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EL AQUELARRE

Hoy por hoy, en México vivimos un ambiente de aquelarre. La fiesta de las brujas esta en todo su apogeo. La gente sincera debe de soportar las maldades de aventureros, provocadores, arribistas y traidores.

Completamente rebasada por sus propias tonterias, la llamada clase política, e incluso la administración pública, con contadísimas excepciones, esta llevando a la práctica una sarta de bobadas que uno ya no sabe si reir, llorar o, de plano, ponerse a cagar.

Los tres poderes de la Unión han perdido la brújula. Un poder judicial enredado en ridículos tecnicismos jurídicos, manda a volar los intentos de consultas populares avalados por millones de ciudadanos; un poder legislativo que no da pie con bola, sigue con su nefasta actitud de ridículos mayoriteos para aprobar iniciativas; y, un poder ejecutivo, perdido en un mar de incertidumbre, no atina a llevar a cabo alguna acción positiva. Y a todo lo anterior agreguése las desapariciones forzadas, la implementación de discursos maniqueos mediante los cuales preténdese distinguir los buenos de los malos manifestantes, la organización de inutiles y contraproducentes medidas represivas de caracter selectivo y las campañas, orquestadas desde los medios, en contra de supuestos y fantasmagóricos complots anarquistas.

Y por si todo lo anterior fuera poca cosa, añádase la complicada e intrincada situación económica que enfrenta la República, en la cual, el desplome de los precios internacionales del petróleo asi como de varios productos agrícolas, unido al sostenido incremento del precio del dólar, genera un auténtico desafío al pais entero.

La situación realmente esta en chino. Un conjunto de variantes negativas se han conjugado en un mismo momento. En lo político, lo económico y lo social, México enfrenta enormes retos, y mientras siga todo el relajo que hasta ahora ha prevalecido, dificilmente vamos a poder superarlos.

Es necesario terminar con este aquelarre. Evitar las distracciones, los desgastes y, sobre todo, los temores, no solo es necesario, sino incluso vital. La reflexión y la acción de sectores, clases, agrupamientos e individuos es necesaria. No se trata de demagogia, porque es cierto que ahora, más que nunca, lo que hagamos o dejemos de hacer pesara mucho en nuestro futuro como pais.

En lo relativo al asunto del petróleo, se argumenta que el derrumbe de su precio internacional no lastimara las finanzas públicas, señalándose que se adquirió un seguro para garantizar el precio acordado como base del presupuesto nacional. Muy bien. Sabemos que tal táctica la han seguido las autoridades financieras de años atrás a la fecha, pero como nunca se ha requerido la implementación del susodicho seguro, pues no hay la experiencia de lo que pasará cuando haya que ponerlo en práctica. No conozco las cláusulas de ese seguro, cosa que seria bueno que las autoridades respectivas las dieran a conocer a la población, porque de la poca experiencia que como persona común y corriente tengo de los seguros, sé que incluso, las compañías serias, o sea las que no buscan esconderse en las letras chiquitas para no cumplir con sus obligaciones, tardan en implementar el seguro en sí. Esto es, la implementación del seguro no es inmediata, sino que, por lógica, tiende a pasar un periodo de tiempo. Ahora bien, en el caso del seguro que tanto se menciona, ¿cómo se implementaría? ¿se ha tomado en cuenta el periodo para su implementación?

Es, en mi opinión, importantísimo que las autoridades financieras den a conocer a la población en general el famoso contrato de seguro, porque mucho me temo que en el transcurso del próximo año tenga que ponerse en práctica.

El informar cómo y de qué forma se llevaria a efecto ese seguro es prioritario difundirlo, porque no vaya a ser que a la hora de la verdad nos salgan con alguna vacilada.

No somos infantes como para no darnos cuenta de que, siendo el próximo año un año electoral, lo menos que la administración pública desea es crear un marco de incertidumbre, por lo que existe la posibilidad que hagan circo, maroma y teatro con tal de esconder problemas buscando trasladarlos para después de las elecciones. Tal actitud, que por cierto no sería nada nueva, podría traer altísimos costos para la República en su conjunto. Lo mejor es que se hable con la verdad y no con discursos tramposos plagados de medias verdades. Lo repito, la situación actual está bastante enredada como para andarse con vaciladas. Actuar con calma y hablar fincándose en la verdad es la única manera de buscar sortear la tormentosa situación que apenas inicia.

Otro asunto que deberá, forzosamente, que enfrentarse, lo es el fortalecimiento del mercado interno, tema vital para poder encarar con éxito las dificultades que se nos vienen encima. Ciertamente ya se han comenzado a tomar medidas para lograr tal objetivo, pero en mucho debido a la rapidez con que se han soltado los demonios, es deseable agilizar lo más que se pueda este asunto. El ajuste a la alza de los salarios mínimos puede, indudablemente, constituirse en un detonante para alcanzar tal fortalecimiento, pero si tal medida no se acompaña de otras varias, dificilmente logrará su cometido, e incluso puede llegar a ser contraproducente.

Por supuesto que instrumentar todo esto no es enchilame otra, son asuntos complicados que hay que abordar con mente fría y de manera meticulosa, por lo que la actual situación de crispación social no es, para nada, la más deseable.

No nos hundamos en un mar de lamentaciones y reicriminaciones. Bien sabemos eso de que a rio revuelto, ganancia de pescadores, asi que tomemos las cosas con calma y no nos aceleremos.

Cambiando radicalmente de tema, señalo que, continuando con mi terapia ocupacional, en esta ocasión incluyó un cuento corto de mi autoria, el cual intitulé, Rosenda. También he colocado la poco conocida obra autobiográfica de Paul Verlaine, Confesiones, escrita en 1895, suponiendo que su lectura puede llegar a ser de interés para algunas personas. Los derechos del hombre, de Thomas Paine, obra escrita en dos partes en los años 1791 y 1792, considero que resulta de lectura obligada máxime si tomamos en cuenta la lamentable y tristísima situación que en México enfrentamos precisamente en torno al tema de los derechos humanos. Finalmente, y realizando un breve homenaje de recuerdo en torno a la figura e ideario del guanajuatense revolucionario Práxedis G. Guerrero, colocó los respectivos índices de las dos obras que se encuentran en los estantes de la Biblioteca Virtual Antorcha, asi como un video en el que realizo unas breves reflexiones sobre el tema, esperando que pueda resultar de interés.

También mantengo mi invitación a quien pueda estar interesado, para que consulte:

a) El cuento corto de mi autoría, La llamada. Haz click aquí, si deseas leer este cuento.

b) La obra de Teodoro Hernández, La historia de la revolución debe hacerse. Haz click aquí, si deseas leer o consultar esta obra.

c) El escrito de mi autoría, Los asqueantes señores del poder y sus odiosas manipulaciones. Haz click aquí, si deseas leerlo.

d) El cuento, también de mi autoría, El tesoro de la Convención. Haz click, si deseas leer este cuento.

e) La presentación y la película La banda del automóvil gris. Haz click aquí, si deseas ver esta película.

f) La obra de Hernando Alvarado Tezozomoc, Crónica mexicana. Haz click aquí, si quieres leer o consultar esta obra.

g) Mi escrito ¡¡¡Aguas!!! La presión está subiendo. Haz click aquí, si deseas leer este artículo.

h) El semanario anarquista argentino La Antorcha, editado durante los años de 1921 a 1932. Haz click aquí si deseas consultar alguno de los trescientos ejemplares que lo conforman.

i) El periódico insurgente La abispa de Chilpancingo, editado por Carlos María Bustamante durante los años 1822 y 1823. Haz click aquí, si deseas consultar este periódico.

j) El periódico anarquista mexicano El Compita, editado durante los años 1981-1982. Haz click aquí si deseas consultar este vocero.

k) La edición virtual de La eneida de Virgilio. Haz click aquí si deseas leer, hojear o consultar esta obra.

l) De salarios, ahorros y peligros, haciendo click aquí.

m) ¡¡¡Este arroz ya se coció!!!, haciendo click aquí.

n) Un día después, haciendo click aquí.

o) En recuerdo de un amigo, haciendo click aquí.

p) El fandango de la Reforma Energética, haciendo click aquí.

q) El conjunto de reflexiones que realice hace ya mas de un año sobre la Reforma Hacendaria, haciendo click aquí.

r) El conjunto de reflexiones que sobre la Reforma Energética hice el pasado año, haciendo click aquí.

Diciembre de 2014
Omar Cortés




ROSENDA

Cuento corto de Omar Cortés


1

El día que murió Rosenda, los árboles escupían hojas marchitas. Era el tiempo en el que los días melancólicos parecían eternizarse.

Tenía ochenta y dos años, y una neumonía fulminante, según rezaba su acta de defunción, habría sido la causa de su fallecimiento.

Su cuerpo, que en tiempos muy pasados fue codiciado por muchos hombres, yacía inherte en la plancha del anfiteatro. Nadie, de los pocos que como familiares le quedaban, habíase presentado a reclamarlo, y tan sólo su vecina, la señora Clotilde, que fue quien la encontró muerta, se encontraba en el lugar.

