... Enrique Cantalauba.
  • Luis León ... Gerardo López del Castillo.
  • Bernardo Quintero ... Ernesto Finance.
  • Carmen ... Maria Mercedes Ferris.
  • Ernestina ... Dora Vila.
  • Mujer de Risco ... María teresa Montoya.
  • El Plegado ... Ruso Conde.
  • José Fernández ... Francisco Pesado.
  • Santiago Risco ... Carlos E. González.
  • Angel Fernández ... Jesús Ojeda.
  • El español ... Alfonso Vallejo.
  • El millonario Mancera ... Antonio Galé.
  • Quiñonez ... José Torres Ovando.
  • Padre de Ernestina ... Carlos Obregón.

    Como dato adicional, es conveniente precisar que el fusilamiento presentado en esta película, corresponde al fusilamiento original de seis de los miembros del gang.

    De más esta el señalar que esta película, no obstante los años que tiene, sigue manteniendo una frescura inigualable, siendo por completo recomendable, pues que quien la vea va a pasar muy buenos momentos.

    Para finalizar esta breve presentación, tan sólo me queda precisar el contenido de las diez fotografías que he incluido. La gran mayoria de ellas corresponden a la fecha fatal del fusilamiento de los elementos de la Banda del Automóvil Gris, salvo la que se ubica después de la frase "que en muchos casos ha de haber sido más que una pesadilla", puesto que en ella se encuentra, ni más ni menos que el coronel Luis Amieva, jefe de la policía nombrado por el Ejército de Oriente, junto al equipo de detectives que lograron la proeza de la detención de los miembros de la banda, frente a muchos de los objetos que les quitaron producto de algunos de sus robos.

    Ahora si, sin más preámbulo, hay que gozar de esta película.

    Octubre de 2014
    Omar Cortés




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HERNANDO ALVARADO TEZOZOMOC

CRÓNICA MEXICANA



PRESENTACIÓN


Crónica mexicana, constituye un documento con una historia muy particular. Dícese que su autoria corresponde a Don Hernando de Alvarado Tezozomoc, que fue escrito alrededor del año 1598, y que su autor, Tezozomoc, era descendiente directo, según unos, de Cuitlahuac y, según otros, de la dinastia real de Atzcapotzalco. Pero, paralelamente, no se guarda ningún registro ni de su nacimiento ni de su fallecimiento. Obviamente todos concuerdan en señalarle como un gran historiador indígena al que mucho se le debe en lo que a conocimiento del desarrollo histórico del pueblo mexica se refiere.

La Crónica mexicana es un documento que, aunque según las versiones de algunos historiadores originalmente constaba de ciento doce capítulos, la copia que del mismo se conserva, tiene tan solo ciento diez, sin que pueda destacarse algún brinco o desajuste entre alguno de los capítulos, por lo que muy probablemente, esta aparente contradicción se deba mas a que la división capitular haya sido diferente en alguna de las copias que llegaron a conocerse.

Durante un considerable periodo de tiempo, muchos historiadores llegaron a afirmar la pérdida de este documento, el cual, según ellos, habíase extraviado en el transcurso del siglo XVII. Por fortuna, tal predicción resultó finalmente errónea, puesto que no obstante la pérdida de algunas de las primeras copias, hubo otras que lograron salvarse tanto del deterioro al igual que del poco cuidado de sus propietarios.

También, ha decir de algunos historiadores, la parte del documento que se conoce, es tan solo la primera, puesto que, en su opinión, existió una segunda parte en la que Tezozomoc abordaba propiamente la conquista hispana de Tenochtitlan, que se perdió para siempre. Sobre este punto existen también diferencias, puesto que hay otros historiadores que consideran muy poco probable que Tezozomoc haya escrito esa segunda parte que buscan endilgarle, por lo que la obra que existe debe considerarse como completa.

Existen, en mi opinión, algunos datos o contradicciones que hacen dudar muchísimo de quién realmente estuvo detrás de la elaboración de este documento. Concretamente me refiero a que en esta obra, su autor, considerado de ascendencia real, se presenta como un católico al 100%, llegando incluso a abjurar de la fe de sus ancestros, puesto que de manera bastante impropia llega a considerar como demonio al mismo Huitzilopochtli, y como artes demoniacas muchos de los actos rituales realizados por los mexicas. Esto que quizá pueda entenderse como una manera de buscar evitar no sólo la censura eclesiástica, sino incluso la muerte, resulta muy dificil de entender tratándose de un descendiente directo de la nobleza indígena, puesto que la tal abjuración constituye una gravísima traición imposible de entender si nos atenemos a la misma cultura mexica. Es por esta razón que, quizá, esta obra corresponde a un trabajo colectivo realizado bajo la supervisión de alguna orden monacal o eclesiástica. Esto es, un trabajo hecho por encargo y directamente supervisado, buscando la trasmisión de determinados valores. Ciertamente no existen datos que avalen tal suposición, sin embargo, en el remotísimo caso de que aparecieran, a nadie deberá de sorprender, puesto que ese tipo de inventos llegaron a constituir el pan de cada día durante la denominada conquista espiritual de América, elaborados por un clero muy fantasioso, y dado al pregón de la mentira como cruel manera de consolidar su dominio, y esto sea dicho con todo respeto y sin la menor intención de herir susceptibilidades o creencias.

Haya sido producto de un individuo o de un trabajo colectivo, lo relatado en la Crónica mexicana, es de importancia vital para entender el desarrollo de la cultura mexica.

La obra, escrita en español antiguo, relata la historia del pueblo mexica, abarcando desde su partida del lugar llamado Chicomaztoc (la casa de las siete cuevas cavernosas), hasta su arribo a la laguna mexicana, en la cual encontrarian la señal dada por su máxima divinidad, Huitzilopochtli, de el aguila posada sobre un tunal devorando una serpiente, que ubicaria el sitio en el que deberían construir su ciudad (Tenochtitlan).

Abarca, pues, los reinados de los jerarcas mexicas Acamapichtli, Huitztilihuitl, Chimalpopoca, Itzcoatl, Moctezuma I o el viejo, Tizoczic, Axayaca, Ahuitzotl, y Moctezuma II o el mozo.

La obra es en si divertidísima de principio a fin, y ello independiente de su importancia dentro del género antropológico e histórico. A lo que me refiero es que no necesariamente es una obra para especialistas, y quizá uno de los primeros pasos que habrá que intentar es precisamente su desacralización; esto es, concebirla como un documento al cual cualquier persona puede y debe tener acceso despojándole de esa nube de cultismo que tanto daño hace.

En mi opinión, la Crónica mexicana es un libro que invita a la reflexión, a la utilización constante de la imaginación capaz de interiorizarnos en lo que su autor va describiendo, es una obra en la que, ciertamente, mucho se puede aprender, pero también mucho, muchísimo se puede y se debe imaginar. El plantear y replantear la necesidad de aflorar el ejercicio imaginativo es algo imprescindible al abordar su lectura.

Ciertamente al estar escrita en español antiguo y plagada de cultas, pero extensísimas notas a pie de página, debidas a la erudicción de Manuel Orozco y Berra, que no obstante su sapiencia en mucho distraen la atención del texto principal, debido ello a la estructura que se les ocurrió a los editores de la edición de mayo de 1878, quienes tuvieron la ocurrencia de colocarlas como notas a pie de página, cuando lo correcto hubiese sido, sin lugar a dudas, trasladarlas al final de capítulo, evitando así el enorme sacón de onda que generan en el lector común. Por desgracia, el facsimil editado a mitad de la década de 1970, no subsana este error.

Mas no obstante, esto no es razón para demeritar lo divertido de la obra, y así, si echamos a volar nuestra imaginación conforme vamos leyendo, gozaremos de principio a fin la Crónica mexicana, al adentrarnos en las pambizas que los mexicas acostumbraban recetar a sus vecinos, el tronadero y despanzurradero de indios que con frecuencia llevaban a cabo, asi como los sanguinarios actos rituales que en honor de su divinidad realizaban.

Y, ¿qué decir de las reseñas de las honras funerarias realizadas a sus reyes fallecidos, quienes marchaban al lugar y paraje del nadie sabe, en la parte siniestra en donde no hay calle ni callejón, al mítico Xiuhmoayon? Y, ¿acaso es posible dejar de lado la dinámica del nombramiento del nuevo rey, y de las ceremonias a través de las cuales se le ungia? A todo ello accederemos echando a volar nuestra imaginación mediante la lectura de esta interesante y divertida obra.

Ojala que quien se sumerja en su lectura, goce, al igual que goce yo, deleitándose hasta lo indecible con su contenido.

Para terminar diré que he respetado fielmente la estructura gramatical y la ortografia del índice temático, al igual de que esta edición virtual contiene una nueva característica, puesto que he combinado archivos html con archivos PDF, esperando que tal experimento tenga cierta repercusión positiva. El tiempo y los resultados nos dirán si fue o no acertada esta combinación.

Octubre de 2014
Omar Cortés

BIBLIOGRAFIA QUE PUEDE SER DE UTILIDAD

Benavente, Fray Toribio de, Historia de los indios de la Nueva España, México, Primera edición cibernética, diciembre de 2007. Biblioteca Virtual Antorcha, presentación, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés. Haz click aquí, si deseas leerla o consultarla.

Cortés, Hernán,Cartas de relación, México, Primera edición cibernética, julio de 2008. Biblioteca Virtual Antorcha, presentación, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés. Haz click aquí, si deseas leerla o consultarla.

De Alva, Ixtlilxochitl, Historia de la nación Chichimeca, México, Primera edición cibernética, agosto de 2007. Biblioteca Virtual Antorcha, presentación, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés. Haz click aquí, si deseas leerla o consultarla.

De las Casas, Fray Bartolomé, Primer viaje del almirante Cristobal Colón, México, Primera edición cibernética, octubre de 2005. Biblioteca Virtual Antorcha, presentación, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés. Haz click aquí, si deseas leerla o consultarla.

Diaz del Castillo, Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Primera edición cibernética, junio de 2006. Biblioteca Virtual Antorcha, presentación, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés. Haz click aquí, si deseas consultarla o leerla.

Riva Palacios, Vicente, Hernán Cortés. México, Primera edición cibernética, agosto de 2004. Biblioteca Virtual Antorcha, presentación, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés. Haz click aquí, si deseas leerla o consultarla.

López, Chantal y Cortés, Omar (Compiladores), Mitología prehispánica. México, Cuarta edición cibernética, enero de 2003. Biblioteca Virtual Antorcha, Compilación, presentación, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés. Haz click aquí, si deseas leerla o consultarla.

López, Chantal y Cortés, Omar (Diseño, texto y compilación), La construcción de un Imperio. Los aztecas, México, Primera edición cibernética, agosto de 2009, Videoteca Virtual Antorcha. Compilación, texto y diseño, Chantal López y Omar Cortés. Haz click aquí, si deseas consultar este grupo de videos.

López, Chantal y Cortés, Omar (Diseño, texto y compilación), Teotihuacan. la ciudad de los dioses, México, Primera edición cibernética, junio del 2010, Videoteca Virtual Antorcha. Compilación, texto y diseño, Chantal López y Omar Cortés, Haz click aquí, si deseas consultar este grupo de videos.

López, Chantal y Cortés, Omar (Diseño, texto y compilación), El misterio de los mayas, México, Primera edición cibernética, septiembre de 2009, Videoteca Virtual Antorcha. Compilación, texto y diseño, Chantal López y Omar Cortés. Haz click aquí, si deseas consultar este video.






CONTENIDO



CAPÍTULO I

Aquí comienza la Chrónica Mexicana: Trata de la descendencia y linage venida a esta Nueva España de los indios mexicanos que havitan en este Nuevo Mundo: el tiempo en que llegaron a la Ciudad de México Tenuchtitlán, asiento y conquista que en ella hicieron, y hoy havitan y residen en ella, llamada Tenuchtitlan.

CAPÍTULO II

Trata de lo que hizo y dijo Malinalxoch, hermana de Huitzilopochtli, quando recordó al otro dia que la dejaron dormida y enagenada.

CAPÍTULO III

Que trata el comienzo principio de otros años, y primero por Cetecpatl de año, una piedra pedernal, que fue en el nacimiento de Huitzilopochtli, y venida de Tula.

CAPÍTULO IV

Trata de la muerte del rey de los mexicanos Acamapichtli, y el rey que en su lugar se puso, y las cosas que sucedieron con los comarcanos.

CAPÍTULO V

Trata de la embajada que en vió el rey Tezozomoctli a los mexicanos, haciéndoles libres y francos de la servidumbre que tenía de ellos.

CAPÍTULO VI

Trata de cómo después de haber muerto los tecpanecas a Chimalpopoca, rey de los mexicanos, y a su hijos Teuctlehuac, ordenaron los mexicanos de alzar por su rey de ellos al segundo hermano de Chimalpopoca, llamado Itzcoatl, que fue rey.

CAPÍTULO VII

De la respuesta que trajo el embajador Atempanecatl al rey Itzcoatl y al senado mexicano, y lo que determinaron hacer de esto.

CAPÍTULO VIII

Trata la embajada resoluta que envió el rey Itzcoatl de México, a los principales y senado de Atzcaputzalco, tocante en guerra.

CAPÍTULO IX

Trata de la sejeción y servidumbre que hicieron los tecpanecas a los mexicanos, quedando el campo y pueblo tecpanecas a los mexicanos.

CAPÍTULO X

Trata las maneras de vasos jícaras que traían de tributos los indios vasallos de los mexicanos, y maneras de ropa de vestir.

CAPÍTULO XI

Trata de la resolución de los de Atzcaputzalco, no querer resolver ni dar guerra a los mexicanos: visto por Maxtlaton de Cuyuacan y los grandes, piden favor a Culhuacan y a Xuchimilco contra los mexicanos.

CAPÍTULO XII

Los de Cuyuacan envian mensageros a Culhuacan, Cuitlahuac, Xochimilco, Chalco y Texcuco a que hagan gente de guerra contra mexicanos.

CAPÍTULO XIII

Resueltos los tecpanecas cuyuaques de haber sido comienzo de enojar a los mexicanos, determinan solos hacer guerra contra México.

CAPÍTULO XIV

Trata como llegaron los mexicanos a Tenuchtitlan, se presentaron ante Itzcoatl vestidos a usanza megeril, y como vino Cuecuex hasta las guardas mexicanas, con señales de guerra.