Rosenda vivía en un cuartucho de vecindad desde hacía ya muchos años. Su sobrevivencia económica devenía del dinero que de vez en vez le hacían llegar sus dos biznietos, Pablo y Tomás, quienes a veces le visitaban.

Los últimos meses de su existencia fueron un martirio. Los achaques y limitaciones de la edad, manteníanla prácticamente enclaustrada en su habitación, de la que no salía, sino a lo mucho, una vez por semana. Su vecina era de hecho quien la cuidaba, llevándole alimentos y platicando con ella por las noches.

Clotilde, mujer también de avanzada edad, habíase identificado con Rosenda y establecido un fuerte vínculo de amistad. Y entre las dos lograban sortear el mayor reto de los viejos: la soledad.

Ambas enfrentaban una pavorosa cotidianidad bajo el permanente asedio de su verdugo. Defendíanse como podían, atrincherándose tras sus recuerdos, los que una y otra vez revivían, blandiéndoles como arma de defensa.

Entre las dos habían construido una muralla que pensaban impenetrable; una muralla tras la cual se esforzaban por sobrevivir, día con día, en su eterna lucha contra su habitual enemiga.

Cuando Rosenda llegó a aquel cuartucho, era ya tan sólo un recuerdo de lo que había sido. Su lamentable situación económica, aunada a su avanzada edad, habíale arrojado a la vecindad. Ella, aunque nunca había tenido una vida de lujos, tampoco habíase enfrentado a una situación tan lamentable. Pero su retraso en el morir, a eso la condujo.

Cuarta hija de una familia numerosa, Rosenda había tenido siete hermanos, cinco hombres y dos mujeres. Su infancia, transcurrida en un marco de estrechez económica, no fue infelíz, ya que, además de contar con el calor familiar, se desarrollaba de manera normal, acudiendo a la escuela, divirtiéndose con sus amigas y familiares y colaborando en las labores domésticas.

En sí, sus problemas empezaron en la edad de la adolecencia, cuando hubo de enfrentar su realidad como mujer frente a un mundo dominado por el hombre.

Cuando su cuerpo comenzó a metamorfosearse pasando de la inocencia infantil a la voluptuocidad de la adolecente, y sus atributos femeninos brotaban mostrándose exhuberantes, Rosenda tuvo que cambiar, porque comenzó a ver a sus hermanos, primos y a los amigos de éstos, con ojos diferentes, notando que ellos le miraban de similar manera ...



2

En la escuela, Rosenda soñaba con llegar a convertirse en una talentosa ingeniera capaz de construir hermosos y vistosos puentes, y también útiles y emblemáticos tuneles que, atravezando montañas, facilitaran la comunicación entre pueblos y ciudades.

Su mente efervecía ante la ilusión de llegar a ser una profesionista admirada y respetada por su entorno. Fantaseaba, le encantaba fantasear viéndose a sí misma en sus oficinas de ingeniera, ya trabajando o atendiendo asuntos con su equipo o con terceros interesados en contratar sus servicios. Su mente de adolecente le conducia a esos sueños, y ella esforzábase por cumplir al pie de la letra con sus obligaciones escolares, y estudiaba con ardor, poniendo atención en clase, realizando las tareas que sus maestros le dejaban ... en fin, comportábase como estudiante modelo, atrayéndose, por lógica, las antipatías de muchas de sus compañeras y compañeros que de ella mofábanse, atosigándola por su dedicación a los estudios, cuando en realidad, lo único que con tales acciones mostraban era su incontenible envidia por los avances logrados por Rosenda.

A ella importábale menos que un comino lo que sus compañeretes dijeran u opinaran, porque estaba convencida de que ese era el camino idóneo para alcanzar sus metas.

De entre sus compañeras, solo Jesusa parecía entenderla. Jesusa era una chica, bastante introvertida y al igual que ella, muy apegada al estudio. En poco tiempo hiciéronse amigas, compartiendo sus cotidianidades, discutiendo y platicando sobre los temas de su interés, los cuales eran bastante diferentes de los que atraian la atención de sus compañeras y compañeros.

A Rosenda y a Jesusa no les interesaban las modas ni las canciones o bailes del momento, de igual manera poco llamábales la atención el salir con tal o cual chico, y ello no obstante que las dos, siendo bastante guapas, en repetidas ocasiones habíanles pintado violines a no pocos de los chicos que tras sus huesos andaban.

Los padres de Rosenda apoyábanla en sus esfuerzos, no siendo pocas las ocasiones en que pacientemente intentaban explicarle temas o asuntos relacionados con sus trabajos escolares. También, los padres de Jesusa actuaban de un modo parecido.

Jesusa, a diferencia de Rosenda, se había planteado como objetivo el llegar a titularse como arquitecta, por lo que ambas tenían muchas cosas en común sobre las cuales conversar y fantasear.



3

Además de su vida en la escuela, Rosenda enfrentaba su cotidianidad como hija de familia, conviviendo con sus siete hermanos. Y de sus relaciones con ese mundo familiar devenia prácticamente un universo de sensaciones.

Con sus hermanas poco se relacionaba debido en mucho a la diferencia de edades. Martina era cuatro años mayor, y Teresa, tres. Ambas tenían sus novios y consideraban a Rosenda como la niña molesta, a la cual había que evitar; y Rosenda veía a sus hermanas como un par de estúpidas idiotizadas por los no menos babosos de sus novios.

En cuanto a sus hermanos, con tan solo dos de ellos se identificaba: Margarito y Genovebo. A Margarito le llevaba un año, y a Genovebo, dos. Los dos le caian de maravilla y los amaba plenamente. A los otros tres prácticamente ni los pelaba, e igual actitud tenían ellos para con ella ...

Asi pues, su mundo familiar tendía a reducirse a sus cotidianas relaciones con sus dos hermanos preferidos. Con Genovebo llegó a tener algunas diferencias porque el muchacho sintiéndose atraido por la Jesusa, en no pocas ocasiones intentó aprovechar su amistad con Rosenda, para ligársela, siendo ello motivo de conato de bronca con su hermana.

En no pocas ocasiones Jesusa, Margarito, Genovebo y ella convivieron en reuniones, fiestas, bailes, cenas y asistencia a espectáculos. Conformaban un bonito grupo, y ante terceros daban la impresión de ser dos lindas parejas. Genovebo y Jesusa, por un lado, y Rosenda y Margarito, por el otro. Inclusive, sus compañeros de escuela mantenían la idea de que entre ellos -Jesusa y Genovebo, y Margarito y Rosenda- existía un noviazgo, porque ninguno llegó a suponer siquiera que Margarito fuese hermano de Rosenda, y ellos buen cuidado tuvieron de jamás decirlo ...



4

Cuando Rosenda conoció el amor, fue en una tarde de invierno, en casa de Jesusa. Las dos experimentaron un bello momento que no dio lugar ni para reicriminaciones, ni tampoco para el florecimiento de nefastos sentimientos de culpa. Fue algo que surgió de improviso, sin que ninguna de las dos mediara para ello ... ocurrió y eso fue todo.

El recuerdo del primer beso con Jesusa la acompañaría, prácticamente, hasta que expiró. Todo transcurrió tan normal, tan bello, que resultaba imposible olvidarlo.

Nadie, salvo ellas dos, se enteró jamás de aquel amoroso encuentro, y ellas fueron capaces de guardar celosamente su experiencia sin compartirla con persona alguna. Fue única, irrepetible. Después de aquella ocasión, Rosenda y Jesusa jamás volverían ni a juntar sus labios ni a mordisquear sus lenguas, nunca más se tocarían ni sus senos, ni su sexo. Su acto fue de una sola vez y ya ...

Pero a partir de aquella tarde invernal, Rosenda no volveria a ser la misma. Algo se habia despertado en su interior, que la llamaba, que la empujaba a buscar nuevas experiencias, a tener nuevos encuentros. Y Rosenda seguiría sus instintos, porque el despertar de su sexo era cosa seria, y su apetito parecíale insaciable ...

No tardó Rosenda en enfrentar un nuevo encuentro, pero en esta ocasión con el sexo opuesto, siendo su hermano, su propio hermano Margarito, con el que lo llevaria a la práctica.

De nuevo la situación presentóse de improviso, sin que ninguno de los dos haya tan siquiera intervenido en su preparación. Tampoco en esta ocasión hubo culposos sentimientos y si una pasión desbordada de ambas partes. Igual que con Jesusa, Rosenda jamás a nadie compartió su experienca con su hermano Margarito, y ello no obstante las reiteradas peticiones de éste para repetir su encuentro.

Jamás quizo Rosenda volver a revolcarse con su hermano, y no fue porque su experiencia haya resultado insatisfactoria, sino que por el contrario, Margarito le hizo conocer el gozo de ser penetrada, conduciéndola por los maravillosos senderos del placer; pero a Rosenda no le apetecia repetir aquel bellísimo encuentro. Temía, y quizá no sin razón, que la repetición convirtiérase en costumbre, y esta terminara por marchitarlo todo. Margarito, por su parte, no paraba en sus intentos por volver a revolcarse con su hermana, convirtiendose ello en una obsesión, en una lamentable y tristísima obsesión que mucho daño le ocasionaria. Margarito sería incapaz de superar el hartazgo sexual que con Rosenda experimentó, y jamás volvió a ser el muchacho alegre y franco que fascinaba a su hermana. Volviose hosco, introvertido, solitario, melancólico, hasta que una mañana de otoño optó por quitarse la vida.