CAPÍTULO XV

Vinieron los tecpanecas pidiendo clemencia y piedad de ellos a los mexicanos, los mexicanos no querian sino destruirlos; y se hicieron paces.

CAPÍTULO XVI

Trata de las guerras que tuvieron los mexicanos con los de Xochimilco, y cómo fueron muertos y vencidos por vasallos de México.

CAPÍTULO XVII

Trata cómo envió mensageros a los pueblos de Culhuacan, Cuitlahuac, y Mizquil a ver y saber la determinación de ellos, si se habian conformado con los de Xuchimilco, contra Itzcoatl rey de México Tenuchtitlan.

CAPÍTULO XVIII

Trata de cómo el rey Itzcoatl de México envió mensageros al pueblo de Cuitlahuac, a los principales a demandarles las hijas y hermanas suyas para cantar en los areitos, mitotes y rosas.

CAPÍTULO XIX

Trata de la guerra que el rey Moctezuma el viejo hizo en el pueblo de Culhuacan y otros muchos pueblos como se dirá.

CAPÍTULO XX

Prosigue la sujecion de los pueblos de Aculhuacan, y los conciertos de servicios y tributos, y concluyen unos y otros.

CAPÍTULO XXI

Trata cómo el rey Moctezuma de México Tenuchtitlan comenzó a fundar el templo de Huitzilipochtli, y la guerra que hizo a los de Chalco para avasallarlos a México Tenuchtitlan.

CAPÍTULO XXII

Trata de cómo volvieron los mensageros de Moctezuma a Chalco, a saber de ellos; y los chalcas resueltos a no querer.

CAPÍTULO XXIII

Prosigue la comenzada batalla de los mexicanos y los chalcas, y cómo los mexicanos los vinieron a encerrar muy cerca de sus pueblos.

CAPÍTULO XXIV

Trata cómo de los presos cautivos mexicanos, querian los chalcas alzar por rey de los mexicanos cautivos, y darles un barrio para ellos; no quiso Tlacahuepan, principal; antes murió, haciendo ceremonias en dia señalado.

CAPÍTULO XXV

Que trata de la recordacion de los principales mexicanos muertos en la guerra de Chalco, sus mugeres, hijos y padres en el areito.

CAPÍTULO XXVI

Trata de los procedido de la guerra de Chalco; la venida de los mexicanos principales y los demas, con la presa de los señores hijos de los reyes de Chalco, y lo demás que allá pasó.

CAPÍTULO XXVII

Aquí se señalará la manera de la guerra y vasallos que fueron, y las grandes provincias de Tepeacac y Tecamachalco.

CAPÍTULO XXVIII

Aquí comienza la manera de vasallage y modo de destruccion de los pueblos tziocoacas y tuchpanecas cerca del mar, naturales de las costas.

CAPÍTULO XXIX

Trata de la manera que se comenzó la batalla entre los mexicanos y los naturales de la Huasteca, gente de la costa del mar del sur.

CAPÍTULO XXX

Trata cómo Moctezuma acordó para honra de Huitzilipochtli, y recordación de los años para su festividad, y para los años de bisiesto celebrar una gran Pascua con mortandad de los esclavos habidos en guerra.

CAPÍTULO XXXI

Trata de las guerras que tuvieron los mexicanos con los de Ahuilizapan, que ahora es Orizaba, y los de Ixtehuacan, chichiqueltecas y Macuilxochitlan, su destruccion y servidumbre.

CAPÍTULO XXXII

Prosigue la materia del pasado, de las guerras de Orizaba, Cuetlaxtlan y Zempoala, por las muertes de los embajadores de Moctezuma, y las muertes de sus mercaderes y tratantes en las costas, y fin de ellas.

CAPÍTULO XXXIII

Propone de la manera en que fue ganada la provincia de Cuayxtlahuacan, allegados y conjuntos los naturales de Huaxaca, de la guerra que tuvieron los mexicanos con ellos, y quedaron por vasallos del imperio mexicano, y la causa y razon de ello.

CAPÍTULO XXXIV

De la rebelion que tuvieron los cuetlaxtecas y Orizaba contra México, y cómo fueron contra ellos a tornarlos a sugetar los de México Tenuchtitlan, y de la crueldad que con ellos usaron los mexicanos.

CAPÍTULO XXXV

Prosigue el fin que tuvo la guerra de los cuextecas, totonacas y los demás, causada por los tlaxcaltecas.

CAPÍTULO XXXVI

Trata de las cosas y géneros de piedras preciosas que Moctezuma traía puestos en las vezoleras y orejeras, y géneros de nombres de los vestidos que traia puestos, diferentes unos de otros, y las cosas de semillas, comidas y berbages que tenía en sus palacios para él.

CAPÍTULO XXXVII

De la guerra que tuvo el rey Moctezuma con los de Huaxaca, las causas y razones, y cómo fueron sugetos a la corona mexicana.

CAPÍTULO XXXVIII

Prosigue el acabamiento del gran Cú y templo Huitzilopochtli, y las cosas que en él hicieron despues de acabado los mexicanos con todos los señores principales de los pueblos sugetos.

CAPÍTULO XXXIX

Trata de las cosas que pasaron entre Moctezuma y Cihuacoatl Tlacaleltzin, sobre el acabar el gran Cú de Huitzilopochtli y bracero de piedras, y celebrar el sacrificio con los naturales esclavos de Huaxaca.

CAPÍTULO XL

Despues de haber acabado de dar de comer Moctezuma y Cihuacoatl Tlacaeleltzin a todo el pueblo mexicano, y dádoles de vestir en tanta necesidad y hambre, hizo al pueblo una solemne plática de consuelo, como de la mucha y grande hambre que habia, vendiesen o empeñasen a sus hijos en diversas partes.

CAPÍTULO XLI

Del recibimiento que hizo el senado mexicano a los señores de Tezcuco Netzahualcoyotzin, y Atotoquihuaz de Tacuba, a dar la obediencia a Axayaca, rey de México, y las causas y razones porque se habian alzado y levantado los del pueblo de Tlatilolco, contra la corona mexicana, su comienzo y destruccion.

CAPÍTULO XLII

De lo que determinaron hacer el rey Axayaca y el rey de Tlatilolco, Moquihuix, en destruirse el uno al otro, todo por una niñeria y razones de ellos, y el comienzo de la guerra con ellos.

CAPÍTULO XLIII

De la manera que se tuvo el rompimiento y desbarato de los tlatelulcanos, siendo esta la primera guerra que hizo el rey Axayaca.

CAPÍTULO XLIV

De lo que le aconteció al viejo de los agüeros con el rey Moquihuix, y los tlatelulcanos resueltos a desbaratar Tenuchtitlan, y cómo los tlatolulcanos fueron muertos y vencidos por los tenuchcas.

CAPÍTULO XLV

De la batalla que tuvieron los mexicanos tenuchcas con los tlatelulcanos, y cómo fueron vencidos y desbaratados los tlatelulcanos.

CAPÍTULO XLVI

Del fin que tuvo la batalla entre los mexicanos y tlatolulcanos, con la muerte del rey Moquihuix y su suegro Teconal, y conciertos hechos.

CAPÍTULO XLVII

De cómo el rey Axayaca en la primera ofrenda que hizo de su reinado, hizo poner en la gran casa y templo de Huitzilopochtli Cuauhtemalacatl, piedra labrada y pesada para el sacrificio de los esclavos habidos en las guerras que ganó y conquistó.