Cuando Rosenda se enteró del triste fin de su hermano, lloró, lloró desconsolada, lloró todo lo que pudo y debía, lloró hasta que ya no tenía lágrimas que vertir ... Fue aquel un momento muy duro, pero del que logró reponerse con rapidez, porque jamás cruzó por su mente ningún sentimiento de culpa, ningún auto-reproche por su negativa a las insistentes insinuaciones de Margarito. No se consideró, e hizo bien, inmiscuida en la decisión que Margarito habia tomado. El suicidio de su hermano fue porque él así lo quizó y punto ...



5

Con la muerte de su hermano y el alejamiento de Jesusa, Rosenda hubo de continuar su vida construyéndose otro ambiente. La necesidad económica obligole a abandonar sus estudios o, si se prefiere, a dejarlos pendientes, uniéndose al ejército de jóvenes solicitantes de empleo. Todos sus sueños en torno a sus objetivos para convertirse en ingeniera, penosamente naufragarian ante los arrecifes de la necesidad.

Rosenda entraría a trabajar como dependiente de una tienda de ropa, cuando recién cumplia diecisiete años. Un horario corrido de ocho horas, pagado mediante un sueldo raquítico, pero para ella indispensable, conformose en su nueva cotidianidad.

Poco, muy poco tiempo pasaba en casa, y en cuanto a sus viejas amistades, poco a poco fue perdiéndoles la pista. En su trabajo se relaciono con otras dependientes, y al cabo de tres meses, uno de los supervisores de la tienda comenzó a frecuentarla, siendo evidente el interés que por ella manifestaba.

Rosenda, transformada en una adolecente de muy buen ver, no tardó en convertirse en el centro de atracción del personal masculino de la tienda, e incluso el mismo gerente habiase fijado en ella. Fue allí cuando comenzó a aprender a utilizar las armas que la naturaleza habíale otorgado para que pudiera abrirse paso en aquella selva machista.

Como mujer, sus posibilidades de desarrollo eran bastante limitadas, pero como hembra, los cauces se abrian de manera considerable. Si bien a nadie, en ese mundo estrecho, le interesaba Rosenda como ingeniera, habia, sin embargo, muchos a quien sí les interesaba Rosenda la hembra, la muchacha buenona. El manipuleo de tal posibilidad fue lo que Rosenda aprendió rápidamente. Flirtear con el supervisor y el gerente, hacerse desear por cualquier individuo con jerarquía en la compañía, se constituyó en uno de sus principales objetivos, que muy pronto puso en práctica.

Aquel actuar no tardó en generarle beneficios, contando con muchos privilegios. Su horario volviose más flexible al tener mayor tolerancia para checar tarjeta, e igualmente más tiempo para comer. De la misma manera no tardó en ser promovida para ocupar puestos mejor remunerados. Y asi, en un lapso de seis meses, su situación laboral cambió totalmente. Ya no debía andar a las carreras para llegar temprano a su trabajo, puesto que no faltaba quien se acometiera a pasar por ella; e igual ocurríale a la salida del trabajo, ya que diariamente, alguien ponía a su disposición su auto para llevarla a casa ...

Por supuesto que ella debía dar algo a cambio, y ese algo por lo general se reducía a algún faje de fin semana con el agraciado que ella podía darse el lujo de escoger. Un fin de semana aceptaba cenar con el supervisor, y al otro, una ida al cine con el gerente ... Y asi, brincando como chapulin de Juan a Pedro y de Pedro a José, Rosenda llegó a colocarse en las alturas administrativas de la compañía.

Su ascenso fue vertiginoso, puesto que a menos de un año de haber entrado a laborar en esa tienda, ya ocupaba el puesto de asistente del supervisor, cargo que de ninguna manera era solo nominal, puesto que desde el mismo ella realizaba acciones de control del personal. Prácticamente podía decidir sobre el futuro de todos los empleados y empleadas que se encontraban por debajo de su nivel, lo que, como es comprensible, atrajole el respeto y la lambisconeria de no pocos de los empleados, quienes buscando granjeársela la cubrian de elogios, regalos e invitaciones, lo que a ella le facilitaba el poder escoger a sus alcahuetes.

Lejos iban quedando sus ya viejos sueños en pos del título de ingeniera ...



6

Toda marchaba para ella de maravilla. Económicamente se habia hecho de entradas interesantes; animicamente, su situación era bastante placentera puesto que se sentia muy a gusto; sexualmente, contaba con un buen número de chicos, e incluso de chicas, para escoger según quisiera, y aunque a nivel ejecutivo, de vez en vez, debía de fajar o besuquearse con algún vejete, eso no le incomodaba.

Rosenda habia logrado encumbrarse a niveles que jamás imagino. Sin embargo, como siempre sucede en casos similares, llegó el día en que hubo de enfrentar su talón de Aquiles.

En su caso fue la ambición desbordada lo que le hizo caer. Si ella se hubiese conformado con el alto puesto que ocupaba en aquella tienda de ropa, nada le hubiese sucedido, pero no fue así ...

Buscando el acceder a superiores niveles, tuvo la ocurrencia de comenzar a frecuentar un particular club en el que se daban cita poderosos ejecutivos empresariales. Suponiendo, y no sin razón, que su hermoso físico sería capaz de abrirle puertas, elaboró un enredado plan para prácticamente atraer pichones y sacarles todo lo que pudiera.

En un principio su iniciativa funcionó con éxito, puesto que logró relacionarse con tres ejecutivos de nivel medio a los que saco información que le fue de mucha utilidad, pero, después, comenzarían los problemas ...

Rosenda habria de pagar su novatez en aquellos sitios. Ella, que suponíase única, no imaginaba que al igual que ella usaba a las personas, era, al mismo tiempo, usada por ellas. Y los medios que había escogido para llevar a cabo sus planes no eran, en absoluto, aguas tranquilas, sino por el contrario, infestadas se encontraban de tiburones. De mujeres y hombres cuya particular visión del mundo conducíalos a cosificar a las personas con quienes trataban. Para ellos todo eran cosas susceptibles de ser usadas, y desechadas cuando ya no ofrecieran nada. Úsese y tírese, tal era la máxima que predominaba en el club que Rosenda frecuentaba. Ella, que en sus años de juventud tanta valía otorgole a la amistad, pateticamente naufragaba en aquel medio nauseabundo ...



7

Cuando Rosenda conoció a Antonio su vida cambió totalmente. Antonio era un ejecutivo de alto nivel, dedicado a la compra-venta de bienes raíces, y alejado por completo del mundo de la mercaderia de ropa. Objetivamente Rosenda no debía relacionarse con él, porque poco o nada podría ofrecerle para sus fines mercantiles, sin embargo, como llega con frecuencia a suceder en asuntos pasionales, la atracción que cada uno sintió por el otro orilló al encuentro.

A diferencia de las personas con las que Rosenda relacionábase en aquel Club, las cuales, por lo general eran personas de edad avanzada, Antonio era joven, y aunque casado, resultaba un muy buen partido. Por su parte, Antonio veía en Rosenda a la mujer capaz de satisfacer sus aventuras amorosas, constituyendo el perfecto segundo frente capaz de sacarle del tedio de su matrimonio.

En no mas de tres semanas, Rosenda y Antonio llegaron a entenderse de maravilla. Al inicio todo era miel y rosas. Con frecuencia Antonio invitaba a Rosenda a cenar, a bailar, a ir al cine, al teatro ... e incluso a pasear en el parque, pero cuando se le ocurrió llevarla a su oficina, el asunto pasó a otro nivel. Aquello ya implicaba complicar la relación con cuestiones demasiado personales, ya que muy dificil resultaba el ocultamiento de sus relaciones.

Rosenda, quien se dio bien cuenta del terreno pantanoso que pisaba al aceptar deambular por los territorios del enemigo, cometió el imperdonable error de no prestar atención a las normas básicas de los cosificadores de personas. Sabiendo que ella, ante los ojos de Antonio no era mas que una cosa de la que podia hacer uso, mal hizo en permitir que incluso la pasease como trofeo deseando colocarla en las vitrinas de su oficina.

Y Antonio, quien no era precisamente un experto gigoló, gozaba de lo lindo haciendole el amor en su propio escritorio.

No tardó mucho en regarse el chisme de aquella relación entre el ejército de empleados con que contaba Antonio, llegando tal rumor a permear los muros mismos del club que ambos frecuentaban. Y como a ninguno de los cosificadores asiduos a aquel antro, conveníales la existencia de personas con relaciones estables, Rosenda y Antonio comenzaron a sentir la repulsa del medio hasta que, no soportando más, decidieron la autoexpulsión, dejando de asistir al club, y ubicando sus sitios de reunión en otros lugares, preferentemente en la oficina de Antonio ...



8

La relación de Antonio y Rosenda no era ya una simple aventura, sino que se adentraba en otros campos. Habiase convertido en una relación bastante estable que incluso lejos se encontraba del objetivo inicial de Antonio de consolidar un segundo frente, puesto que más bien que el segundo parecia el principal, lo que empujaba a que su esposa fuese relegada al segundo sitio.