CAPITULO XLVIII

Trata de la manera que el ejército mexicano acometió a los de Matlaltzingo, toluqueños, y las gentes que vinieron en socorro de Matlatzingo.

CAPÍTULO XLIX

Del recibimiento que se le hizo al rey Axayaca en México Tenuchtitlan, y como celebraron el sacrificio de Huitzilopochtli.

CAPÍTULO L

De cómo volvieron los mensageros mexicanos que fueron a los pueblos de Zempoala y Quiahuiztlan, y el presente que se llevaron.

CAPÍTULO LI

De cómo asentada la piedra grande de la batea llamada Cuauhxicalli, hicieron alegrías los mexicanos y gran convite.

CAPÍTULO LII

De cómo acometieron los mexicanos a los naturales de Mechoacan, matlatzincas, teniendo los mexicanos treinta y dos mil y doscientos soldados, y los matlatzincas cincuenta mil guerreros.

CAPÍTULO LIII

Del recibimiento que se le hizo a Axayaca en México Tenuchtitlan, salido de Tacubaya, por Cihuacoatl y los mexicanos.

CAPÍTULO LIV

De cómo viene a conclusion que se determine Axayaca para ir contra los de Tliliuhquitepecl para con ellos, o con los que de ellos se cautivasen, celebrar el Cuauhxicalli, brasero del templo de Huitzilopochtli.

CAPÍTULO LV

De la respuesta de Cihuacoatl Tlacaeleltzin y de todos los principales mexicanos, las dádivas y presentes que les dieron conforme el posible y ser de cada uno, y cómo fueron despedidos todos.

CAPITULO LVI

De cómo despues de acabadas las honras del rey Axayacatl Teuctli, eligieron los mexicanos por su rey a Tizoczic.

CAPÍTULO LVII

De cómo por persuasion del senado mexicano hizo gente el rey Tizoczic para ir a la conquista de los pueblos de Meztitlan.

CAPÍTULO LVIII

Del recibimiento que se le hizo al rey Tizoczic Chalchiuhtonac y a los capitanes, en la ciudad de México Tenuchtitlan.

CAPÍTULO LIX

De cómo para celebrar el lavatorio de pies de Tizoczic Chalchiuhtonac, fueron sacrificados los cautivos de Meztitlan y Huaxtecas.

CAPÍTULO LX

De las ceremonias con que adornaron el cuerpo del rey Tizoczic, para las honras y exequias, y acabadas, despues de ochenta dias, hicieron los mexicanos y Cihuacoatl eleccion de nuevo rey de México.

CAPÍTULO LXI

Cómo fue elegido, y puesto y alzado por rey Ahuitzotl Tenetli, hijo menor de Moctezuma Ilhuicaminan, rey que fue de los mexicanos.

CAPÍTULO LXII

De como a otro dia de gran mañana salió el campo del rey Ahuitzotl de Xiquipilco y Cuauhuacan, y a otro dia llegaron a Chiapan y Xilotepec, y entraron en batalla.

CAPÍTULO LXIII

De la coronacion del rey Ahuitzotl Teuctlamacazque; del lavatorio de pies y la endiablada carnicería que se habia de hacer de los cautivos, y de la celebracion del nuevo año, que llamaban Nahui acatl año de las cuatro cañas.

CAPÍTULO LXIV

De la manera que les dió aviso el rey Colomchcatl de Cholula a los embajadores mexicanos, para volverse a Tenuchtitlan, llevando nueva de su embajada al rey Ahuitzotl Teuctli.

CAPÍTULO LXV

Despedidos los extranjeros enemigos contentos, enviaron a llamar a los comarcanos para la celebracion de la coronacion del rey Ahuitzotl en presencia de Huitzilopochtli, con muertes crudas de los cautivos habidos en guerras, como era uso y costumbre.

CAPÍTULO LXVI

De como llegaron los mensajeros de el rey Ahuitzotl con la nueva de la victoria habida contra los de Cuextlan y los demás pueblos, y como Cihuacoatl envió a recibirlos una legua de México.

CAPÍTULO LXVII

De el recibimiento que se les hizo a los dos reyes comarcanos en la ciudad de México Tenuchtitlan y a todos los señores principales que vinieron, y cómo se celebró la fiesta y coronación de el rey Ahuitzotl.

CAPÍTULO LXVIII

De como llegaron los mensajeros que habian ido a los otros seis pueblos de los enemigos, con los principales de ellos a la solemne coronacion de el rey Ahuitzotl. Fiesta y sacrificios que hicieron.

CAPÍTULO LXIX

De cómo fueron avisados los sacerdotes y mandones del templo, con las diligencias y cuidado que habian de tener en la gran fiesta, y cómo despues de haber sido a todos los señores extranjeros luego al sacrificio.

CAPÍTULO LXX

De las grandes crueldades de tanta gente que mataron los reyes y los sacerdotes del templo, presentes el Huitzilopochtli, ídolo de piedra. Acabadas las crueldades se coronó al rey, y acabaron con grande alegría de todos, las crueldades inhumanas contra los inocentes.

CAPÍTULO LXXI

De cómo el rey Ahuitzotl y Cihuacoatl enviaron a los pueblos de Teloloapan a ver y tantear y entender de ellos estarse alzados, y no querer reconocer a rey ninguno, y cómo hicieron gente para ellos.

CAPÍTULO LXXII

De cómo fueron vencidos y muertos los de Teloloapan, y vinieron a la obediencia y vasallaje de la corona del Imperio Mexicano.

CAPÍTULO LXXIII

De los presentes que presentaron al rey Ahuitzotl los señores de los pueblos de el camino, y cómo envió Ahuitzotl mensajeros a Cihuacoatl, dándole alegría por la solemne victoria que alcanzó de los enemigos y de los pueblos de las costas, y el gran recibimiento que le hicieron en Tenuchtitlan.

CAPÍTULO LXXIV

De cómo fueron convenidos fuesen de cada ciudad de el reino a doscientos vasallos, para poblar los dos pueblos de Oztoman y Alahuiztlan, y fueron y poblaron y repartieron igualmente.

CAPÍTULO LXXV

De cómo por haber muerto los indios de la costa nombrados Xuchtlan, Amaxtlan, Izhuatlan, Miahuatla, Tecuantepec, Xolotlan, a los mercaderes mexicanos, fueron contra ellos, los vencieron y mataron y quedaron por vasallos de la corona mexicana.

CAPÍTULO LXXVI

De cómo entraron en batalla los mexicanos y los de las costas de los tres pueblos y sus sujetos, y cómo fueron rotos y vencidos los de las costas.

CAPÍTULO LXXVII

De el recibimiento que hicieron al rey Ahuitzotl y a todos sus principales que venian de la guerra, y de los ricos presentes que le dieron los principales de Huaxaca y los otros pueblos, y cómo llegaron a México.

CAPÍTULO LXXVIII

De cómo los mexicanos fueron contra los pueblos de Xoconuchco y Xolotlan, Mazateacatl y Ayotlan, cuatro pueblos grandes, y puestos a la sujecion y corona de el Imperio mexicano.

CAPÍTULO LXXIX

Cómo los de Xoconuchco y los otros cuatro pueblos que estaban alzados contra los de Tehuantepec, viendo la total destrucción de ellos, determinaron con ruegos darse de paz, y fueron recibidos a la corona mexicana.

CAPÍTULO LXXX

De cómo el rey Ahuitzotl despues de acabado el caño de agua llamó a Teuctlamacazqui y díjole que fuese a recibir el agua de Cuecuexatl, y fuese en figura de el dios Chalchiuhtlicué, y lo hizo así.

CAPÍTULO LXXXI

De cómo entraron buzos dentro de el ojo de agua Acuecuexatl, haciendo gran sacrificio de gentes que allí mataron, y suma de piedras preciosas, papel, copal y ulli que llevaron para cerrarlo.

CAPÍTULO LXXXII

De cómo despues de haberle hecho sepultura al rey Ahuitzotl, se eligió por rey de la gran ciudad de México Tenuchtitlan Moctezuma el Mozo, y cómo le eligieron por tal rey.

CAPÍTULO LXXXIII

De como despues de haber recibido la corona de el Imperio Mexicano el rey Moctezuma y las leyes que habia de guardar, hizo luego sacrificio de su persona en señal de penitencia, y cómo comenzó a gobernar.

CAPÍTULO LXXXIV

Cómo el rey Moctezuma fue con sus gentes contra los pueblos de Nopalla, Icpactepecas porque no querian tributar a la corona mexicana, y cómo fue él en persona con su poder.

CAPÍTULO LXXXV

De cómo recibieron al rey Moctezuma en los pueblos comarcanos aventajadamente desde Chalco hasta entrar en México Tenuchtitlan.

CAPÍTULO LXXXVI

De cómo celebró su gran fiesta de tal emperador de los mexicanos y de todos los pueblos sujetos; vinieron a celebrarle su fiesta los reyes y los señores comarcanos, y cómo hizo solemne sacrificio, nombramiento y lavatorio de rey y levantamiento de su real boca Motlatocapac.

CAPITULO LXXXVII

De cómo se hizo el gran sacrificio, celebrando al Huitzilopochtli a honor y honra de la coronacion del emperador Moctezuma y senado mexicano; y cómo fueron despedidos los señores extranjeros, muy contentos de haber visto lo que nunca vieron de la gran crueldad.

CAPÍTULO LXXXVIII

Cómo vinieron nuevas que los mercaderes tratantes de México Tenuchtitlan y los arrieros murieron porque los mataron los de Xaltepec y Cuatzonteccan, y cómo el rey Moctezuma hizo llamamiento de los reyes para ir sobre ellos con gran poder.

CAPÍTULO LXXXIX

Cómo despues de haber recibido el real tributo de sus vasallos de Tehuantepec, Mihuatecas y Izthuatecas, se volvió el rey Moctezuma a la gran ciudad de México victorioso, y del recibimiento que se le hizo.

CAPÍTULO XC

Cómo los mercaderes llegaron a México Tenuchtitlan a la presencia de el rey Moctezuma, y de todo el senado mexicano: y como ordenó luego hacer mucha gente para ir contra los pueblos de Tututepec y Quetzaltepec: y primero envió para confirmar la prueba y averiguacion de ser muertos y satisfechos, fueron sobre ellos con gran poder.

CAPÍTULO XCI

De cómo los pueblos de Tututepec y Quetzaltepec fueron rotos y vencidos; y los de Quetzaltepec los que escaparon se dieron a merced por tributarios de la corona mexicana, y se partió el campo a otro dia con mucha victoria, despojo y esclavos a Tenuchtitlan.

CAPÍTULO XCII

De cómo los dos campos mexicano y Huexotzinco murieron en ambas partes mas de cuarenta mil, entre los cuales murió el general mexicano Tlacahuepan, y el general de Huexotzinco, y cómo se les hicieron las exequias muy lloradas a todos.

CAPÍTULO XCIII

Cómo llegó el campo mexicano a Yanhuitlan y Zozolan lo cercaron y rompieron; desbaratados y presos piden ser leales a la corona. Vuelve el campo victorioso y celebran la fiesta del sacrificio Tlacaxipehualiztli con mucha sangre humana derramada.

CAPÍTULO XCIV

De cómo vinieron mensageros de los pueblos de Huaquechula y Atzitzihuacan que les habian destruido sus cementeras de maíz, que estaban en flor y otras ya con mazorca, los de Huexotzinco y Atlixco, y cómo fueron mensageros a llamamientos de gentes de guerra para ir contra ellos.

CAPÍTULO XCV

De cómo envió el rey Moctezuma a convidar a todos los señores de todos los pueblos comarcanos y sugetos a la corona mexicana para la celebración del dios nuevo Coatlan, con grandes sacrificios de esclavos.

CAPÍTULO XCVI

De cómo hubieron batalla los mexicanos con los de Huexotzinco, Cholula y Atilxco, y cómo murieron en ella de los mexicanos ocho mil y doscientos, y de los enemigos seis mil y del llanto que de ellos se hizo.

CAPÍTULO XCVII

De la buena nueva que llevaron al rey Moctezuma de la victoria que se hubo contra los enemigos, y cómo fueron a sangre y fuego vencidos y desbaratados, y la victoria de tanta suma de esclavos.

CAPÍTULO XCVIII

De cómo para dar ayuda y favor a los de Huexotzinco contra los tlaxcaltecas, por el agravio tan grande de haberles destruido dos años sus cementeras; y la primera escaramuza que se dieron entre mexicanos y tlaxcaltecas, en el Monte Agrio.

CAPÍTULO XCIX

De cómo el senado mexicano enviaba a llamar a los principales de Huexotzinco, para una boda de una estatua que habia mandado hacer el rey Moctezuma, y cómo los halló rebeldes, tornadizos con los de Cholula.

CAPÍTULO C

Del gran recibimiento que se le hizo al ejército mexicano, que habia ido contra los tlaxcaltecas, y cómo les solemnizaron las honras a los muertos en la guerra.

CAPÍTULO CI

De cómo acabada la celebracion del entierro de el rey Netzahualpilli, envió a llamar el rey Moctezuma a todo el senado de Aculhuacan, para elegir rey de ellos y quién fue señalado.

CAPÍTULO CII

De cómo el rey Moctezuma mandó labrar una piedra grande de labores, para ponerla encima del gran de Huitzilopochtli, y trayéndola labrada habló la piedra, y lo que dijo.

CAPÍTULO CIII

De el gran premio y paga que el rey Moctezuma dió a los canteros que labraron su figura en Chapultepec, y de las cosas que pasaba en su real casa con los enanos y corcobados y de la gran tristeza que tenia.

CAPÍTULO CIV

De cómo envió el rey Moctezuma a los encantadores, por embajadores, al rey Huemac, que está en el paraiso y deleite de Cincalco, con los presentes de los cueros de los sacrificados y a los enanos y corcobados suyos.

CAPÍTULO CV

De cómo acabados los ayunos que hizo Moctezuma de su penitencia, envió a los dos mensajeros a interrogar al rey Huemac, Dios del Infierno: cómo fueron: y la respuesta que trajeron de allá.

CAPÍTULO CVI

De cómo Moctezuma mandó a todos los sacerdotes, y algunos principales, y otros comunes, así hombres como mujeres, que si soñasen algo, se lo dijesen para pronosticar su declaracion de él.