Por supuesto que no había sido en un inicio ese el objetivo de Antonio pero ... las cosas se le habían escapado de control y prácticamente Rosenda le habia hechizado. Junto a ella sentíase pleno, seguro, vigoroso, dueño de sí. Llegando a alcanzar una sensación que jamás experimentó con su esposa, e incluso, lamentando su situación de casado, Antonio había pensado en el divorcio. Finiquitar su relación con su esposa e iniciar una nueva con Rosenda, comenzo a ser para él una obsesión.

Rosenda, que similares sentimientos para con Antonio abrigaba, no tenía que pensar en ningún divorcio, pero si en enfrentar esa molesta situación de ser la segunda. Ella no se sentia haber nacido para ser la segunda de nadie, y prácticamente le hervía la sangre cada que en ello pensaba.

Y ante aquella situación, Rosenda no entendió que el mundo del úsese y tírese en el que habiase voluntariamente desarrollado, tiene sus propias reglas, las cuales no pueden ser evadidas sin pagar por ello las consecuencias. Y Rosenda hubo de pagarlas, y muy caro le salio el chiste.

Después de algunos meses de vino y rosas, la relación de Antonio y Rosenda se derrumbó el día que la esposa del primero les sorprendió en un lujoso restaurante al que Antonio habia llevado a Rosenda a cenar. El escándalo que armó la esposa de Antonio fue de una dimensión tal, que Rosenda terminó yendo a parar con sus huesos a la carcel. Y de ahí para adelante todo aquel mundo de fantasía, de caramelo, que Antonio y Rosenda habían construido, se desmoronó rápidamente.

Lo sucedido no tardó en llegar a oidos del medio empresarial en el que desenvolvíase Rosenda, siendo, en poco tiempo, aislada e incluso despedida de su trabajo. Nadie queria tener algo que ver con ella. Volviose, de la noche a la mañana, en ave de mal agüero, en persona non grata, siendo rápidamente boletinada en los núcleos empresariales y ejecutivos. ¡Ay de quien se atreviese a darle apoyo, a brindarle ayuda! En el mundo de los cosificadores no existe la palabra perdón. Rosenda devino en cosa no grata, en cosa inservible, y como tal fue desechada, tirada a la basura. La tétrica sentencia de úsese y tírese, le fue aplicada de manera demoledora ...



9

De ahi para adelante Rosenda se deslizaria en una dura vertiente de penalidades. Siendo en aquellos momentos que tuvo la mala fortuna de conocer a Luis, un vival que acabó padroteándola, aunque ello no debe ser visto como tragedia, puesto que de todas las nefastas experiencias que Rosenda enfrentó en cuanto acosos y abusos, su relación con Luis no fue precisamente un manantial de lágrimas y sufrimientos. Fue, aunque parezca extraño, lo mejor que le pasó en su vida. Porque Rosenda gozó del amor de su padrote, y los cientos de veces que por él se prostituyó, fueron auténticos hartazgos de placer. ¡Sí! Aunque parezca increible, Rosenda fue felíz, verdaderamente felíz, en su papel de puta padroteada.

Ciertamente, a veces, Luis la golpeaba, o tenía que enfrentar las impertinencias de algún cliente, pero eso bien sabía que formaba parte de su nueva realidad y gustosa lo aceptaba, porque mal que bien sentíase protegida por Luis. A tal grado llegó la aceptación de su condición, que con Luis tuvo tres hijos, dos niños y una niña, a los que les proporcionó todo su amor y cuidados, siendo, en toda la extensión de la palabra, una madre para ellos.

Luis, que ademas regenteaba a otras trece chicas, sentíase cómodo con Rosenda, a la que, de vez en vez, dábale algún dinerillo, sabedor de que iria a parar, directa o indirectamente, en favor de sus tres hijos.

Pero sucedió que un día, Luis desapareció y nadie volvió a saber nada de él. Mucho se rumoró que había sido asesinado, pero Rosenda jamás con certeza lo supo. Ella, junto con las otras trece chicas del corral de Luis, idearon la manera de crear una especie de cooperativa para sobrevivir. Nada tonta, y conocedora del mundo de los negocios, Rosenda dio muestras de su aprendizaje en el pasado, montando con sus socias un tugurio el que en poco tiempo se vió bastante concurrido.

Las catorce chicas trabajaban duro para mantenerse, conformando entre ellas lazos de unión bastente sólidos. Cada una de ellas realizaba de seis a ocho servicios por noche en el tugurio, y llegaron a determinar el destinar el 20% de sus ingresos diarios al mantenimiento del tugurio, guardándose cada una el 80% restante para sus gastos personales. Rosenda sería elegida como administradora y tesorera.

En no más de tres años, aquel tugurio de mala muerte fue transformándose en un sitio más respetable, capaz de atraer a mejor clientela, pero, paralelamente, las chicas hubieron de lidiar con inspectores y autoridades, buscando evitar las temidas clausuras.

No sin contratiempos y problemas, las chicas lograron salir adelante convirtiéndose en símbolo para otras mujeres que, al igual que ellas, enfrentaban las particularidades de la trabajadora sexual.

Poco a poco aquella especie de cooperativa de trabajadoras sexuales, fue ampliándose, llegando a mantener auténticas guerras con mafias de padrotes y organizaciones delictivas, y aunque por momentos Rosenda llegó a sentirse perdida, busco siempre sobreponerse a las situaciones, logrando éxitos increibles.

Ella, que en su juventud habia soñado con llegar a ser ingeniera, habiase convertido en una astuta e inteligente empresaria y, también, en una activista por los derechos de la trabajadora sexual. Porque Rosenda comenzó a dar pláticas y charlas a sus compañeras de trabajo, compartiéndoles sus ideas y proyectos, pero sobre todo, inyectándoles el orgullo que debían sentir por su trabajo. Para Rosenda siempre fue norma el evitar los sentimientos de culpa y el automenosprecio.

Y así pasaron los años, y Rosenda fue envejeciendo, percatándose que en la medida en que su atributos de belleza física iban desapareciendo, su posibilidad en cuanto trabajadora sexual se acortaba. Y cuando la vejez la sorprendió, el retiro fue automático.

Para fortuna suya había logrado mantener una familia, y aunque por su pasado sus nietos preferian evitarla, de todas maneras alguna ayuda le brindaban. De todas formas, su situación económica fue siendo cada vez más y más dificil, hasta que terminó en la vecindad en donde moriría.

Su único error de cálculo fue el no haber calculado el momento de su muerte, porque Rosenda vivió íntegramente su vida ...

Diciembre de 2014
Omar Cortés




CONFESIONES

Paul Verlaine



Presentación

La obra Confesiones de Paul Marie Verlaine (1844-1896), fue escrita en 1895, pocos meses antes del fallecimiento de quien en vida fuese galardoneado con el título de príncipe de los poetas. Escrita de manera ligera y bastante entretenida, esta obra autobiográfica, desgraciadamente se detiene en el momento en que la vida del autor da un interesante giro, el que muy probablemente los editores, y quizá hasta el mismo autor, buscaron no divulgar. Me refiero al momento en el que Verlaine libremente manifiesta su preferencia por la homosexualidad. En efecto, esta divertidísima obra termina en el momento en que Verlaine enamorándose del no menos famoso poeta Artur Rimbaud (1), revienta su matrimonio con Matilde Manté, la que, presa de los celos, simplemente no acepta ni aguanta la ya abierta homosexualidad de su esposo.

Nacido en la ciudad de Metz, Paul Marie Verlaine se desarrollaría en el marco de una familia medianamente acomodada, gozando de las oportunidades y privilegios propios de su clase. Estudiaría la carrera de leyes y se insertaria, laboralmente, dentro del aparato burocrático. Pero su labor más atrayente, no sería precisamente la del puntual burócrata caga-tinta, sino que deambularia por los laberínticos terrenos del arte, desarrollándose, particularmente, en el campo de la literatura.

Su primer poema lo publicaría, según relatan los que de ello están enterados, en el año de 1863 en la Revue du progrés moral. Tres años mas tarde, en 1866, aparecería su primer libro de poemas titulado, Poemas saturnianos, obra que ha decir de sus biógrafos y de él mismo, según se asienta en la obra que aquí pongo a disposición de cualquier interesado, recibiría el apoyo pecuniario de quien fuese su primer amor platónico, su prima Elise Moncomble.

En 1869 su segundo libro, titulado Fiestas galantes, y en 1870, la obra que en si escribiría bajo el influjo hipnótico de su amor con quien, a la postre, sería su esposa: Matilde Manté, La buena canción.

Sus Confesiones de hecho terminan con su rompimiento con Matilde, el cual se generaría en 1871, meses después del ocaso de la Comuna de París. De hecho en esta obra, Verlaine relata parte de sus experiencias durante ese fenomeno revolucionario que conmocionaría al mundo entero, detallando, incluso, la asistencia de la famosa comunera anarquista Luisa Michel a su boda religiosa.

Con la exquisitez propia de un buen escritor, Verlaine relata varios episodios de su convulsionada vida, ocultando, desgraciadamente, otros, que quizá hubiesen atraido mucho más proyección a su relato autobiográfico.

Impresionante, a no dudar, resulta su recuerdo del suicidio de un amigo, al igual que el fallecimiento de quien fuese su primer amor, su prima Elise. Pero verdaderamente resulta imperdonable las pocas líneas que dedica a su amor por Artur Rimbaud, buscando desviar la atención con una fraseologia carente de sentido y del todo desubicada, pareciendo más una justificación que una categórica afirmación, lo que si bien es entendible, no por eso deviene en justificable.


Cuando conoce a Rimbaud, invitándole a que viva con su esposa y él, Verlaine cuenta con veintisiete años, mientras que Rimbaud tiene diecisiete y Matilde, su esposa, dieciséis. El resultado de aquella experiencia no podia ser otro que el del abandono de Matilde, quien opta por dejar a Paul Marie, quien prácticamente huye con Rimbaud viajando, primero a Bélgica, y después a Inglaterra.

Cerca de dos años duraria el amorío entre estos dos tórtolos quienes, según parece, se divertían como enanos escribiendo sus particulares poesias que, nuevamente por desgracia, no alcanzarian al gran público teniendo que quedar condenadas a pequeños círculos ya literarios o de particulares preferencias sexuales.

Un ejemplo de los poemas que los amantes produjeron, lo tenemos en el famoso Soneto del hueco del culo.

Oscuro y fruncido como un clavel morado
respira abrigado entre el musgo humildemente
húmedo aún del amor que fluye lentamente
por sus blancas nalgas hasta su borde orlado.

El amor entre estos poetas terminó de manera abrupta y bastante violenta, cuando Verlaine, preso de la furia, de los celos, y evidentemente de un gran despecho, reventó un balazo en la humanidad de Rimbaud, cuando éste pretendía abandonarle.

El hecho, ocurrido el 10 de julio de 1873, conllevó a la detención y encarcelamiento de Paul Marie, quien terminaría siendo condenado a purgar una pena de dos años de prisión. Y sería en esa época que escribiría su obra Romanzas sin palabras.

Al triste final de su relación con Rimbaud y de los dos años de su encarcelamiento, seguiría un periodo de deshorientación que lo haría caer en las garras del alcohol, periodo que volvería a superar gracias a otra relación homosexual con una nueva pareja, a quien consideraba su alumno predilecto, Lucien Litinois, publicando, en 1881, su Cordura, pero, cuando en 1883, fallece Lucien, el derrumbe de Verlaine resulta espectacular, deslizándose en plena caida libre en una tormentosa y alarmante vida libertina.

Prácticamente haciendo suya la popular sentencia de a coger y a mamar que el mundo se va a acabar, Verlaine le da vuelo a la hilacha de manera fenomenal. Es precisamente en esta época -1884- que publica Los poetas malditos, siendo nuevamente encarcelado, acusado, en esta ocasión, de intento de homicidio, por haber pretendido estrangular, ni más ni menos, ¡que a su propia madre!

Fue aquella, quizá, la más triste y lamentable época de su vida, cuando constantemente era internado en hospitales por su estado anímico y físico, la que, sorprendentemente resultaría, a la par, la de mayor producción literaria. En efecto, la producción de obras como Memorias de un viudo (1886), Amor, dedicada a su fallecido compañero Lucien Letinois, Mis hospitales (1891) y, también, Confesiones, se constituyen en clara prueba de lo aquí señalado.

Fue durante esa época, cuando gozaba de un enorme y, ¿por qué no decirlo?, muy bien ganado prestigio, que se le otorga el distintivo sello de príncipe de los poetas.

Finalmente Verlaine moriría, en la ciudad de París, Francia, un 8 de enero de 1896.

Como anécdota viene a bien el recordar que las primeras dos estrofas de un poema suyo titulado Canción de otorño, fueron utilizadas, durante la Segunda Guerra Mundial, por los aliados, para informar a los miembros de la resistencia en Francia, del desembarco en Normandía.

Sirvan estos dos trozos de tan memorable poema como punto final de esta breve presentación.

Los sollozos más hondos
del violín de otoño
son igual
que una herida en el alma
de congojas extrañas
sin final.

Tembloroso recuerdo
esta huida del tiempo
que se fue.
Evocando el pasado
y los días lejanos
lloraré.

No deseo terminar sin abundar sobre el hecho de que esta obra, Confesiones, Chantal y yo teníamos programado publicarla en papel, en nuestra editorial Ediciones Antorcha, allá a principios de la década de 1990. En sí tres libros fueron los que escogimos, iniciando con la selección de relatos de Rainer Maria Rilke, Vladimir, el pintor de nubes y otros cuentos (2), y ¿Qué es el arte? (3), de León Tolstoi. Desgraciadamente, y en mucho debido a falta de recursos económicos, tan sólo pudimos editar la obra de Rilke, sin embargo no viene mal el recordar un poco en torno a la historia de Ediciones Antorcha.

Diciembre de 2014
Omar Cortés





Notas

(1) Rimbaud, Arthur, Una temporada en el infierno, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, febrero de 2004.
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(2) Maria Rilke, Rainer, Vladimir, el pintor de nubes y otros cuentos, México, Biblioteca Virtual Antorcha, selección, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, abril del 2011.
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(3) Tolstoi, León, ¿Qué es el arte? México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, cuarta edición cibernetica, enero del 2003.
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CONTENIDO

PRIMERA PARTE

Capítulo Primero
Infancia. El retrato de su madre. La prima Elisa. La estancia en Montpellier.

Capítulo Segundo
La anécdota de la sanguijuela. Las pulgas de Montpellier. La guerra religiosa en Nimes. 1848: La proclamación de la República. El retorno a Metz.

Capítulo Tercero
El regreso a Metz. Un niño que crece, observa y pinta. Un pequeñín juguetón y dormilón: la imagen plena del burguesito felíz. Descripción del Metz de aquellos años. Matilde, el primer flechazo de Cupido.

Capítulo Cuarto
El viaje a París. La Rue de Petites-Ecuries. Decepciones. El primer paseo y la rectificación. La escuela parisina. La muerte de la hija del director.

Capítulo Quinto
Obstáculos para entrar al Liceo. Golpe de Estado. La realidad parisina ante aquella gesta.

Capítulo Sexto
La enfermedad. Los cuidados maternos, Ingreso al internado como paso provisional rumbo al Liceo.

Capítulo Séptimo
El internado y el miedo de los primeros días. Los compañeros de estudio. La primera comida escolar. La huída del internado.

Capítulo Octavo
Regreso a casa. Otra vez de vuelta al internado en compañía del primo Victor. La primera comunión.

Capítulo Noveno
Iglesia y capilla, escenarios de la comunión. El ingreso al Liceo. Los recuerdos de las primeras impresiones en clase.

Capítulo Décimo
El mobiliario del Liceo. El examen de bachillerato.

Capítulo Undécimo
El examen oral. Bachiller aprobado.

Capítulo Duodécimo
La primera adolecencia. Catorce años y el nacimiento del poeta. Las flores del mal, la primera lectura. La influencia de Baudelaire. Recuerdos de Banville y Cabaner. Los primeros escarseos literarios.

Capítulo Décimo tercero
El despertar sexual. Los Poemas saturnianos, El sepelio y Don Quijote.

Capítulo Décimo Cuarto
La influencia de Glatigny y Mendes.

Capítulo Décimo Quinto
Los prostíbulos y el sexo encantador. La casa de la calle Orleans-Saint-Honoré. La noche de un sábado de mayo.

SEGUNDA PARTE

Capítulo Primero
La influencia poética de Las vidas locas y Filomena. El encuentro con Glatigny y Mendes.

Capítulo Segundo
El furor de beber. Publicación de los Poemas saturnianos, las Fiestas galantes y la Buena canción. El accidente y muerte de papá. La adicción y muerte de su prima Elisa.

Capítulo Tercero
El detonante en la afición por la bebida.

Capítulo Cuarto
La futura esposa del poeta. Las Memorias de un viudo.

Capítulo Quinto
La primera charla con su prometida.

Capítulo Sexto
El viaje a Arras. Reflexiones y pensamientos.

Capítulo Séptimo
La petición de matrimonio. La Buena canción. El retorno a París.

Capítulo Octavo
Melancolia amorosa. La correspondencia. El reencuentro.

Capítulo Noveno
El noviazgo. La impaciencia y el formal compromiso. El éxito de los Poemas saturnianos. El encuentro con Saint-Beuve.

Capítulo Décimo
El Parnaso contemporáneo. Las sabatinas reuniones en la casa de Leconte de Lisle y las veladas de los jueves en la de Banville. Interminables charlas de arte y poesía. La enfermedad de Matilde.

Capítulo Undécimo
La intervención de la futura suegra. La asiduidad de visitas a Matilde. El primer beso. Los nubarrones de la guerra.

Capítulo Duodécimo
El viaje a Argentan. Sobre siete llaves. El retorno a Montparnasse.

Capítulo Décimo Tercero
Preparativos de boda. El suicidio de un amigo. El incidente del Café de Madrid. Reclutamiento en ciernes.

Capítulo Décimo Cuarto
La charla con Matilde. Las precipitadas bodas civil y religiosa. La presencia de Luisa Michel.