CAPÍTULO CVII

De la gran tristeza que Moctezuma tenia de haber llegado navios al puerto de San Juan de Ulúa o Veracruz, y gente española en ella, y cómo envió a que le sacasen de la carcel al mensajero de Mictlancuauhtlan, y no lo hallaron allí.

CAPÍTULO CVIII

De la despedida de el capitan Don Fernando de Cortés a los mensajeros de Moctezuma, y de los presentes que envió el capitan Cortés al rey Moctezuma de México, y lo más que fue.

CAPÍTULO CIX

De cómo no conformándose las preguntas de los profetas falsos con lo que habia visto Tlilancalqui, envió a llamar a los de Xochimilco y otras partes, para declaracion de ello.

CAPÍTULO CX

De cómo llegó a México Tenuchtitlan Tlilancalqui, mensajero de el rey Moctezuma, y de la gran tristeza que hubo de sus hijos, y cómo se los dejaba muy encargados a Tlilancalqui, despues que él muriese.





LA SOBERANA CONVENCIÓN REVOLUCIONARIA

PRESENTACIÓN

En el devenir del macro proceso social, político y económico, conocido genéricamente como Revolución Mexicana, jugó un papel determinante la experiencia de gobierno contenida en la Soberana Convención Revolucionaria.

De brevísima duración, la Soberana Convención Revolucionaria quedó como el desesperado intento por trascender los estrechos marcos jurídicos y económicos que intentaban ahogar las alternativas revolucionarias generadas por el pueblo en armas contra la usurpación huertista.

En efecto, si bien los sectores proclives a la reinstalación del antiguo régimen porfirista habían logrado su objetivo de impedir que la administración encabezada por el señor Francisco I. Madero lograse gobernar un país convulso, resultando de ello un gobierno fallido, hecho que creó un escenario favorable al cuartelazo que finalmente se produjo bajo la conducción de Victoriano Huerta; de la misma manera, a lo ancho y largo de la República, la insurgencia popular aglutinada bajo diversas banderías y dispares caudillos, paciente e inteligentemente esperaba el momento propicio para revelarse. El golpe de Estado fraguado por la rancia élite militar porfirista en contubernio con el embajador norteamericano y sectores pertenecientes a las clases acomodadas del antiguo régimen, generó la coyuntura para que esa insurgencia popular diese la voz de ¡Presente!

La lucha militar en contra de la usurpación huertista, acaudillada en un inicio por el señor Venustiano Carranza, y aglutinada en torno al documento circunstancial Plan de Guadalupe, y al ideario del constitucionalismo, tan caro al movimiento ideológico político que encumbró al señor Francisco I. Madero a la presidencia de la República, porque no debemos olvidar que era al Partido Constitucional Progresista al que pertenecía el señor Madero cuando fue electo Presidente, contó a su favor con la circunstancia del cambio gubernamental en los Estados Unidos de Norteamérica, y del alejamiento que el nuevo gobierno encabezado por Woodrow Wilson tuvo, desde un inicio, con su par mexicano Victoriano Huerta.

Así, si en un principio parecía haber pocas posibilidades de éxito por parte de la insurgencia popular contra la usurpación, conforme fueron ocurriendo los acontecimientos, la balanza fue inclinándose a su favor.

Como acontece en toda lucha popular, el mismo desarrollo de los sucesos va revelando figuras emblemáticas en diferentes terrenos; y la lucha constitucionalista generó sus propios héroes, sus propios caudillos, así como sus propias contradicciones internas que fueron acentuándose en la medida en que el horizonte del triunfo iba delinéandose cada vez con más firmeza y cercanía.

El movimiento constitucionalista estaba consciente de que no deberían de repetirse los errores cometidos por la insurgencia encabezada por el señor Francisco I. Madero, quien con la firma de los tristemente célebres Tratados de Ciudad Juárez, dejó intacto el sistema porfirista incluso con su ejército federal. La insurgencia popular encarnada en el movimiento constitucionalista intuía que, si alcanzaba la victoria, todo sería distinto.

Agosto del 2010

Chantal López y Omar Cortés


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EL INICIO

La insubordinación

En la estructura militar constitucionalista, la figura del Primer Jefe, en ese momento el señor Venustiano Carranza, erguíase por encima de todos los demás mandos de ejércitos y divisiones que la componían, constituyéndose en la máxima autoridad militar y política del movimiento. Tocábale pues, al señor Venustiano Carranza ordenar todos los movimientos de sus subalternos. Dicen los que de él fueron allegados, que siempre buscó evitar que se creara o generara un héroe que hiciese sombra a su mando, y que por tal razón era muy cuidadoso en escoger el cuerpo militar al que encargaba acciones militares de trascendencia, buscando con ello equilibrar la repartición de victoriosos laureles entre sus generales, con la clara intención de que ninguno de ellos sobresaliese en exceso. La campaña militar constitucionalista que ya en 1914 controlaba zonas y ciudades de mucha importancia en el Norte de México, contaba ya con jefes de armas y ejércitos de alta estima popular. Así, después de haber alcanzado una excelsa notoriedad con la toma militar de la ciudad de Torreón, Coahuila, el general Francisco Villa y su División del Norte, convirtiéronse en motivo de alarma para el Primer Jefe del Ejercito Constitucionalista quien, intuyendo la fama que podría alcanzar el general Villa, dejolo en la banca excluyéndolo del avance militar constitucionalista sobre el último fortín del ejército federal huertista, esto es, la campaña hacia la toma de la ciudad de Zacatecas. El señor Carranza encargó esta misión al general Nateras, quien, por más esfuerzos que hizo, fracasó en sus intentos. Y, cuando el general Villa se enteró del malogro del general Nateras, dejándose ganar por su caracter impulsivo y agresivo, no dudo en movilizar sus tropas trasladándose a la ciudad de Zacatecas, misma que sitió y terminó tomando. Su acción militar determinó prácticamente el derrumbamiento del ejército federal huertista, pero al haber sido su actuar un indiscutible acto de insubordinación, generó un rompimiento profundo en el Ejercito Constitucionalista.

Bibliografía virtual

1.- La ruptura entre Venustiano Carranza y la División del Norte.
2.- La División del Norte marcha hacia el sur y prepara la expugnación de Zacatecas.
3.- Cómo se inició el distanciamiento entre el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y la División del Norte.
4.- Coahuila en poder de la Revolución.







EL PLEITO

Los Tratados de Torreón

La insubordinación del general Francisco Villa, no obstante que trajese como resultado el más importante triunfo militar de las fuerzas constitucionalistas contra el ejército de Victoriano Huerta, de manera alguna podía ser pasada por alto. Por lo tanto, la reacción del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista fue la de destituir del cargo de general a Francisco Villa retirándole ipso facto mando de tropas. Para tal efecto iniciáronse una serie de conferencias telegráficas entre Villa y Carranza en las que cada parte expuso sus razones, pero manteniéndose inamovible el Primer Jefe en su resolución, a grado tal que pidió a los subalternos de Villa nombrasen de entre ellos al que substituiría en el mando al depuesto general, generando aquello una insubordinación general de todos y cada uno de los altos mandos de la División del Norte, quienes no aceptando la destitución de Francisco Villa, presentaban su dimisión como efectivos del Ejército Constitucionalista, acto que enredó aún más la ya de por sí complicadísima situación. Así, ante ese panorama escisionista, la propuesta del general de la División del Noreste, Pablo González, de celebrar unas reuniones en Torreón con el objeto de superar esa crisis escisionista, vino a constituirse en la herramienta idónea de canalización de tales desacuerdos. Las reuniones en Torreón se celebraron, emergiendo de ellas varios acuerdos, entre los cuales destacó el que precisaba que al triunfo de la Revolución se reuniría una Convención cuya finalidad sería la de formular el programa de gobierno del movimiento triunfante y que debería conformarse por delegados nombrados por los diferentes jefes de armas del ejército triunfante.

Bibliografía virtual

1.- Las juntas de Torreón.
2.-
La batalla de Zacatecas y los Tratados de Torreón.







LA CONVENCIÓN

De Teoloyucan a Aguascalientes

El triunfal avance del Ejército Constitucionalista concluirá en agosto de 1914 mediante la firma de los Tratados de Teoloyucan, en los que se establecen las bases de la transmisión del poder por parte del derrotado régimen huertista, precisándose la disolución del Ejército Federal, y su substitución por un ejército revolucionario. Ya en la ciudad de México, el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, el señor Venustiano Carranza, auxiliado por los generales Alvaro Obregón y Pablo González, busca contrarrestar a sus dos máximos oponentes representados en las figuras del señor José María Maytorena, gobernador de Sonora; y, el general Francisco Villa, quienes prácticamente establecieron un pacto contra Carranza. Destacando la labor de corre, ve y dile del general Álvaro Obregón quien constantemente viajo a Chihuahua y Sonora buscando elaborar puentes de comunicación con lo que se denominaba la disidencia, según se decía, encabezada por el general Francisco Villa quien era mal aconsejado por el general Felipe Ángeles. De esos continuos viajes emergieron valiosos documentos signados por Obregón y Villa que sin duda forman parte del tesoro documental de la Revolución Mexicana. Cumpliendo con lo señalado en los Tratados de Torreón, y recordado en algunos de los documentos signados por Villa y Obregón, el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, convoca en la ciudad de México la realización de una Convención militar a la que acuden únicamente representaciones de las fuerzas de su confianza; pero los convencionistas, viendo la necesidad de crear puentes de entendimiento y comunicación con sus correligionarios de la División del Norte, acuerdan trasladarse a la ciudad de Aguascalientes, considerándola como un punto neutral.

Bibliografía virtual

1.- De los Tratados de Ciudad Juárez a los Tratados de Teoloyucan.
2.- Proposiciones de Villa y Obregón a Carranza.
3.- Respuesta de Carranza a Villa y Obregón.
4.- Junta inaugural de la Convención militar en la ciudad de México.
5.- Sesión de la Convención militar en la ciudad de México del 5 de octubre de 1914 en la que se acuerda el traslado de la Convención a la ciudad de Aguascalientes.







LA CONVENCIÓN EN AGUACALIENTES

Reunión de hermanos.
Villistas, maytorenistas, carrancistas y zapatistas hermanados tras un mismo objetivo

Una vez instalada la Convención en la ciudad de Aguascalientes, inició sus trabajos, el 10 de octubre de 1914, en el Teatro Morelos, con la presencia de la crema y nata del triunfante y escindido movimiento constitucionalista. Los generales Obregón, Angeles, Villarreal y Hay, entre otros, tenían, o aparentaban tener auténtica prisa por superar diferencias y encaminarse a la conformación del plan de gobierno que debiera regir al triunfante movimiento constitucionalista. Pero la lucha de intereses, las ambiciones de poder, los odios y las envidias, aunque camufleados con excelentes y brillantes discursos, se encontraban presentes, y antes bien que disminuirse parecían agigantarse conforme transcurrían las horas, los días, las semanas ... La invitación de los convencionistas al Ejército del Sur para que participase en la Convención, más que buscar la completa representación de las fuerzas revolucionarias, constituía un intento para desbalancear el control que desde lejos, el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista mantenía sobre la Convención. Sin duda aquella reunión revolucionaria podía plantearse como una alternativa civilizada para intentar superar las divergencias por medios políticos, relegando las tentaciones autoritarias de recurrir a las armas, esto es, evitar la confrontación armada y generar, en cambio, un panorama propicio a una ardua, profunda y duradera lucha política interna. Por desgracia, las cosas no sucedieron así, y no obstante que durante las sesiones que la Convención celebró en la ciudad de Aguascalientes, se contó con tiempo suficiente para estructurar pactos de no agresión que calmaran las ansias de destrucción inmediata del contrario, sentida por la mayoría de las corrientes revolucionarias ahí presentes, el ambiente se encontraba tan cargado de energías encontradas, que bastaba una mínima chispa para prender la mecha. Con el arribo de la delegación zapatista a la Convención, generáronse condiciones que terminarían desquebrajando el frágil equilibrio que la Convención mantenía en su interior, conduciendo ello a que la representación de la División del Norte empezara a mostrar superioridad de cara a la representación propiamente constitucionalista de los partidarios del Primer Jefe. La unión de villistas, zapatistas y maytorenistas, la aprobación del Plan de Ayala, como baluarte programático convencionista, y el relegar al ya inservible y superado Plan de Guadalupe, estos tres factores amenazaban con dejar tendido en la lona al mismísimo Primer Jefe del Ejército Constitucionalista. La decisión de la Convención de definirse como soberana, estableciéndose como la institución llamada a dirigir la Revolución en un periodo preconstitucional de excepción, en el que buscaríase crear las condiciones propicias para la puesta en práctica del programa revolucionario, lo que implicaba la suspensión de la normatividad emergida de la Constitución de 1857 y la aceptación de otra, transitoria ésta, de excepción, que emanaría de la Convención, y que en los hechos, implicaba la instauración de una dictadura revolucionaria, daba materialmente al traste con el criterio personalista encarnado en la figura del Primer Jefe encargado del Poder Ejecutivo, como acostumbraba nombrarse el señor Venustiano Carranza, habida cuenta de que la existencia misma de la Soberana Convención, minimizaba, en los hechos, la importancia de la tradicional división de poderes y de la supremacía del Poder Ejecutivo, en un México tendiente al presidencialismo. Pocos, muy pocos fueron los convencionistas que se dieron cabal cuenta de lo que estaba gestándose, por la auténtica rebatiña que surgió entre los convencionistas cuando quedó nombrado el general Eulalio Gutiérrez como encargado del Poder Ejecutivo, desplazando con ello al señor Venustiano Carranza. Aquel nombramiento prácticamente se constituiría en la gota que derramaría el agua fuera del vaso colmado hasta el tope. Así, si la mayoría de los convencionistas se hubiera percatado de lo que se había creado, jamás el nombramiento del encargado del Poder Ejecutivo, hubiese causado la rebatiña que causó, por la simple y sencilla razón de que ello, de cara al proceso que se iniciaba, era por completo intrascendente. No sucedió así, y aquel nombramiento puso de relevancia la existencia, en aquel tormentoso periodo revolucionario, de dos conceptos de país que se excluían y que avisoraban la hora de los combates.

Bibliografía virtual

1.- La Convención de Aguascalientes.
2.- Zapatistas en la Convención de Aguascalientes.
3.- Nombramiento del General Eulalio Gutiérrez como encargado del Poder Ejecutivo.
4.- El cisma convencionista.
5.- Manifiesto convencionista a la Nación.