Capítulo Décimo Quinto
La noche nupcial. El departamento de la Calle del Cardenal Lemoine. El cuento Pedro Duchatelet. Un recluta del Batallón 160. La primera controversia con Matilde. La primera agresión. El conflicto conyugal.

Capítulo Décimo Sexto
El sitio de París y los conflictos conyugales. La experiencia de la Comuna.

Capítulo Décimo Séptimo
El derrumbe de la Comuna. La ayuda a Edmundo Lepelletier y Emilio Richard. El embarazo de Matilde. La presencia de Arturo Rimbaud como tercero en discordia. Los celos de Matilde.

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LOS DERECHOS DEL HOMBRE

Thomas Paine




PRESENTACIÓN





La obra, Los derechos del hombre, que ahora coloco en los estantes de la Biblioteca Virtual Antorcha, poniéndola a disposición de cualquier interesado, fue escrita por el político, periodista y escritor británico-norteamericano-francés, Thomas Paine (1737-1809), siendo publicada en dos partes. La primera en el año de 1791 y, la segunda, en 1792.

Considerado como uno de los más importantes personajes inmiscuidos en el proceso revolucionario independentista norteamericano, Paine, quien se adentraría dentro de aquel proceso a instancias de Benjamín Franklin, adquiriría gran notoriedad no sólo por su trabajo periodístico en el Pennsylvania Journal and Weekly Advertiser, sino principalmente debido a un folleto titulado Sentido Común (Common Sense), mismo que, ha decir de sus biógrafos, alcanzó un tiraje cercano a los trescientos mil ejemplares, siendo ampliamente leido por los colonos residentes en Norteamerica, influenciándolos en pro de la independencia.

Igualmente, mediante una serie de folletos agrupados bajo el genérico título de Crisis (American crisis), publico varios escritos, cuya finalidad era animar tanto a las tropas pro-independentistas norteamericanas, al igual que a la población civil que bregaba en pos de tal objetivo. Su labor como ensayista de la revolución de independencia, otorgole un prestigio ganado a pulso pero, de igual manera, atrájole, como era natural, no pocas enemistades no sólo provenientes del campo de los colonos pro-británicos, sino, incluso, dentro del mismo conglomerado de las fuerzas pro-independentistas, lo que, en cierta medida, le orilló a regresar a su natal Inglaterra y, de ahí, pasar a la Francia revolucionaria, en cuyo proceso también se inmiscuyó debido, principalmente, a la amistad que en los Estados Unidos había establecido con Lafayette. Su actitud en pro del movimiento revolucionario francés atrájole, nuevamente, amplias admiraciones por una parte, pero terribles enemistades por la otra.

Convertido en un polémico personaje cuya actitud en pro de un internacionalismo militante, era vista con cautela y recelo por buena parte de las clases políticas europeas, principalmente por la británica, pais en donde llegó a considerársele como un agente de la subversión, Paine habría de andar con cuidado en un medio bastante hostil.

Es precisamente en el momento cumbre de la primera etapa revolucionaria de Francia, la cual, en mi opinión culmina con la expedición, en septiembre de 1791, de la Constitución, que Thomas Paine se acomete a escribir su obra Los derechos del hombre.

La base o pretexto de su escrito, se centra en una respuesta a la obra de su coetáneo, el político irlandes Edmund Burke (1729-1797), destacado miembro del partido Whig, del que se ufanaba encabezar la corriente o tendencia de los Old Whigs (Viejos liberales), en oposición a la corriente de los New Whigs (los progresistas), quien había escrito una obra titulada Reflexiones sobre la Revolución Francesa, en la cual exponía una dura crítica, enfatizando su oposición a tal proceso. Por su parte, Paine, inclinándose a favor de la corriente de los New Whigs, enderezaría sus dardos en contra de la conservadora postura de Burke, lo que le conllevaría a elaborar su inmortal obra.

En efecto, al percatarse de que el proceso revolucionario iniciado en los Estados Unidos de Norteamérica no constituía un fenómeno aislado, sino que ejemplificaba el inicio de la transformación del mundo, Paine se ufana en buscar la manera de demostrar, a propios y extraños, que el mundo entero había entrado en un proceso de cambio irreversible. Su lucha ha de dirigirse a clarificar ante el mundo las razones que apuntalaban tal proceso.

Toda época y toda generación -escribiría en su Los derechos del hombre-, debe ser tan libre para obrar en cualquier caso, como lo fueron las épocas y generaciones que la precedieron. La vanidad y la presunción de gobernar más allá de la tumba, es la más ridícula e insolente de todas las tiranías.

Su defensa del libre actuar individual y colectivo, confórmase en su premisa principal para justificar y validar los cambios revolucionarios que, con la velocidad y luminosidad del rayo, irrumpían en los desolados, vetustos y ya del todo inútiles pasillos de Parlamentos, Cortes y Cámaras Reales.

Y asi, comprendiendo que el nuevo mundo que recíen nacía no tenía porque avasallarse ante el cúmulo de insensateces de pasadas generaciones, enfático discurseaba:

Cada generación es y debe ser lo bastante competente para cualquier empresa que las circunstancias requieran. Son los vivos y no los muertos los que tienen que adaptarse. Cuando el hombre deja de ser, su poder y sus necesidades cesan con él, y al no tener ya ninguna participación en los asuntos de este mundo, no tiene ninguna autoridad para señalar quienes han de ser sus gobernantes, ni cómo ha de ser organizado y administrado su gobierno.

Un conjunto de interesantes y profundas reflexiones en torno a la historia del proceso revolucionario francés, asi como una acerva crítica sobre los regimenes monárquicos, dan cuerpo a la primera parte de Los derechos del hombre. En cuanto a la segunda parte, publicada un año después, la agudeza de los planteamientos de Paine se pone de manifiesto al ubicar como su punto de apoyo para mover al mundo, ni más ni menos que el ejemplo de la Revolución de independencia Norteamericana.

La Revolución americana -señala-, nos ofrece prácticamente en política lo que en mecánica era sólo teoría. Todos los gobiernos del Viejo Mundo estaban tan profundamente arraigados, y tenían la tiranía y la costumbre tan eficazmente cimentadas en su entraña, que nada hubiera podido esperarse de Asia, Africa, ni Europa, para reformar la condición política del hombre. La libertad había sido perseguida en toda la redondez del globo, la razón era considerada como rebelión, y la esclavitud del terror hacía que los hombres no se atreviesen a pensar.

Y más adelante remata:

La independencia de América, considerada simplemente como una separación de Inglaterra, hubiese sido asunto de muy poca importancia si no hubiese sido acompañada de la revolución en los principios y en la práctica de los gobiernos. América estableció así una posición, no sólo para ella misma, sino para el mundo entero, y puso la mirada más allá de las ventajas que a sí misma podría reportarle.


Así pues, según Paine el proceso independentista norteamericano no constituyó sino el inició de un proceso de transformación en el mundo entero. En resumidas cuentas, la revolución norteamericana constituiría la primera parte de la revolución internacional.

Lógico resultaba que con tales ideas, Paine fuese considerado como Lucifer en persona por la clase política defensora y sostenedora del denominado viejo mundo. No en balde, en su natal Inglaterra se le instruyó un proceso que terminaría condenándole a muerte. Paine logró evitar tal desaguisado yendo a refugiarse en la Francia revolucionaria, lugar en donde fue entusiastamente acogido por sus seguidores y compañeros de ideas, otorgándosele, además de la nacionalidad francesa, un cargo en la propia Asamblea Nacional.

Uno de sus grandes aciertos lo constituyó, sin duda, la distinción que hizo de los conceptos sociedad, Constitución y gobierno.

Gran parte de ese orden que reina en la humanidad -enfatizaba- no es efecto del gobierno, sino que tiene su origen en los principios de la sociedad y en la constitución natural del hombre. Existió con prioridad al gobierno, y seguirá existiendo si la formalidad del gobierno desapareciese.

Leyendo el párrafo anterior pareciese que nos encontrásemos de cara a la opinión de un anarquista, y es que, en efecto, la afirmación que Paine realiza puede, sin duda alguna, ser incluida como una prueba del por muchos buscado eslabón perdido, entre los criterios liberal y anarquista. La postura de Paine se entrelaza con la explayada por William Godwin (1756-1836), el ensayista politólogo británico, padre de Mary Shelley, la autora del inmortal Frankenstein, autor del célebre ensayo Investigación sobre la justicia política, escrito en 1793, y por muchos considerado como el mismísimo eslabón perdido, a través del cual es posible entender el salto teórico del liberalismo al anarquismo. Cabe agregar que Paine fue contemporáneo de Godwin, e incluso llega a afirmarse que asistió a las reuniones que organizaba.

Si examinamos -señala Paine-, con detenimiento la composición y constitución del individuo, la diversidad de necesidades y aptitudes en los distintos hombres para acomodarse a las de los demás, su afición a la sociedad, y en consecuencia, a proporcionarse las ventajas que de ella resultan, descubriremos fácilmente que una gran parte de lo que se dice gobierno es simplemente un engaño. (...) El gobierno no es necesario más que para suplir los pocos casos en que la sociedad y la civilización no son lo bastante competentes; y no faltan ejemplos que demuestren que todo lo que el gobierno puede aportar de utilidad ha sido ya realizado por el común asenso de la sociedad, sin necesidad de tal gobierno.