LA CONVENCIÓN EN MÉXICO Y CUERNAVACA

Perdiendo el piso

En el momento en que los convencionistas de Aguascalientes deciden trasladarse a la ciudad de México para realizar ahí sus sesiones, el asunto medular estaba ya liquidado. Pues, resulta imposible ignorar que el previo acuerdo tomado por los primeros convencionistas, en la ciudad de México, pretendía llegar a unificar criterios y alejar los fantasmas de la guerra civil, por lo que este nuevo acuerdo de los convencionistas en Aguascalientes de trasladarse a México, rayaba en lo patético. Una Convención desmembrada, moribunda, fantasmagórica; en resumidas cuentas, un auténtico cadáver era lo que regresaba a la ciudad de México, pavoneándose de un supuesto triunfo contra las aspiraciones del Primer Jefe, pero hasta en esto erraban, porque el señor Carranza, muy contrariamente a lo que suponían sus enemigos, había cubierto muy bien sus cartas, y pronto los convencionistas se darían cuenta de ello. Ya en México, en el poblado de Xochimilco, se realizó la simbólica reunión entre los generales Francisco Villa y Emiliano Zapata. Ese encuentro, famoso por lo que representó, sirvió mucho más para el balconeo, que para asuntos prácticos. Así las cosas, rápidamente los acontecimientos involucionaron a tal grado que la confusión tendió a nublarlo todo. En menos que canta un gallo el general Eulalio Gutiérrez nombrado por la Convención en Aguascalientes, Encargado del Poder Ejecutivo, entró en serios conflictos con el general Francisco Villa. Y para el 16 de enero de 1915, abandonaría, junto con un grupo de incondicionales, la ciudad de México, sin haber hecho renuncia formal de su cargo. El general Roque González Garza, sería designado por los convencionistas en la ciudad de México como el nuevo encargado del Poder Ejecutivo. Pasada la crisis provocada por la intempestiva salida del general Eulalio Gutiérrez, los convencionistas se abocaron a organizar la Convención con el objeto de iniciar sus trabajos para determinar el programa revolucionario y la legislación extraordinaria que serviría de base para poder llevarlo a cabo en aquel periodo preconstitucional. Pero ante la adversidad militar y teniéndose por insegura la ciudad de México, los convencionistas optan por cambiar de sede, trasladándose a la ciudad de Cuernavaca, en donde contarán con la protección militar del Ejército del Sur. Una vez instalada en la ciudad de la eterna primavera, la Convención reanudaría sus labores, destacándose las diferencias y enfrentamientos ideológicos entre las representaciones de la División del Norte y del Ejército del Sur. Dos conceptos harto diferentes sobre las problemáticas sociales, políticas y económicas y sobre las alternativas para superarlas, chocaban estrepitosamente. Sin embargo, ello no fue un obstáculo para que la Convención siguiese laborando en pro de sus objetivos, y sería en la sesión celebrada en Cuernavaca el 24 de febrero de 1915 cuando se pondría a discusión el Proyecto de Programa de reformas en el orden político y social que defiende la Revolución. Compuesto de 25 puntos, este proyecto conjugaba, ciertamente, los anhelos y esperanzas que latían en los corazones de la insurgencia popular a lo ancho y largo de la República Mexicana. Particularmente conviene resaltar lo expresado en el punto XII, en donde se precisaba: XII.- Restringir las facultades del Ejecutivo de la Nación y de los Estados, y para ello adoptar un parlamentarismo adecuado a las condiciones especiales del país. Así, si bien en el terreno legislativo la Convención cumplía con sus funciones, en el plano militar el horizonte no se le presentaba nada halagüeño. En efecto, el ejército convencionista dependiendo en exceso de la actividad de la ya muy fraccionada División del Norte, se aprestaba a realizar combates que a la postre serían concluyentes con el Ejército Constitucionalista, y así, cuando por estrategia militar las fuerzas constitucionalistas abandonan la ciudad de México, los convencionistas radicados en Cuernavaca, ni tardos ni perezosos acuerdan su traslado de nuevo a la ciudad de México, ilusionados porque veían en ello un auténtico triunfo ... ¡¡¡A tal grado era el hechizo que la llamada ciudad de los palacios ejercía en su mente!!!. De nuevo en la ciudad de México, las cada vez más acentuadas diferencias entre norteños y sureños, provocarían una severa crisis al interior de la Convención cuando el General Roque Gonzalez Garza es prácticamente destituido a raíz de la presión ejercida por los sureños, designándose en su lugar, como nuevo Encargado del Poder Ejecutivo, al General Lagos Cházaro, quien contaba con el completo apoyo suriano. Finalmente, sería en el terreno militar donde se definiría la suerte convencionista. Las batallas que darían el punto final a la contienda entre convencionistas y constitucionalistas, ocurrirían entre los meses de abril y junio, en Celaya y La Trinidad, Estado de Guanajuato, donde el Ejército Constitucionalista terminaría prácticamente destruyendo a su oponente, el Ejército Convencionista.

Bibliografía virtual

1.- Último intento para evitar la conflagración.
2.- Avanzadas convencionistas en la ciudad de México.
3.- Eulalio Gutiérrez y Francisco Villa en la ciudad de México.
4.- La entrevista Zapata - Villa.
5.- Huida del General Eulalio Gutiérrez.
6.- Informe del General Roque González Garza sobre la situación que enfrentaba la Convención.
7.- La Convención en Cuernavaca.
8.- Programa de reformas político-sociales de la Convención.
9.- Parte oficial de las batallas de Trinidad y toma de León, por el Ejército Constitucionalista.
10.- Intento de celebración de un armisticio con las fuerzas Constitucionalistas comandadas por el General Pablo González.
11.- Declaraciones de Francisco Villa en Aguascalientes.







LECTURAS RECOMENDADAS

Sugerencia bibliográfica

Alessio Robles, Vito, La Convención Revolucionaria de Aguascalientes, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Barrera Fuentes, Florencio, Crónicas y debates de la Soberana Convención Revolucionaria (1° de octubre a 6 de noviembre de 1914), México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Barrera Fuentes, Florencio, Crónicas y debates de la Soberana Convención Revolucionaria (9 de noviembre de 1914 a 27 de febrero de 1915), México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Barrera Fuentes, Florencio, Crónicas y debates de la Soberana Convención Revolucionaria (1° de marzo a 8 de julio de 1915), México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Cortés, Omar y López, Chantal, De los Tratados de Ciudad Juárez a los Tratados de Teoloyucan, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Cortés, Omar, La cosecha. Brevísima semblanza del General Álvaro Obregón, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Flores Magón, Ricardo, 1914: La intervención americana en México, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Flores Magón, Ricardo, Obras de teatro, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Magaña, Gildardo y Pérez Guerrero, Carlos, Emiliano Zapata y el agrarismo en México, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Obregón, Álvaro, Ocho mil kilómetros de campaña, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Portes Gil, Emilio, Autobiografía de la Revolución Mexicana, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Reed, John, México insurgente, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Soberana Convención revolucionaria, De mujeres seducidas e hijos naturales, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Soberana Convención Revolucionaria, El voto, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Zapata, Emiliano, Leyes y decretos, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

Zapata, Emiliano, Manifiestos, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés.

La batalla de Ojinaga, México, Videoteca Virtual Antorcha.




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