¡¡¡Así, o más claro!!!

Para que no quede la menor duda de su pensamiento, más adelante Paine remata:

Lejos de ser verdad, como se ha pretendido hacer creer, que la abolición de cualquier gobierno regular significa la disolución de la sociedad, su influencia es precisamente opuesta, pues hace que los miembros de la sociedad se compenetren aún más unos con otros. Todas aquellas partes de su organización que la sociedad habia confiado al gobierno, vuelven a ella y operan por su mediación. (...) Cuanto más perfecta es una civilización, menos lugar deja para el gobierno, porque ordena mejor sus propios asuntos y mejor se gobierna a sí misma; pero el método de los viejos gobiernos es tan contrario a la razón del caso, que sus dispendios aumentan en proporción en que deberían disminuir.

Curiosamente Paine también arremete, y de llenó, en contra de los sistemas impositivos. Su conocimiento en torno a la dinámica misma de los impuestos devenía de su práctica profesional cuando trabajo como integrante de la maquinaria recolectora de contribuciones. Para él, los impuestos, en vez de ser una fuente de felicidad social lo era de desgracias, y de ahí el hecho de su importancia como factor determinante en no pocas rebeliones entre las cuales incluíase, por supuesto, la propia Revolución Independentista Norteamericana y la mismísima Revolución Francesa. En ambos casos la desatinada implementación de duros sistemas tributarios, que sin compasión ni miramientos atentaban contra la felicidad general de la población, conllevarón al amotinamiento, y ello no era una novedad ante los ojos de Paine, sino más bien una constante.

Los aparatos políticos, léase, los gobiernos, despojaban al ser social del producto de su trabajo y su esfuerzo por medio de injustas y leoninas contribuciones. Así, los impuestos, además de injustos, demostraban claramente la inutilidad de los gobiernos.


Recordemos que Thomas Paine, inicialmente, se dedico a la profesión de la elaboración de corsés, actividad que prácticamente heredó de padre, quien a ella se dedicaba. En sí, la situación económica de su familia no era, para nada, desahogada, sino que por el contrario, desarrollábase en los marcos de la aguda estrechez, siendo ello el motivo de que no tuviera estudios, viéndose obligado a desarrollarse como un autodidacta en toda la extensión de la palabra. Sus logros intelectuales fueron producto de su propio esfuerzo y nada más.

Así, cuando a los veinticinco años de edad presentósele la oportunidad de abandonar la actividad de los corsés, ingresando, como burócrata, a servir al Estado en el terreno de la recaudación de impuestos, gustoso a ello se dedico, e incluso escribió un ensayo -La cuestión de los empleados de arbitrios-, relativo a la deplorable situación que enfrentaban los burócratas dedicados a tal labor. Y con aquel ensayo inició sus actividades propiamente políticas, al utilizarlo como un auténtico abrete sésamo, tanto para contactarse con el mundo político de aquel entonces, al igual que buscando iniciar una polémica en torno al tema entre algunos miembros del Parlamento británico.

Sobre el asunto impositivo, Paine pone un ejemplo histórico relacionado con el desarrollo de Inglaterra, refiriéndose al mítico Wat Tyler, a quien considera el dique de contención de la violencia e injusticia de los impuestos.

En tiempo de Ricardo II -señala-, se impuso una tasa de empadronamiento de un chelín por cabeza, sobre todas las personas de cualquier estado o condición, pobres igual que ricos, que hubieran cumplido los quince años. Si algún privilegio se observaba en la ley, era por el rico más bien que en favor del pobre, ya que nadie podía tributar más de veinte chelines, por si mismo, familia y criados, por numerosos que éstos fueran, en tanto que todas las demás familias cuyo número de individuos era inferior a veinte, tributaban por cabeza. Las tasas de empadronamiento habían sido siempre odiosas, pero ésta, que además era opresiva e injusta, excitó como era lógico el odio general entre los pobres y la clase media. La persona conocida por Wat Tyler, cuyo nombre propio era Walter, y su oficio el de tejero, vivía en Deptford. El recaudador del impuesto exigió al ir a su casa el pago por una de sus hijas que Tyler declaró como inferior a los quince años. El recaudador insistió en cerciorarse por sí mismo y empezó un indecente examen de la muchacha, lo que indignó al padre de tal modo que le golpeó con un martillo derribándolo al suelo y causándole la muerte. (...) Esta circunstancia sirvió para hacer estallar el descontento. Los que vivían en la vecindad abrazaron la causa de Tyler, que en pocos días se vió rodeado, según se cuenta, por más de cinco mil hombres, que le nombraron su jefe. Con esas fuerzas marchó a Londres para pedir la abolición de la tasa y la satisfacción de otros agravios.

Finalmente Tyler conseguiría su propósito pero, lamentablemente, al haberse convertido en un símbolo de la protesta, no tardaría en ser asesinado por instigación de un tal Walworth, quien fungía como alcalde en Londres.

En sí, la propuesta impositiva de Paine aterrizaba en la implantación de una especie de impuesto progresivo, por el que buscaba hacer recaer la carga tributaria en los sectores aristocráticos, clase ésta a la que odiaba con verdadero odio jarocho.

En cuanto al asunto de la Constitución, en la primera parte de Los derechos del hombre, señala:

Una Constitución es una cosa precedente a un gobierno, y un gobierno es tan sólo la criatura de una Constitución. La Constitución de un país no es obra de su gobierno, sino del pueblo que así constituye un gobierno. Es el conjunto de elementos a que podéis referiros y que podéis citar artículo por artículo; conjunto en el que se contienen los principios sobre los que el gobierno ha de ser establecido, la forma en que se habrá de organizar, los poderes que tendrá, el carácter de sus elecciones, la duración de las legislaturas, los nombres que han de llevar las cámaras, los poderes que tendrá la parte ejecutiva, y, en resumen, todo cuanto se refiera a la completa organización de una forma de gobierno, y de los principios en que lo dirigirán, y por los que estará sujeto. Por lo tanto, una Constitución es, con respecto a un gobierno, lo que las leyes dictadas posteriormente por este gobierno son con respecto a un tribunal de justicia. El tribunal de justicia no hace las leyes ni puede alterarlas, limitándose a actuar de acuerdo con las leyes establecidas: del mismo modo el gobierno es gobernado por la Constitución.

La participación de Thomas Paine en el seno del proceso revolucionario francés, estaría estrechamente ligada al desarrollo del movimiento girondino, y cuando éste sucumbe ante la irrupción de Robespierre y su camarilla, Paine caería en desgracia llegando, incluso, a ser encarcelado durante la época del terror, cuando las cabezas de los principales dirigentes girondinos y, de hecho, de cualquiera que osase oponerse a los designios de Robespierre y sus cuates, eran cotidianamente cercenadas en la guillotina.

Milagrosamente Paine no pierde la cabeza, pero si en mucho decae su fe revolucionaria al generarse el proceso, por él no previsto, de la reacción contrarrevolucionaria.

Finalmente seria puesto en libertad, y marcharía de regreso a los Estados Unidos en 1802, pais en el que moriría un 8 de junio de 1809.

La obra que ahora aquí coloco haciendo uso de archivos PDF, fue editada en Buenos Aires, Argentina, por la editorial Aguilar en el año de 1954, habiendo sido traducida al español por J. A. Fontanilla. Tal y como viene siendo costumbre, colocó un índice de contenido, añadiendo un capitulado acorde con el objetivo de no incluir archivos demasiado extensos, puesto que siendo la principal finalidad de la Biblioteca Virtual Antorcha el promover la consulta y lectura de determinado tipo de obras, y estando consciente de que son pocas las personas acostumbradas a leer documentos extensos en línea, opto por fragmentar el capitulado de manera tal que no resulten demasiado largos para, de tal manera, facilitar su lectura a quien pusiese estar interesado.

Diciembre de 2014
Omar Cortés





CONTENIDO

- Dedicatoria a George Washington

- Prólogo a la edición inglesa

Primera parte

- Apartado 1.1
Respuesta a Mr. Burke

- Apartado 1.2
La toma de la Bastilla. Actitud contrarrevolucionaria de la Gards de Corps. El plan de la contrarrevolución de trasladar al Rey de Versalles a Metz. Mediación de La Fayette. Las bases erróneas de la monarquía. El derecho natural como base del derecho civil.

- Apartado 1.3
El gobierno, producto del convenio mutuo de los individuos. La Constitución, acción precedente al gobierno. Diferencias entre los sistemas políticos de Francia e Inglaterra.

- Apartado 1.4
El Parlamento británico y la Asamblea Nacional francesa. Los antecedentes de la Revolución Francesa. Montesquieu. Voltaire, Rousseau, Reynal, Quesnay, Turgot. Los acontecimientos que presedieron al estallido revolucionario. Problemas hacendarios de la monarquía. El asunto de los impuestos. Los Parlamentos. Calonne y la convocación a la Asamblea de Notables. La diferencia con los Estados Generales. Los movimientos y estrategias del sucesor de Calonne. El jaloneo entre el Parlamento y la Cámara de Justicia. La actitud del Conde de Artois. reunión de Luis XVI y el Parlamento. La convocación a los Estados Genrales. Consecuencias en el gabinete real. Creación de la Cámara Plenaria. Oposición del Parlamento. Los Estados Generales. Su composición. Transformación de las Estados Generales en Asamblea Nacional. Desarrollo de la Asamblea Nacional. El juramento del Juego de Pelota. El complot real.

- Apartado 1.5
Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano por la Asamblea Nacional francesa.

- Apartado 1.6
Observaciones sobre la declaración de derechos.

- Capítulo de miscelanea

Segunda parte

- A M. De Lafayette

- Prefacio

- Introducción

- Capítulo Primero
De la sociedad y la civilización.

- Capítulo Segundo
Del origen de los viejos sistemas actuales.

- Capítulo Tercero
De los viejos y de los nuevos sistemas de gobierno.

- Capítulo Cuarto
De las Constituciones.

- Capítulo Quinto
Caminos y medios de mejorar la situación de Europa, entremezclados con diversas observaciones

- Apartado 5.1
La aristocracia británica. Wat Tyler el dique de contención a la injusticia de los impuestos.

- Apartado 5.2
Propuestas fiscales para aliviar la situación de los menos favorecidos.

- Apartado 5.3
El régimen hacendario en el entorno aristocrático británico. La labor de Mr. Pitt. El asunto de la deuda nacional. Posibilidades de una idílica confederación entre Inglaterra, Francia y Holanda.

- Apartado 5.4
La Revolución pasiva, racional y económica frente a la Revolución violenta.
Epílogo.




BIBLIOGRAFIA QUE PUEDE SER DE INTERÉS

- Babeuf, Graco, El manifiesto de los plebeyos y otros escritos, México, Biblioteca Virtual Antorcha, Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, junio de 2005.
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- Bagehot, Walter, La Constitución inglesa, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, enero de 2006.
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- Bodin, Jean, Los seis libros de la República, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, diciembre de 2011.
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- D´Alembert, Jean Le Rond, Discurso preliminar de la Enciclopedia, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, junio del 2004.
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- Diderot, Denis, Investigaciones filosóficas sobre el origen y naturalieza de lo bello, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, enero del 2003.
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- Gide, Carlos y Rist, Carlos, Los fisiócratas, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, marzo del 2011.
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- Godwin, William, Investigación acerca de la justicia política y su influencia en la virtud y la dicha general, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, octubre de 2005.
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- Hamilton, Madison, Jay, El Federalista, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, noviembre de 2007.
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- Joy, Maurice, Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, diciembre de 2011.
Haz click aquí, si deseas leer o consultar esta obra.

- Locke. John, Carta sobre la tolerancia, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, diciembre del 2005.
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- López Chantal y Cortés, Omar, De la convocación a la revolución. La Constitución Francesa de 1791, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura, diseño y traducción, Chantal López y Omar Cortés, cuarta edición cibernética, enero del 2003.
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- López, Chantal y Cortés, Omar, La confederación en los Estados Unidos de Norteamérica, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura, diseño y traducción, Chantal López y Omar Cortés, cuarta edición cibernética, enero del 2003.
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- Montesquieu, Del espíritu de las leyes, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, marzo del 2006.
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- Rousseau, Juan Jacobo, El contrato social, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, marzo del 2005.
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- Saint-Just, El espíritu de la revolución, México, Biblioteca Virtual Antorcha captura y diseño, Omar Cortés, primera edición cibernética, octubre de 2012.
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- Sieyes, Emmanuel, Ensayo sobre los privilegios, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, julio de 2005.
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- Tocqueville, Alexis de, La democracia en América, México, Biblioteca Virtual Antorcha, captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés, primera edición cibernética, octubre de 2007.
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En memoria de Práxedis G. Guerrero.
A ciento cuatro años de su fallecimiento

Muerto en combate el 29 de diciembre de 1910, en el poblado de Janos, Chihuahua, Práxedis G. Guerrero habia nacido un 28 de agosto del año de 1882, en Los Altos de Ibarra, cerca de la ciudad de León, Guanajuato, por lo que su fallecimiento le sobrevendría a la edad de veintiocho años.

Recordar su labor en cuanto militante de la vertiente anarquista revolucionaria expropiadora, encabezada por Ricardo Flores Magón, en el seno mismo del Partido Liberal Mexicano, es mi objetivo, al incluir el capitulado de las dos obras que en relación a su persona y labor, tengo, a disposición de cualquier interesado@, en los estantes de mi Biblioteca Virtual Antorcha.

Sinceramente espero que este material resulte de interés, agrado y utilidad, para todo aquel que pretenda indagar quién fue y por qué luchó el guanajuatense, Praxédis G. Guerrero.

Diciembre de 2014
Omar Cortés




IMPORTANTE

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LA VIDA HERÓICA DE PRÁXEDIS G. GUERRERO

Eugenio Martínez Nuñez

ÍNDICE




Presentación de Chantal López y Omar Cortés.

LA VIDA HERÓICA DE PRÁXEDIS G. GUERRERO

Práxedis G. Guerrero, por el licenciado Antonio Díaz Soto y Gama.

Frontis, por el general Rubén Carcía.

Dos palabras del autor.

LIBRO PRIMERO
EL HOMBRE

Capítulo Primero.
Su vida en México.

Capítulo Segundo.
El obrero.

Capítulo Tercero.
El apóstol.

Capítulo Cuarto.
El mártir.

LIBRO SEGUNDO
EL REVOLUCIONARIO

Capítulo Primero.
Preliminares.

Capítulo Segundo.
Primeras luchas de Guerrero.

Capítulo Tercero.
La conspiración en El Paso y Ciudad Juárez.

Capítulo Cuarto.
Revolución.

Capítulo Quinto.
Nuevos preparativos.

Capítulo Sexto.
Acción revolucionaria de Viesca.

Capítulo Séptimo.
Acción revolucionaria de Las Vacas.

Capítulo Octavo.
Acción revolucionaria de Palomas.

Capítulo Noveno.
Nuevas luchas.

Capítulo Décimo.
Punto Rojo.

Capítulo Undécimo.
Sobre la brecha.

Capítulo Duodécimo.
Ante el movimiento maderista.

Capítulo Decimotercero.
Casas Grandes.

Capítulo Decimocuarto.
Acción revolucionaria de Janos. Sacrificio de Guerrero.

LIBRO TERCERO
EL ESCRITOR

Capítulo Unico.

APÉNDICE

Carta del extinto luchador Enrique Flores Magón al autor de este libro.







ARTÍCULOS DE COMBATE

Indice

Presentación de Chantal López y Omar Cortés a la edición cibernética.

Nota editorial a la edición en papel, por Chantal López y Omar Cortés.

Comentarios de Ricardo Flores Magón sobre Práxedis G. Guerrero.

Práxedis G. Guerrero ha muerto.

Práxedis G. Guerrero.

Cronología de Práxedis G. Guerrero por Chantal López y Omar Cortés.

Práxedis G. Guerrero y la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano.

A) Primer contacto a través de la Junta Auxiliar Obreros Libres.

Constitución de la Junta Auxiliar Obreros libres.

Carta de Ricardo Flores Magón a Práxedis G. Guerrero.

Comunicación de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano a la Junta Auxiliar Obreros libres.

B) Correspondencia de Práxedis G. Guerrero con Ricardo Flores Magón y Manuel Sarabia.

Carta de Ricardo Flores Magón a Práxedis G. Guerrero del 6 de septiembre de 1906.

Carta de Ricardo Flores Magón a Praxedis G. Guerrero del 21 de septiembre de 1906.

Cartas de Ricardo Flores Magón a Práxedis G. Guerrero y a Enrique Flores Magón del 13, 15 y 17 de junio de 1908.

Cartas de Práxedis G. Guerrero a Manuel Sarabia del 28 de mayo de 1910; del 16 de junio de 1910; del 4 de agosto de 1910; del 16 de agosto de 1910.

C) Documento expedido por la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano que acredita a Práxedis G. Guerrero como delegado especial.

Artículos de combate.

Nota al calce de Chantal López y Omar Cortés.

¡Justicia!.

¡Paso!

¡Obremos luchadores!

Escuchad.

Púgil.

Odios viles.

Manifiesto a los trabajadores de todos los países.

Pasividad y rebeldia.

Mendigo.

¿A quién amáis, mujeres?

Habitantes de El Paso.

¡Y sin embargo ... sois pasivos!

Aniversario.

¡Miserables!

Ulúa habla.

Impacientes.

Algo más.

El interés verdadero del burgués y del proletario.

El objeto de la revolución.

Sopla.

Soy la acción.

La inconveniencia de la gratitud.

Obscuridades.

Dulce paz.

Impulsemos la enseñanza racionalista.

El argumento de Filogonio.

Trabajando.

Programa de la Liga Panamericana del Trabajo.

La probable intervención.

El medio y el fin.

Los consejos del amigo.

La mujer.

Blancos, Blancos.

Pensamientos.

Ideal blanco en estandarte rojo.

No es obrero, es burgués.

Las revolucionarias.

Episodios revolucionarios.

Las Vacas.

Viesca.

Palomas.

La muerte de los héroes.

Puntos rojos.




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